A los 5 años Óscar Dudamel ya tocaba la tambora. A los 10 años ve por televisión cómo Willie Colón interpreta La Murga de Panamá y se enamora del trombón. Compró su primer instrumento por cuotas. Su papá manejaba una camión de carga. Ingresó en una Academia Yamaha, “entonces no había otra forma de estudiar música”. Corría el año 1971, confiesa sin temor a revelar la edad, con 14 años, alguien le dice que hay un señor que está armando una orquesta sinfónica en Barquisimeto.

El Dr. José Antonio Abreu, creador de “El Sistema”, estaba detrás de esta iniciativa. Óscar Dudamel ingresó a la misma y vio clases con la primera trompeta de la primera orquesta, Pastor Soto. Dejó el liceo para concentrarse en la música, se dejó la barba a la usanza de entonces y se metió en el Conservatorio de Música "Jacinto Lara", pero también estaba conquistado por la salsa, una fusión que luego marcaría a la música venezolana.

Papá y mamá musicales

Cerca de los 19 años, siendo director de un grupo de gaitas, conoció a quien sería la futura madre de Gustavo Dudamel y su esposa, aunque ya llevan años separados. Ella era corista allí pero venía de la Schola Cantorum. Él recuerda que cuando ella salía a trabajar como secretaria, él se quedaba cuidando el bebé y estudiaba su instrumento. Empezaba con ejercicios y luego material académico para la Sinfónica. "Podría ser Mahler".

Lo hacía con un pie sobre el coche de Gustavo, marcándole el ritmo. Luego ponía un disco de salsa. Eso cada mañana. Antes, en el vientre materno, con un pequeño radio Sanyo, lo pasearon por todas las canciones, de todas las emisoras, a todas horas. Dudamel nació con la armonía bajo el brazo en una época donde no había ecosonograma que desvelara el sexo del bebé.

Gustavo Dudamel, el niño

Ganó varios concursos de dibujo, talento que su padre dice que aún conserva. Fue karateca, hizo natación y estudiaba violín. Con su bicicleta hizo las propias travesuras con sus vecinos, muchos de los cuales siguen siendo amigos. Como durante su niñez vivieron en una zona popular en Barquisimeto, sus padres le ponían todas estas actividades e inventaron juegos para evitar que pasara tiempo en la calle. “Le hicimos un hueco en el piso para jugar metras”. Junto a la mamá, le hacían trampas y él lloraba. “Queríamos prepararlo para cómo es la gente en la calle”.

Pequeño genio de la música

Cuando veía clases de violín con el maestro Luis Jiménez, desde los 4 años, un día se colocó en el puesto del director, cuando este llegaba tarde porque recibía al Dr. Abreu de visita. Cuando levantó la batuta, los otros niños rieron pero Gustavo Dudamel continuó. Los compañeros le siguieron de inmediato y allí lo vieron, sin planearlo. “En la historia del arte, no había visto la perfección y estética al dirigir a los 9 años”, ha dicho el maestro.

Al año siguiente Jiménez le dijo a Óscar que ya no tenía nada qué enseñarle. El niño por cada lección enseñada, estudiaba cinco y las llevaba aprendidas. El tutor lo envió a participar en las audiciones de la Academia Latinoamericana de Violín. Fueron en autobús para Caracas. Había sólo un cupo. Gustavo compitió sólo con adultos, como era lo normal en ese momento. Dudamel ganó.

Seis meses después lo invitan a la ciudad de Mérida, Venezuela, donde se haría una muestra de músicos académicos tocando música popular. Impresionó tanto en una presentación de exhibición que lo invitaron a componer un tema para un concurso. Venció en la final al profesor de violín y con ese millón de bolívares tuvo su primera handycam.

Ser papá de Dudamel

Además del respeto y admiración mutua, la devoción es un sentimiento perenne. “Yo lo amo, él me besa al pedirme la bendición”. Gustavo le confesó a su padre que siempre apreció los esfuerzos, el surgimiento desde muy abajo. Incluso le consultó si debía participar en el Festival Mundial de Directores. Eran los 300 mejores. El maestro Abreu llamaba para notificar los avances. Él tenía apenas 22 años y el promedio era 35 en los participantes. El criollo estaba asustado. Una madrugada llamó: “Papi, gané”.

Inicios sin atención de los medios

En el 1999, cuando lo designaron director de la Orquesta de la Juventud Simón Bolívar para irse a Italia en pocos días, Gustavo Dudamel aún estaba estudiando en el colegio y salió corriendo: “dio como 80 vueltas en la cancha de la emoción”. No se publicó en ninguna parte.

En 2003 tocó la muy complicada pieza Sibelius en el Festival Nacional del Violín en el Teatro del Hotel Maracay. Apenas si fue reseñado el evento de forma general. Un año antes una rueda de prensa quedó vacía cuando se supo que no venía el Dr. Abreu.