El Vaticano II trajo consigo un replanteamiento eclesial del papel de los laicos y, por ello mismo, de la mujer en la Iglesia. Consecuencia de dicho pensamiento es el Código de Derecho Canónico de 1983 que, si bien aún mantiene residuos de una tradición eclesial antifeminista, supuso un gran avance en la equiparación del hombre y la mujer dentro de la Iglesia.

Seguiremos el artículo de Carmen PeñaStatus jurídico de la mujer en el ordenamiento de la Iglesia” (REDC 54 [1997]), para ver las novedades más significativas que se dan en el nuevo Código.

La mujer en el Código de 1917

Se mantienen en el Código de 1917 graves discriminaciones entre ambos sexos en la legislación canónica. Sirvan de ejemplo estos cánones:

  • se limita la inscripción de las mujeres en asociaciones de fieles (c.709,2)
  • se ordena legalmente la preferencia del varón en caso de un bautismo de urgencia (c.742)
  • la mujer no puede ayudar a Misa, salvo que no hubiera ningún varón que lo haga; en este caso, se exige que responda desde lejos y que no se acerque al altar (c.813,2)
  • separación de varones y mujeres en los actos de culto (c.1262)

El Vaticano II trae un nuevo fundamento

Entre los avances más significativos, se encuentra el hecho de que, en el Código, el estatuto de la mujer en la Iglesia encuentra su fundamento en la radical igualdad de todos los bautizados (c. 208). Ello comportó cambios en el papel de la mujer dentro de la Iglesia, cooperando en el ejercicio de la potestad de régimen (c.129,2), así como en las funciones de enseñar y santificar de la Iglesia.

Papel de la mujer en la función legislativa

Puede participar tanto a nivel de Iglesia Universal (bien en el Concilio Ecuménico o en el Sínodo de Obispos) como de las Iglesias particulares (si bien los laicos gozarán únicamente de voto consultivo).

La mujer en la función ejecutiva de la Iglesia

A nivel de Iglesia Universal, las mujeres pueden ser consultoras de todos los Dicasterios de la Curia Romana, así como también Legados del Romano Pontífice (c.363,1) o Delegados y Observadores de la Santa Sede (c.363,2) ante Organismos Internacionales, Conferencias, entre otros.

A nivel de las Iglesias particulares, destaca la participación en el Consejo de Asuntos Económicos, dada las importantes atribuciones de dicho Consejo (cc. 1277, 1292...), así como en el Consejo Pastoral. También puede igualmente ser titular de determinados cargos y oficios eclesiásticos (c. 228,1), así como administradora de personas jurídicas públicas eclesiásticas.

A nivel parroquial, las mujeres pueden participar en el Consejo Pastoral y en el Consejo de Asuntos Económicos; y, como novedad fundamental, destacar que, en defecto de sacerdotes, podrán ser encargadas de la cura pastoral de la parroquia.

Papel de la mujer en la función judicial eclesiástica

En este campo, la presencia de los laicos, con independencia de su sexo, se ha reforzado de manera verdaderamente llamativa, de tal modo que los únicos cargos que no podrían ocupar mujeres serían los de Vicario judicial y Vicario judicial adjunto (c.1420,4) y el de Juez único, a tenor del c.1421.

Brevemente, se puede afirmar, por tanto, que la mujer podrá ser miembro de los Tribunales eclesiásticos, ejerciendo los oficios de notario, asesor del juez único, defensor del vínculo y promotor de justicia. Además, el nuevo Código ha añadido las figuras de patronos estables, abogados o procuradores que recibirían sus honorarios del propio Tribunal.

Por último, como novedad fundamental del Código hay que señalar la posibilidad, recogida en el c. 1421.2 (hay que señalar el carácter restrictivo de todo el canon), de que la mujer, previo permiso de la respectiva Conferencia Episcopal, pueda ser nombrada Juez en Tribunal colegiado, Auditor o Ponente. Ha sido un significativo paso adelante, puesto que el Motu Propio Causas matrimoniales (1971) permitía únicamente el nombramiento de varones laicos como jueces.

Dado lo extenso y rico del tema, el autor remite a otro artículo para ver con más profundidad el papel de la mujer en la función judicial.

Papel de la mujer en la función de enseñar de la Iglesia

Los laicos deben -sin la menor distinción entre varones y mujeres- participar activamente en el anuncio evangélico, pudiendo "ser llamados a cooperar con el Obispo en el ejercicio del ministerio de la palabra", tanto en la catequesis, como en la predicación (el c.767,1 reserva la homilía a los ministros ordenados), en la actividad misionera, en los medios de comunicación social y en la enseñanza, siendo capaces incluso de enseñar ciencias sagradas tanto en los más altos niveles académicos como, en principio, en los mismos seminarios mayores diocesanos, pues el c. 253 no prohíbe la existencia de profesorado femenino en los mismos.

Participación de la mujer en la función de santificar de la Iglesia

En cuanto a los sacramentos, las innovaciones han sido significativas. Destacan las novedades relativas al Bautismo, la Eucaristía y el matrimonio. Dado lo extenso del tema, remitimos a otro artículo para ver dichas novedades en profundidad.

Además de lo dicho, puede igualmente asistir al sacerdote y al diácono en las celebraciones litúrgicas, especialmente en la Eucaristía; el Pontificio Consejo para la interpretación de los textos legislativos el 11 de julio de 1992, determinó que entre los servicios litúrgicos que, a tenor del c.230,2, pueden ejercer los laicos, sean varones o mujeres, se encuentra el servicio al altar.

En lo relativo a los demás actos del culto divino, además de las facultades comprendidas en el c. 230.3, la mujer, en ausencia de ministro ordenado, puede también presidir las exequias y ritos funerarios.

Se ha avanzado, pero aún queda mucho por hacer

En conclusión, cierto es que se han ampliado las posibilidades de participación de las mujeres en la Iglesia, aunque -vestigio del pasado- subordinándose siempre dichas posibilidades a la ausencia de sacerdotes y diáconos, poniéndose en algunas ocasiones diversas trabas al protagonismo de los laicos, hombres y mujeres, dentro de la Iglesia.