Pablo Escobar nació en Antioquía y se convirtió en un héroe en Medellín, Colombia. Su historia es la de esos personajes que quedan en la memoria colectiva gracias a los excesos con los que vivió. 

Fue el más grande narcotraficante de cocaína, hizo una fortuna personal incalculable, controló al poder político colombiano, ayudó a las clases marginadas y fue el enemigo número uno de su país natal.

Un gran padre en casa y un despiadado en la calle

El cineasta Nicolás Entel logró darle un giro diferente a la historia de Pablo Escobar, ya tantas veces contada en la tele, los diarios y las leyendas urbanas. Con el documental Pecados de mi padre, Juan Pablo Escobar, hijo del capo de capos, cuenta cómo fue su niñez y cómo recuerda la figura de su padre.

Lejos de ser un testimonio de la riqueza material con la que contó en su infancia o de hacer una apología heroica de su padre, Escobar cuenta fragmentos de sus recuerdos y muestra documentos familiares en donde el hombre más temido de Colombia convive, juega, lee cuentos infantiles y hasta canta opera a sus hijos como cualquier padre de familia cariñoso.

Fotos personales, grabaciones de audio, videos caseros y los recuerdos del niño más rico de Colombia, le dan forma a la historia para mostrar el lado opuesto del hombre más cruel y sangriento que aterrorizó a su país.

La Hacienda Nápoles

La Hacienda Nápoles se convirtió en el símbolo del poder económico y político desde donde Pablo Escobar le mostraba al mundo su riqueza. Una propiedad que contaba con 20 lagos artificiales, una pista de aterrizaje, un helipuerto, seis albercas y un zoológico con más de 200 animales exóticos, era el patio de juegos de la familia Escobar.

Ahí llegaba la alta sociedad colombiana a las fiestas que regularmente ofrecía su dueño. Políticos encumbrados la visitaban para cobrar, negociar o pedir consejos al jefe de todo Colombia y ahí, Juan Pablo Escobar, paseaba al lado de su padre y disfrutaba de un mundo irreal que pronto se iba a acabar.

El poder, la política y el miedo en Colombia

En la cinta, Juan Pablo Escobar recuerda cuales fueron los motivos que detonaron la violencia de su padre. Cuando era miembro del Congreso, dos hechos sin precedentes marcaron el destino de Pablo Escobar.

Uno fue que el ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla y el candidato presidencial Luís Carlos Galán, lo acusaron de ser narcotraficante. Esto desató la ira del capo y así empezó la ola de terror en Colombia, ya que Pablo Escobar no pudo perdonar la afrenta pública de estos dos políticos ni podía correr el riesgo de ser extraditado a los Estados Unidos; por eso los mandó ejecutar.

Huyendo como un delincuente

Después de esto, la familia de Pablo Escobar tuvo que huir a varios países para proteger su vida. Para Juan Pablo, esa fue la época en donde su vida cambió. Dejó de ser el niño millonario y se convirtió en fugitivo, “porque a los 7 años mi vida era la de un delincuente, yo estaba sufriendo las misma condena como si yo hubiera dado la orden de matar a todo el mundo”, dice en el film.

Nunca más tuvieron paz los Escobar. En las calles colombianas sucedían atentados y muertes y en el seno familiar la angustia de no saber el lugar adonde ir para estar seguros. Desde ese momento, todo fue huir para salvar su vida.

El ADN de Pablo Escobar

Cargar con el apellido Escobar ha sido una de las losas más pesadas para Juan Pablo. En el film muestra el orgullo y el respeto que le tuvo a su padre, pero también entiende que haber sido su hijo fue como una de las peores contradicciones de la vida.

Fue el hijo del hombre más poderoso de Colombia, pero también del enemigo número uno de ese país. Una vez que su padre fue muerto (o se suicidó como aseguran algunos) se exilió en Argentina con el nombre de Sebastián Marroquín junto con su madre y su hermana.

El lado humano de Pecados de mi padre

Sebastián Marroquín se instaló en Buenos Aires Argentina, ocultó su pasado y empezó una nueva vida. Lejos de su país, el documental le dio la oportunidad de regresar, tratar de expiar las culpas pendientes y pedir perdón por las acciones de su padre a través de una carta dirigida a los hijos de Rodrigo Lara y Luís Carlos Galán.

El reencuentro se puede interpretar como la reconciliación de aquella Colombia bañada en sangre y aunque muchos suponen que fue solo un acto políticamente bien calculado por parte de los hijos de Lara y Galán, a Juan Pablo Escobar le permite volver a su país, platicar con ellos y quitarse por un momento la pena de ser un exiliado.

Y la escena final redondea las paradojas de la vida. Dice Sebastián Marroquín: “yo estuve escondido al lado de él (su padre), lleno de millones de dólares a nuestro alrededor y nos estábamos muriendo de hambre…”