Los trastornos de la alimentación, como la bulimia y la anorexia, hace ya tiempo que forman parte del vocabulario popular, pero hay otras obsesiones relacionadas con la comida que pueden llegar a constituir un problema realmente serio. Una de ellas es la ortorexia, cuya finalidad, aparentemente beneficiosa, consiste en comer lo más sano posible. Pero tal y como sucede con todas las cosas, es en la medida donde estriba la diferencia entre lo sano y lo perjudicial.

La conducta adictiva

La adicción se manifiesta cuando la persona vive obsesionada por algún aspecto en concreto, tanto es así que su vida acaba totalmente condicionada por esta obsesión. Hay adicciones claramente autodestructivas como el alcoholismo o la drogadicción y otras, como los trastornos de la alimentación, que aparentemente persiguen cánones estéticos perfectos o conductas más saludables. Pero cuando un comportamiento, actividad o ideología se convierten en el centro de la existencia, inevitablemente surge un comportamiento obsesivo y toda una serie de secuelas asociadas que terminan por afectar la vida personal y social del individuo.

La persona afectada por ortorexia

Como sucede en cualquier adicción, el objeto de la misma está siempre presente en la mente del afectado. Los alimentos, más allá de toda lógica, son analizados y desmenuzados psíquicamente en virtud de una supuesta perfección alimenticia a la que se aspira. Bajo estos parámetros, la lista de alimentos peligrosos, artificiales o poco saludables aumenta de la misma manera que lo hacen los problemas relacionados con esta obsesión. En esta lista está la carne, todo tipo de grasas y alimentos cultivados en los que interviene cualquier producto químico, como herbicidas o pesticidas.

Para estas personas, la alimentación deja de ser un elemento que produzca satisfacción o felicidad de una manera sana, ya que siempre están pendientes de no infringir las normas de la dieta que se autoimponen, lo cual no solo supone un problema estrictamente personal, sino también familiar o social. Para estas personas ir a comer a un restaurante es algo impensable. Incluso una comida familiar puede significar la ingestión de alimentos que no forman parte de esa dieta cada vez más restrictiva y exigente.

Perfil de la persona afectada por la ortorexia

El perfil de la persona que padece ortorexia suele ser la de alguien de costumbres muy estrictas, de una elevada autoexigencia y un comportamiento obsesivo compulsivo. En consonancia con la adicción, su actitud acostumbra a moverse en los extremos. Mujeres, adolescentes, deportistas y, en general, personas muy sensibilizadas con la alimentación, conforman el espectro de la población que puede verse afectada por este comportamiento obsesivo. Pero esta obsesión no se centra exclusivamente en los productos alimenticios, sino en los recipientes en los que deben ser preparados o la forma de prepararlos. La planificación de estos menús acostumbra a ocupar mucho tiempo en el pensamiento del ortoréxico, y cualquier transgresión en la dieta conlleva altos niveles de culpabilidad, frustración o ansiedad.

Prevención de la ortorexia

El diagnóstico temprano de este problema incide favorablemente en un mejor pronóstico para un tratamiento efectivo.

Por lo que respecta al tratamiento, cabe señalar que no es fácil, ya que como bien señala la Dra. M.L. Catalina, del Servicio de Psiquiatría del Hospital de Móstoles, “El tratamiento de la ortorexia es complicado, fundamentalmente, porque el paciente no tiene conciencia de estar enfermo y por tanto niega la necesidad de terapia”.

El abordaje no solo debe centrarse en los aspectos nutricionales, sino en la distorsión que se tiene de los mismos desde la perspectiva psicológica, a fin de modificar las conductas erróneas que llevan a desórdenes físicos y emocionales. Nutricionalmente, no obstante, deberán implementarse nuevos hábitos alimentarios para equilibrar la dieta. Paralelamente, un equipo multidisciplinar, compuesto por psicólogo, nutricionista y médicos en general, deberán tratar secuelas como las carencias nutricionales, hipervitaminosis o carencias de vitaminas, así como enfermedades como la osteoporosis o la anemia.

Igualmente graves pueden llegar a ser los aspectos de índole psicológico, como la depresión, el aislamiento social o la ansiedad.

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