La osteomielitis es una infección del hueso que suele tener un origen bacteriano, aunque puede estar producida por cualquier microorganismo. Existen varios criterios a la hora de clasificar la patogenia de la osteomielitis. La más común es la de Waldvogel, que toma en consideración tres clases:

  • Osteomielitis aguda hematógena, que es el tipo más frecuente y que aparece cuando la infección, ubicada en otra parte del cuerpo, se extiende hasta los huesos a través del torrente sanguíneo.
  • Osteomielitis no hematógena, que sucede cuando el hueso se halla expuesto a la infección debido a un traumatismo o a la cirugía, o bien por diseminación a partir de un foco contiguo, como puede ser la celulitis.
  • Osteomielitis crónica, que se produce por un inadecuado tratamiento de la osteomielitis aguda o, de un modo secundario, debido a la cirugía o a un traumatismo importante.
En los niños las zonas más comúnmente afectada son los huesos largos. Mientras que en los adultos, los son la columna vertebral y la pelvis.

Etiología de la osteomielitis

La causa más frecuente de la osteomielitis es de tipo bacteriano, más concretamente se puede decir que en el 90% de los casos de osteomielitis aguda, el causante es el Staphylococcus aureus. En segundo lugar, por lo que respecta a la frecuencia, está el Streptococcus betahemolítico. Otros agentes patógenos causantes de la osteomielitis son Haemophilus influenzae, Streptococcus del grupo B, Pseudomonas aeruginosa y otros bacilos gramnegativos. La osteomielitis también puede tener un origen vírico o estar provocada por hongos.

Factores de riesgo para desarrollar una osteomielitis son la diabetes, el consumo de drogas inyectadas, la hemodiálisis, un riego sanguíneo deficiente, traumatismos graves o personas que se han sometido a una extirpación de bazo.

Sintomatología de la osteomielitis

Los síntomas principales son:

  • Dolor óseo.
  • Fiebre.
  • Malestar general.
  • Nauseas.
  • Hinchazón local.
Ocasionalmente pueden presentarse otros síntomas como:

  • Sudoración excesiva.
  • Escalofríos.
  • Lumbago.
  • Hinchazón en tobillos, pies y piernas.

Diagnóstico y tratamiento de la osteomielitis

El examen físico suele mostrar sensibilidad ósea, hinchazón y enrojecimiento. Paralelamente se llevan a cabo otros exámenes como:

El tratamiento de la osteomielitis consiste en eliminar la infección y paliar el daño al hueso y a los tejidos adyacentes. La administración de antibióticos, en caso de infección causada por bacterias, se lleva a cabo por vía intravenosa u oral por un periodo que va de las 4 a las 6 semanas, aunque en ocasiones puede prolongarse el tratamiento.

Cuando la infección no desaparece puede ser necesario recurrir a la cirugía para extirpar el tejido óseo muerto. Esta operación suele ir acompañada por un injerto óseo o material de relleno que estimule el crecimiento del nuevo tejido.

El pronóstico de la osteomielitis aguda, con el adecuado tratamiento, acostumbra a ser favorable. No puede decirse lo mismo en los casos de osteomielitis prolongada o crónica, aun en el caso de proceder a la cirugía. En el peor de los escenarios puede ser necesaria la amputación, sobre todo en aquellas personas que padecen diabetes o una mala circulación sanguínea.

Otro pronóstico delicado es el que afecta a aquellas personas que han desarrollado la osteomielitis debido a una prótesis ortopédica, y que dependerá de la propia salud del paciente, del tipo de infección y de que la prótesis pueda retirarse sin excesivas dificultades.

Otras complicaciones aparecen cuando se forma pus en el interior del hueso, produciéndose entonces un absceso que pueda privar al hueso del riego sanguíneo. También la disminución funcional de la extremidad o de la articulación, o la diseminación de la infección a los tejidos adyacentes o al torrente sanguíneo, constituyen otro tipo de complicación que puede darse en los casos de osteomielitis con peor pronóstico.

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