Ya lleva muchos meses recorriendo España con firme éxito. A partir del 22 de agosto estará en el Amaya, una fecha precisa para abrir la temporada madrileña que, de momento, se muestra remisa, apagada, con todo el mundo del teatro preocupado por una amarga situación económica en la que las artes escénicas se encuentran especialmente afectadas.

Sin embargo, este estreno de Orquesta de Señoritas, no parece casual, o más bien, entra en el lado mágico y "causal" característico de la historia del teatro: un drama de posguerra que exhibe crisis económicas, frustraciones y angustias atravesadas por el imprescindible sentido del humor para continuar en pie.

Juan Carlos Pérez de la Fuente es un director-productor muy dado al eterno juego de máscaras del drama, la tragedia y la comedia, los interrelaciona, juega con imaginación y audacia, y pasa de un género a otro con talentuda facilidad. Es emocionante que nos devuelva a Jean Anouilh, un gran autor muy representado en España hasta finales de los 70, pero luego gravemente olvidado, y por otra parte, 50 años después del estreno en París, llega a nosotros interpretada por hombres (ya se hizo en 1977 por una Compañía argentina que maravilló a Juan Carlos), pero ahora es muy distinta, pues se da en un contexto musical propio de la posguerra española, con canciones de la época y un vestuario de excepcional calidad.

Jean Anouilh (1910-1987): un autor bajo el nazismo

Anouilh fue un hombre de teatro solidario que, en medio de grandes éxitos, ayudó a solitarios extranjeros como el irlandés Samuel Beckett (que acabaría siendo Premio Nobel en 1969) o el rumano Eugene Ionesco, desconocidos en París que traían una nueva voz al teatro mundial.

Cuando los alemanes fueron expulsados de Francia se le reprochó haber vivido y estrenado como director y autor bajo las botas nazis; sin embargo, sólo se le pudo reprochar mantenerse al margen, pues fue remiso a colaborar tanto con los dirigentes como con la Resistencia, él mismo un resistente detrás del telón.

En los fieros tiempos nazis "inventó" un nuevo teatro basado en los trágicos griegos, con múltiples mensajes desesperanzados, pero con un lenguaje llano, dinámico, intenso y a la vez capaz de sortear la dura censura de la Cultura de la Gestapo: Eurídice y Antígona fueron grandes éxitos en un París hambriento de pan, de libertad y de buen teatro, ya que prevalecían los géneros frívolos.

Entre sus numerosas creaciones destacan muchos títulos con temas ásperos o encantadores (La Alondra, Los peces rojos, La invitación al castillo, Ardèle o La margarita...); tuvo un gran dominio de la estructura escénica con enorme talento para pasar de la tragedia a la comedia, aunque el fondo de sus historias fuera casi siempre la angustia existencial, la tentación del suicidio o la soledad del ser humano en una sociedad que devora la buena voluntad de los mejores.

¿Dios es un truco del diablo?

El mayor éxito de Anouilh fue Becket, o el honor de Dios, de 1959. En España se estrenó en 1962, con dirección de José Tamayo y dos actores de justo renombre: Francisco Rabal y Fernando Rey. Y en 1964 adquirió una gran popularidad internacional gracias a la versión cinematográfica con Richard Burton y Peter O´Toole.

He aquí algunas de las frases que el apasionado y apasionante Jean Anouilh dejó para la posteridad, en realidad para el "hasta muy pronto" de todos los grandes autores teatrales:

Las preocupaciones acaban por comerse unas a otras, y al cabo de diez años uno se da cuenta de que se sigue viviendo.

Lo terrible en cuanto a Dios es que nunca se sabe si es un truco del Diablo.

La soledad extrema que resulta de la ausencia, la muerte o, lo que es peor, la indiferencia de Dios.

¡No me vengáis con guerras santas! Todas las guerras lo son. Os desafío a que encontréis un beligerante que no crea tener el cielo de su parte.

Pérez de la Fuente: no hay buen teatro que le sea ajeno

Y el buen teatro puede ser muy espectacular, como aquel San Juan de Max Aub, transcurriendo en un barco lleno de judíos a la deriva, que nadie quiere alojar en tiempos del nazismo, o el monólogo magistral de Fernando Arrabal con el último gran trabajo de la sensacional María Jesús Valdés, Carta de amor, con la guerra civil y el odio encendido, la traición espantosa y una profunda necesidad de amar y ser amado. Un barco que ocupaba gran parte del patio de butacas del María Guerrero, un monólogo que se representaba en reducidos espacios para cien espectadores.

Muchas joyas hay en el amplio repertorio de este director que también "compone" escenografías y produce las funciones que dirige, y a veces sube a escena a sustituir a un actor enfermo, como sucedió en Angelina o el honor de un brigadier, de Jardiel Poncela, en una fantástica función que este cronista tuvo ocasión de aplaudir.

Pérez de la Fuente es un director-productor con varios ases en la manga, como la posibilidad de contar con el trabajo siempre eficaz de Rosario Calleja como productora ejecutiva: el "ángel implacable" que torna posible lo imposible y acaba por resolver lo más complicado. Ha participado en producciones tan importantes como: Los padres terribles, de Jean Cocteau, con Nati Mistral y Amparo Rivelles y La dama del alba, de Alejandro Casona, con María Jesús Valdés, dirección de Tamayo, entre muchas otras.

Pocas veces los cronistas teatrales nos ocupamos de los productores teatrales, y esta es una ocasión ideal, ya que, además de su talento en este campo específico, así como en otras áreas de las artes escénicas, Rosario Calleja es una intelectual volcada en la investigación sobre la mujer española en el siglo XX.

Orquesta de señoritas, de Jean Anouilh por Pérez de la Fuente, en el Teatro Amaya, a partir del 22 de agosto de 2012, con un gran elenco: Emilio Gavira, Luis Perezagua, Juan Ribó, Víctor Ullate Roche, Francisco Rojas, Juan Carlos Naya y Zorión Eguileor.