"No he pretendido hacer el libro definitivo sobre la tortura ni sobre nada", parecía que se excusaba ayer Pablo Pardo durante la presentación de su libro El monstruo. Memorias de un interrogador. Pero su proyecto no carecía de ambición: hacer el retrato humano de un torturador confeso. Y concluyó: "He intentado no juzgar". Él es el corresponsal en Washington del diario El Mundo desde 2003. Y "el monstruo" que pone título a su libro es Damien Corsetti.

El monstruo y las torturas en Irak

Apodado así desde su adolescencia, Corsetti ha sido soldado raso de Estados Unidos en Irak y Afganistán. Allí se especializó en interrogar brutalmente a prisioneros enemigos. Y, al parecer, lo hacía muy bien. Tanto que incluso se enfrentó a una condena de veintitrés años de cárcel por torturas, de la que salió absuelto. Fue entonces cuando Pablo Pardo le pidió una entrevista, que se publicó en su periódico. Vio que había una historia que contar y decidió seguir encontrándose con Corsetti. El resultado es un libro asfixiante y crudo. Por momentos, delirante. Como la guerra.

"Todo dependía de nosotros. Teníamos libertad para aplicar las técnicas que quisiéramos y cuando quisiéramos". Todo este menú de violencia de baja intensidad configuraba la Crueldad Informal. Pero las órdenes eran ambiguas. El control, inexistente. Aunque no se trataba de un plan secreto, tampoco era un protocolo transparente. No se basaba en órdenes escritas, sino solo orales, así que no había ningún papel o documento informático que dejara constancia de lo que pasaba. Nunca había nada claro del todo: quién era quién, qué persona era digna de confianza, qué normas había que aplicar. Además, la puesta en práctica de esas reglas quedaba en manos de soldados sin experiencia, como Corsetti.

Los interrogatorios fuera de toda legalidad se efectuaban de espaldas al propio sistema. Sin que hubiera órdenes claras y sin que un solo oficial presenciara nunca los golpes. (Y no sin que se levantaran y sigan levantando protestas). Pero, según Prado, los protagonistas sabían perfectamente lo que estaban haciendo. Se lo admitía el propio Corsetti: "No hay una zona gris en materia de torturas: sabes cuándo estás torturando y cuándo no".

Periodismo comprometido y comprometedor

Alfonso Armada fue corresponsal en Nueva York de ABC y allí coincidió con Pablo Pardo. Él ha sido el encargado tanto de prologar el libro como de presentar ayer a su autor. Y lo hizo citando unos versos de la poetisa polaca Wislawa Szumborska en los que nos insta a "prestar atención a lo que nos pasa constantemente inadvertido". Y señaló de entre los responsables a los medios de comunicación, "empeñados en distraernos en vez de contribuir a aclarar el mundo en donde estamos... y la parte de responsabilidad que nos corresponde".

E incidió: "Los medios parece que se han convertido en agentes de festejos de esta especie de espectáculo incomprensible en el que se ha convertido nuestro mundo. Y creo que el libro de Pablo contribuye precisamente a reducir ese margen de distracción, de ruido... y sobre todo de espectáculo". Y eso que Pardo advierte de que ni Corsetti le ha contado todo lo que hizo en el frente ni él ha escrito todo lo que le contó: "Porque entonces él estaría en la cárcel... y, probablemente, yo también".

Libros del KO, una nueva editorial

Armada fue precisamente quien presentó al autor y a Emilio Mediavilla, uno de los impulsores de la editorial Libros del K.O.: "Nuestro objetivo es editar textos periodísticos sin limitaciones de espacio y sin estar atados tanto a la actualidad, creemos que hay una demanda de un tipo de periodismo de largo aliento". Armada alabó este proyecto que apuesta por grandes reportajes ya que, dijo, "la verdad es cara y el buen periodismo es caro" y hay que "dar tiempo para que las historias se escriban por sí mismas, trabajándolas y con el suficiente espacio".

Mediavilla bromeó sobre el hecho de empezar este proyecto en el actual momento de crisis: "Llevamos dos años dándole vueltas al asunto... Cuando empezamos a pensar en esto no parecía tan claro que se fuera a acabar el mundo como parece ahora". Leyendo El monstruo. Memorias de un interrogador lo que parece es que, efectivamente, el mundo se ha acabado ya. Al menos en algunos lugares. Pero que ese infierno no lo ha traído la furia de ningún dios sino gente más o menos normal que, llegado el caso, se puede convertir en un auténtico monstruo.

Corsetti debía aterrorizar al preso. Nunca lo había hecho. Pero tenía una idea de cómo interpretar su nuevo papel. Estiró sus casi dos metros de alto, agarró una silla vacía y la estrelló contra la pared. Khan Zada pegó un salto. No se esperaba eso. Corsetti se de acercó, le puso de pie, y colocó su cara a pocos centímetros de la del afgano.

Pues eso es lo que hace Pablo Pardo, colocar nuestra mirada a pocos centímetros de la del soldado Corsetti. Y no es muy tranquilizador lo que se ve. Ni lo que no se ve: la cadena de responsabilidades que propició las torturas. "Pero yo lo que no quiero hacer es juzgar, desde aquí, lo que ellos hicieron o lo que ellos dejaron de hacer. Lo que sí que me parece que es mucho más enjuiciable es lo que se decidió en Washington que se hiciera... o lo que se decidió en otros países, mirando para otro lado cuando se dejaban pasar a los presos, desde Palma de Mallorca a muchos otros sitios". Y es que todo pasó ante nuestros ojos.

Un libro para quienes no quieren volver la mirada.