Viven mayoritariamente en la región de Imbabura, entre los 2.500 y 3.500 metros de altitud, un lugar con temperaturas mucho más bajas que la media de Ecuador. Esta es la razón por la que siempre nos los encontramos embutidos en sus gruesas prendas de lana.

Encima de una camisola de algodón y unos amplios pantalones hasta la mitad de la pierna, los hombres llevan un pesado poncho de lana azul oscuro, un sombrero de fieltro de ala ancha sobre la cabeza adornada con una trenza muy cuidadosamente peinada y sandalias de tela con suela de cuerda. Las mujeres, usan un chal anudado a la frente sobre una blusa blanca bordada, visten dos faldas de lana superpuestas, enrolladas a la cintura y sujetas con cintos hechos a mano. También se peinan en una sola trenza, que cubren con una mantilla.

Forma de vida

En sus huertos cultivan frijoles, maíz, patatas pimientos y otras verduras y hortalizas. Estas propiedades son de tamaño muy reducido, ya que, según la tradición, la herencia se divide equitativamente entre todos los hijos. Sólo en las laderas montañosas muy altas las familias continúan poseyendo la extensión suficiente como para plantar trigo y cebada.

Muchas familias crían cerdos y aves que venden los sábados en el mercado, pero la forma habitual de elevar sus ingresos sigue siendo su tradicional elaboración de tejidos, cuya venta en las ciudades constituye su mayor actividad económica.

Algunos grupos -al contrario que otras etnias ecuatorianas- han sabido coordinar sus habilidades tradicionales con las exigencias de los mercados modernos y han extendido su comercio y sus puntos de venta, adaptándose a los cambios económicos sociales a partir de los años cincuenta del pasado siglo y consiguiendo un reconocido puesto en el mercado internacional.

Los grupos tradicionales

Excepto en la ciudad de Otavalo, las casas de este grupo indígena no poseen electricidad ni agua corriente, que traen de los arroyos montañosos y la depositan en pozos comunitarios que comparten varias familias. Las viviendas están construidas de adobe y tienen un muy empinado tejado, en las paredes hay aberturas para que salga el humo y en el interior apenas hay mobiliario, limitándose en la mayoría de las ocasiones a un armazón de madera cubierto de esterillas de junco que usan para dormir.

En estas zonas rurales todos los miembros de la familia, incluidos los niños, se dedican a la confección de tejidos y de los instrumentos necesarios para su producción, como los telares y los elementos necesarios para su lavado y teñido.

La historia

Los otavalos se creen que son descendientes de los incas, pero lo cierto es que no hay nada seguro acerca de su procedencia, excepto la ancestral y común a todos los indios americanos. El imperio inca invadió su tierra en el siglo XV y cuando llegaron los españoles ya estaban incorporados a él. Sin embargo, durante sólo cincuenta años, la asimilación cultural fue tal que aún hoy siguen hablando el idioma inca -el quechua- y celebrando sus principales fiestas religiosas, razón por la cual son conocidos como los indios aristócratas.