La escritora Maite Carranza ha sido propuesta como catalana del año 2010 en el concurso organizado por El Periódico de Cataluña. Méritos no le faltan, aunque la propuesta se debe a uno de sus últimos libros, acaso el más comprometido y difícil de cuantos haya escrito: Palabras envenenadas.

Premio Edebé de Literatura Juvenil

Palabras envenenadas fue galardonada, también en 2010, con el XVIII Premio Edebé de Literatura Juvenil. Es un libro valiente y comprometido que cuenta una historia estremecedora y arriesgada.

Maite Carranza nos ofrece un relato de impecable factura en el que no sobra ningún detalle. Lejos de sus novelas más frescas e irónicas, más mordaces y divertidas, la escritora barcelonesa apuesta por un drama que nos remueve todos los cimientos.

Aspectos temporal y narrativo

En Palabras envenenadas el tiempo es un elemento imprescindible, ya que la acción sucede a los largo de 24 horas. Un día en el que, para muchos personajes, la vida va a dar un vuelco. La narración, por otra parte, combina el narrador omnisciente con la primera persona.

Esta primera persona corresponde a Bárbara Molina, una joven que desapareció hace 4 años y que ahora tiene 15. En apariencia, ha muerto, aunque no todos se lo creen.

El inspector que llevó su caso, Salvador Lozano, quien, a punto de jubilarse, piensa que algo se le escapado y no quiere cerrar el episodio. Otros personajes entran en el juego narrativo: Núria Solís, la madre de Bárbara, y Eva, quizás la mejor amiga de la joven, al menos, hasta que las cosas se torcieron. El padre de Bárbara es una pieza indiscutible en el relato. Su caracterización psicológica es excepcional.

¿Quién es Bárbara?

Bárbara era una chica hermosa, una chica con un buen porvenir, especial, sin embargo alguien muy cercano se encargó de anularla, de vejarla y de torturarla. Palabras envenenadas, como se puede intuir, se refiere a los abusos sexuales que sufren aún muchos niños, niñas y jóvenes quienes, como a Bárbara, les tocó recibir la peor parte.

Bárbara pensó en escapar, aunque su torturador se anticipó. Así, la escondió en un lugar insospechado al que acudía para darle de comer y saciar sus perversiones. Para el mundo, Bárbara ha muerto. Pero no es así y al lector le recorre un estremecimiento cuando lee, en primera persona, el testimonio de esta chica. La joven aún cree que su vida vale la pena, aunque Él (al que conocemos al principio por el uso en mayúsculas del pronombre personal), se encarga de hacerla pasar por mala, por la causante de todas las desgracias. Es una estratagema psicológica que comienza a dar sus frutos.

En busca de la verdad

El inspector Lozano, un hombre cabal y muy humano, aún sabe que hay algo en la historia que no encaja y esa última pieza del puzzle se la da Eva, la joven a la que Bárbara pide ayuda. Ha conseguido el móvil de Él y, con mil penurias, realiza esta llamada que le salva la vida y cambia el rumbo de la vida de todos los implicados en la trama, del inspector, de Eva, de Núria y, por supuesto, del torturador, un hombre con una doble personalidad, marcado por el cinismo.

Muy interesante es, como ya se anticipó, el personaje de Núria Solís, la madre de Bárbara. Núria estuvo toda su vida sometida a su marido, quien la anuló como persona y la convirtió en una sombra de lo que podría haber sido. Es una mujer que toma tranquilizantes, que ha envejecido prematuramente, pero a la que aún le quedan fuerzas para descubrir la verdad. En ese momento entiende el drama de su hija y nada ni nadie la va a aparar. Ella y el inspector son los que corren más para parar el tiempo que parece ir en su contra.

Un retrato real y esperanzador

Palabra envenenadas ofrece el retrato de una sociedad hipócrita, que se esconde tras mitos y tópicos bien aprendidos. Una sociedad que, a menudo, guarda la porquería bajo la alfombra. Para que no se vea.

Maite Carranza ofrece un relato espléndido, bien trabajo y mejor estructurado. Su prosa es realista y clara. No busca el sensacionalismo, sino la verdad. Le interesa mucho la psicología de sus personajes.

Palabras envenenadas es una novela que conmueve y alerta a partes iguales. Es un relato que crea lectores porque se lee sin tregua porque el lector no da crédito a lo que está allí escrito y que, sin embargo, es la verdad. Ahora bien, pese a la crudeza del tema, Maite Carranza quiere terminar con una nota de esperanza.