La otitis es una enfermedad muy común que, en función del tiempo, recibe distintas denominaciones. Se clasifica como aguda cuando su duración no sobrepasa las tres semanas, subaguda cuando el proceso se desarrolla entre las 3 y las 12 semanas, y crónica cuando supera las 12 semanas. También se distingue entre la otitis externa y la otitis media. La otitis externa casi siempre tiene su origen en una causa de origen infeccioso. La otitis media aguda, por su parte, se distingue por la presencia de supuración o por la ausencia de la misma.

Etiología de la otitis

Las causas más frecuentes son la disfunción tubárica o el mal funcionamiento de la trompa de Eustaquio. Por lo general, este mal funcionamiento de la trompa de Eustaquio tiene que ver con su obstrucción, bien por inflamación de la mucosa, por algún problema infeccioso o alérgico o por la aparición de vegetaciones. Otras causas que pueden provocar una otitis son las infecciones en la vía respiratoria alta o trastornos de la función ciliar del epitelio respiratorio. La afección puede ser de tipo bacteriano, como los causados por el Streptococcus pneumoniae o el Haemophylus influenzae, o de tipo vírico, como el virus respiratorio sincitial, el rinovirus, el adenovirus o el enterovirus.

Sintomatología de la otitis

En la forma aguda de la enfermedad se manifiesta otalgia, fiebre, tinnitus e irritabilidad. Ocasionalmente puede aparecer otorrea, vértigo o, más raramente, parálisis facial. En los casos crónicos la única manifestación sintomática suele ser la pérdida de audición.

La otitis media es una enfermedad frecuente durante la infancia y una de las causas más comunes de pérdida de audición. Se calcula que aproximadamente el 70% de los niños han padecido algún episodio de otitis, lo que ocurre con mayor frecuencia en edades comprendidas entre los 0 y los 7 años. A partir de esa edad la prevalencia es menor.

En cuanto a los factores que se puedan relacionar con la otitis, parece ser que las estaciones otoñal e invernal muestran una mayor incidencia de esta afección. También existe una mayor frecuencia en los niños que asisten a centros escolares, así como aquellos con alteraciones en el área rinofaríngea.

Diagnóstico de la otitis

En general suele ser suficiente una detallada historia clínica junto a una exploración otoscópica para diagnosticar una otitis. Igualmente necesario es someter al paciente a una completa exploración, por ejemplo en la cabeza o el cuello, para identificar los posibles factores desencadenantes de la afección.

La exploración otoscópica es, sin duda, la más importante a la hora de determinar la existencia de la otitis. Además, la otoscopia neumática, resulta esencial para observar la movilidad de la membrana timpánica. Esta aparece enrojecida, abombada y con escasa o nula movilidad. En estos casos puede haber perforación y supurar, lo que se conoce como otorrea.

Otra exploración tan habitual como necesaria es la timpanometría que, entre otras cosas, corrobora la sintomatología observada en la otoscopia o la otoscopia neumática. Con la timpanometría se precisa el estado de la membrana timpánica y la movilidad de la cadena osicular.

Un examen audiométrico es útil para establecer hasta qué punto ha existido pérdida auditiva, sobre todo en lo que respecta a la otitis media crónica con efusión.

Tratamiento de la otitis

El tratamiento convencional de la otitis media aguda se efectúa con antibióticos por un periodo que oscila entre los diez y los catorce días. Con este tratamiento lo más común es que los síntomas empiecen a remitir a las 48 horas. En los casos donde están presentes secreciones serosas, el proceso puede prolongarse varias semanas. Con el antibiótico, en algunos casos, también van añadidos descongestionantes nasales y mucolíticos.

En los casos de otitis media aguda es frecuente que existan fuentes de infección, como puede ser la sinusitis crónica, una adenoiditis crónica o inmadurez inmunológica. En estos casos debe hacerse una valoración adecuada e implementar un tratamiento lo más específico posible.

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