El teatro griego clásico entró en decadencia y así se mantuvo durante el periodo que llamamos helenismo hasta alcanzar la cultura romana. No sólo cambiaron los gustos, sino también las mentalidades y la cosmovisión estética, incluso la organización social y política que propició el florecimiento del teatro en Grecia. Aunque se intentan imitar por parte de los literatos romanos modelos griegos, ya no se alcanza su esplendor en la comedia y mucho menos en la tragedia.

Primeros pasos

En Italia, los primeros vestigios de actuaciones teatrales parecen registrarse, como en Grecia y otros lugares, en torno a la religión. Las ceremonias religiosas se acompañaban de ritos con mímica. De los etruscos conocemos la existencia de las chanzas fesceninas que consistían en intercambiar burlas y procacidades y las saturae, que se componen de ritmos diversos y versos amebeos. “Que no calle por más tiempo la procaz chanza fescenina” (Catulo, Car 61), podemos leer en Catulo. Las chanzas se usaba en el ritual nupcial romano como manifestación alegre, licenciosa y aguda, con buenos deseos para el matrimonio. De aquí derivarán las saturae.

El carácter teatral de los pueblos itálicos tendía a la farsa, a la comedia baja y grotesca, a la risotada y a la sátira. Conocemos algunas manifestaciones muy antiguas de este estilo en las denominadas farsas atelanas y en los mimos.

Farsas

Las farsas atelanas aparecieron en el pueblo Osco, en la ciudad de Atella, ciudad situada entre Nápoles y Capua, a modo de breves representaciones bufas que tomaban su inspiración de la vida cotidiana. Se representaba ya en el s. II a. C. Se conocen los nombres de algunos autores del siglo I a.C., como Pomponio.

En estas farsas los personajes aparecen identificados por máscaras, representando tipo fijo, como Puppus, un individuo tonto; Dosenus, un jorobado; Buccus, que representa al glotón, o Maccus, un joven sin mucho seso. Todos los actores eran masculinos, incluso los de los papeles femeninos. Estas farsas llegaron a representarse como epílogo (exodus) de las tragedias de influencia griega. El género arraigó y tuvo éxito durante el periodo imperial especialmente, siendo muy apreciado durante el mandato de Trajano. Suetonio narra que un actor que se atrevió a criticar al emperador Calígula fue quemado en la arena (Calígula 27,4).

Mimo

El mimo consistía en representaciones sin máscaras, también sobre escenas cotidianas, de carácter grosero, con motivos sexuales muy explícitos y tendentes a la farsa y al humor grueso. Tampoco estaba exento de crítica a personajes conocidos. El mimo se introdujo en Roma en el siglo I a.C. Lo llevaban a cabo sin máscaras y los papeles femeninos los interpretaban mujeres. Estas solían desnudarse en el espectáculo o al final del mismo.

Si esas dos manifestaciones, farsas y mimo, se pueden poner en relación con la propia población de Italia, el teatro como tal proviene de influencia helénica. El contacto con la Magna Grecia era muy intenso, especialmente en el sur y en Sicilia.

Livio Andrónico

Pero el impulso más decidido a la introducción del teatro se debe a Livio Andrónico, a quien se atribuyen las primeras representaciones dramáticas alrededor del año 240 a.C. Hay que contar también con el mecenazgo oficial por parte de los ediles, que se encargaban de promocionar las representaciones contratando a un autor de fama que se encargaba de hacer representar la obra

Los primeros teatros en el s. III a. C. eran provisionales, de madera. Se montaban en las plazas, con un escenario de tabla, sobrio, sin escenografía ni telón, algo que nos evoca al carro de Tespis e incluso al de Lope de Rueda en España siglos después.