La pancreatitis puede ser aguda o crónica. La pancreatitis aguda se presenta de un modo súbito para regresar, tras este primer ataque, a su estado normal. Las causas más frecuentes son las piedras en la vesícula –colelitiasis–, el consumo excesivo de alcohol o de grasas. Si se trata de una pancreatitis aguda severa puede llegar a comprometer la vida del afectado.

En el caso de una pancreatitis crónica, el daño en el páncreas es permanente. Se caracteriza por la fibrosis del tejido y, en ocasiones, calcificaciones. La causa más habitual es el consumo excesivo y prolongado de alcohol.

¿Cómo funciona el páncreas?

El páncreas es una glándula alargada que se encuentra detrás del estómago. Su función consiste en segregar hormonas, bicarbonato sódico y enzimas digestivas. Estas enzimas acceden al intestino delgado a través del conducto pancreático para colaborar en la digestión de las grasas, las proteínas y los hidratos de carbono. En su camino hacia el duodeno, gracias a un inhibidor, permanecen inactivas. Pero cuando el jugo pancreático que contiene las enzimas encuentra obstruido el conducto, se produce una acumulación en el páncreas, y las enzimas, ya activadas, provocan una gran inflamación, ya que el inhibidor resulta insuficiente.

Causas de la pancreatitis

La mayoría de los casos de pancreatitis están ocasionados por cálculos biliares o el abuso excesivo y constante de alcohol. Otras causas menos comunes pueden estar relacionadas con el uso incontrolado de ciertos medicamentos, por ciertos tipos de cirugía o por traumas en el abdomen. Anormalidades en el páncreas o en los intestinos también pueden llegar a degenerar en pancreatitis.

Otra posibilidad, aunque bastante rara, es que la afección aparezca fruto de una infección, tal y como puede ocurrir en el caso de las paperas, la hepatitis o la salmonella. Otras causas poco comunes derivan de enfermedades como el lupus, la insuficiencia renal, la hipercalcemia, las picaduras de ciertos insectos o la fibrosis quística. Las causas desconocidas engloban, aproximadamente, un 15% de todos los casos de pancreatitis.

Sintomatología de la pancreatitis

El síntoma inicial de la pancreatitis acostumbra a ser un dolor intenso en el abdomen que, en ocasiones, se irradia hacia la espalda y que suele durar unos días. Paralelamente pueden aparecer otros síntomas como náuseas, vómitos, ictericia, esteatorrea, escalofríos, ansiedad y otros síntomas.

Una característica común es que el abdomen aparezca hinchado y tenso. En los casos más graves, como una pancreatitis aguda severa, puede descender la presión arterial hasta el punto de entrar en estado de shock. También pueden presentarse fallos cardíacos, pulmonares o renales. Las hemorragias en el páncreas son especialmente comprometidas para la vida del paciente.

Diagnóstico de la pancreatitis

El dolor abdominal es uno de los síntomas más característicos y que puede dar una pista clara de la presencia de una pancreatitis. Otro elemento identificador de la afección son los altos niveles de amilasa y lipasa –las enzimas digestivas del páncreas– en la sangre. Cambios del calcio, magnesio, sodio, potasio y bicarbonato en los niveles sanguíneos, al igual que los niveles altos de glucosa y lípidos, son igualmente un indicativo que ayuda al médico a diagnosticar la enfermedad.

Otros exámenes necesarios para el diagnóstico son las radiografías y ecografías para descartar o confirmar la presencia de cálculos biliares. Una tomografía computarizada del páncreas revelará el alcance de la inflamación, esencial para efectuar el pronóstico de la enfermedad.

Tratamiento de la pancreatitis

Los casos de pancreatitis aguda constituyen una urgencia médica cuyo tratamiento abarca un ayuno absoluto y la aspiración, mediante una sonda, del contenido del estómago. Al paciente se le somete a una reposición de líquidos y sales por vía intravenosa. El dolor se combate con analgésicos potentes, como puede ser la morfina. Se inicia el tratamiento de las posibles complicaciones. Si no se produce una respuesta satisfactoria en las primeras horas o días, será necesario trasladar al paciente a la Unidad de Cuidados Intensivos.

Salvo los casos más severos, el tratamiento quirúrgico está desaconsejado en la pancreatitis aguda. Por lo que respecta a la pancreatitis crónica se procede del mismo modo que en el caso de la pancreatitis aguda. Es probable que se requiera tratar el dolor crónico con analgésicos, antiácidos o enzimas pancreáticos y, por supuesto, eliminar por completo el consumo de alcohol.

Cuando se produce una infección de la zona necrótica, se procederá a un tratamiento antibiótico. La profilaxis, en este sentido, mejora la incidencia de las infecciones y, por ende, aumenta la supervivencia.

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