Pregunta: ¿Cómo se convierte uno en naturalista?

Respuesta: Supongo que todo empieza en la infancia, aprendiendo a observar. De niño jugaba en los jardines de la Plaza de Oriente y me encantaba ya el campo. Veraneaba en Zarzalejo y en la Albufera. Con diez años me perdí por la Sierra y subí a lo alto de una peña, las Machotas, para ver si veía mi casa…Cuando acabé el bachillerato, mi padre me regaló una tienda de campaña. Mi generación se alimentó con los reportajes de Félix Rodríguez de la Fuente y de César Pérez de Tudela.

P: Vd. nace en 1958, sin embargo su actividad en el marco de organizaciones “verdes” es muy antigua. ¿Fue Vd. particularmente precoz?

R: Con quince años colaboré con la Federación Castellana de Montañismo. Eran momentos clave, los últimos años del Régimen y la Transición. En 1973 se había fundado en la FCM una vocalía de medio ambiente. Dado que yo era muy activista, me hicieron vocal presidente de esa Comisión de Defensa de la Montaña, en 1976.

P: ¿Intervino Vd. en alguna actividad?

R: Ocasiones no faltaron. En el 76 algunos pretendieron hacer un embalse en Valsaín, otros quisieron poner una estación de esquí en Gredos, en Hoyos del Espino; también hubo un proyecto de urbanizar Cotos construyendo mil viviendas en tres urbanizaciones.

P: ¿Ganaron o perdieron?

R: ¡Ganamos! Más bien ganó la naturaleza y ganamos todos los españoles. Fuimos muy pesados, organizamos acampadas de protesta y nos salimos con la nuestra. Como las entidades oficialistas a las que pertenecíamos no podían respaldarnos, Joaquín Araujo junto con otros creó AEPDEN, Asociación de Estudios y Protección de la Naturaleza. Ya éramos ecologistas, en los 70, aunque no lo sabíamos todavía, porque la palabra “ecologista” no estaba de moda. En ese ambiente he conocido gente estupenda: hace poco murió Ramón Fernández Durán, un brillante ingeniero de caminos que lo dejó todo por su compromiso con el medio ambiente.

P: ¿De qué vive Vd.?

R: Muy joven me di cuenta de que quien realmente metía dinero en medio ambiente eran las administraciones públicas. Así que sin ser funcionario, sin pertenecer a la Administración, llevo treinta años trabajando de alguna forma para las diferentes administraciones públicas.

P: ¿Y cuál fue su trayectoria?

R: Todo empezó con un drama. Mi madre murió jovencísima y me fui de mi casa. Mi padre me emancipó con 17 años, cuando la mayoría se alcanzaba a los 21, por aquel entonces. Empecé a trabajar para campamentos de verano en instalaciones del ICONA. Me saqué el título de monitor. No solían pagarme pero sí me mantenían: comida, desplazamientos, alojamiento…. En esos años fui a reuniones de Amigos de la Tierra en Bélgica y Alemania; allí me aloje unos días en la casa de Benigno Varillas, el periodista. Conocí a Die Grünen, y aprendí las técnicas de “ecotaje” -de ecología y sabotaje- para castigar sin violencia, ridiculizándolos, a los empresarios que querían cargarse la naturaleza. Por su influencia, colaboré en introducir en España a los Amigos de la Tierra. Regresé para hacer el servicio militar. ¡Me daban por desertor! Alegué que estando en Alemania, no me había enterado, así que no me castigaron pero me mandaron a hacer la mili a un regimiento de montaña. Me asignaron a la Compañía de esquiadores y escaladores de Estella. Era duro, en las maniobras, éramos el objetivo... Nos enseñaron, entre otras cosas, técnicas de radio, que me vinieron muy bien para trabajar en ICONA, que en aquel tiempo tenía una red de comunicaciones contraincendios muy primitiva. Contribuí a mejorar de forma sensible las comunicaciones. Me tiré diez veranos ocupándome del tema de los incendios y al mantenimiento y mejora de la red de comunicaciones...

P: ¿Cómo se formó?

R: Empecé a estudiar Industriales y llené la facultad de pintadas en defensa de la Sierra de Gredos. Me pillaron y me echaron. Por eso tuve una formación muy ecléctica: me colaba en facultades y clases distintas y seguí las de Eduardo Martínez de Pisón, Fernando González Bernáldez y otros grandes naturalistas. No encontraba mi carrera. Ciencias Ambientales por entonces no existía.

P: ¿Le interesa el proyecto de Parque Nacional de Guadarrama?

R: Mucho. Ese parque se diseñó estando Juan Luis Muriel en el Ministerio de Medio Ambiente. Muriel fue de los mejores gestores políticos ambientales que he conocido y trabajé con él. Joaquín Fernández y Rosa Pradas descubrieron en las hemerotecas que existió en los años veinte la intención de convertir Guadarrama en Parque Nacional. Muriel hizo suyo el proyecto y en Madrid lo asumieron Gallardón –entonces presidente de la Comunidad- y Pedro Calvo, Consejero de Medio Ambiente.

P: ¿Le hace ilusión el proyecto de Parque?

R: Naturalmente, solo quisiéramos que fuera más amplio, más ambicioso. De hecho, Eduardo Martínez de Pisón, Juan Luis Arsuaga, Álvaro Blázquez, Pedro Nicolás, Julio Vías, Pedro Heras, Antonio Sáenz de Miera, el Marqués de Tamarón y un servidor, entre otros, propugnamos una mejora sustancial.

P: ¿No teme que esa reclamación retrase la aprobación del proyecto?, ¿que todo degenere en política?

R: Hemos perdido muchos años en los despachos. Pero el Parque de Guadarrama no es una cuestión de derechas e izquierdas. Le he leído a Vd., Español, “que las ardillas no votan al PSOE ni las encinas al PP”. Pedir un mejor parque en Guadarrama no significa retrasar el proyecto sino ganar tiempo de cara al futuro. A las administraciones regionales les estamos haciendo un favor. Ellos tienen que luchar contra intereses locales más o menos confesables. Si surge un movimiento popular importante, les estaremos proporcionando argumentos frente a los alcaldes del ladrillo... Conozco bien la administración regional de Madrid y me consta que les gustaría tener un parque más grande. Otra cosa es que puedan admitirlo públicamente…

P: ¿Cree Vd. que vamos a mejor en el ámbito ecológico?

R: O nos adaptamos, o desaparecemos, así que, forzosamente, nos adaptaremos. Soy optimista. Hace un par de generaciones, había escupideras en los bares, ahora nos parece algo incomprensible y repugnante. Podemos aprender…

Solo nos queda esperar que el Sr. Cantó tenga razón, y que salgamos adelante.