El concepto de Bibliografía ha adquirido diversas acepciones, utilizándose actualmente con varios criterios, para referirse a la ciencia que estudia los repertorios bibliográficos y a la técnica para elaborarlos, así como también para nombrar al producto de dicha elaboración, es decir, los repertorios.

Origen y etimología del vocablo Bibliografía

Etimológicamente, el término Bibliografía proviene del griego “biblio”, libro, y “grafía”, que significa escribir. Inicialmente se refirió a la escritura de libros a mano, e incluso a la descripción de los mismos, connotación que ha perdurado a través del tiempo.

Gloria Carrizo Sainero, profesora titular del Departamento de Biblioteconomía y Documentación de la Universidad Carlos III de Madrid, ubica en el siglo I la primera utilización del término, por parte del médico griego Dioscórides, autor del manual de farmacopea más difundido durante la Edad Media y el Renacimiento.

Utilización y evolución del término Bibliografía

La generalización del concepto se produciría recién hacia el siglo XVII, gracias al bibliotecario francés Gabriel Naudé, quien en 1633 tituló una lista de libros con el nombre de Bibliografía política. Desde entonces el término adquirió dicho significado. José Simón Díaz, bibliógrafo español y colaborador experto de la UNESCO, considera a esta equivalencia como la más difundida, la cual continúa detectándose incluso en la actualidad.

Hacia el siglo XVIII, conforme los criterios sobre el papel de la Bibliografía fueron evolucionando, la misma fue identificada con la ciencia de los manuscritos antiguos, del libro impreso y de los bibliógrafos. Una evidencia de ello lo constituyen distintos diccionarios de la época, en los cuales fue definida como el conocimiento e interpretación de los antiguos manuscritos.

Según Simón Díaz, el significado de la voz Bibliografía como equivalente al conocimiento de los manuscritos fue propio del concepto neoclásico fundado en la palabra griega “biblion”, la cual designaba el arte y oficio de los copistas. Sin embargo el progreso de la Paleografía y la Diplomática invalidó dicha perspectiva.

El siglo XIX consagró a la Bibliografía como ciencia del libro, extendida también a ciencia de las bibliotecas y ciencia de los repertorios. Esta concepción se asentó finalmente durante el siglo XX.

Ciencias afines: Bibliología, Biblioteconomía, Bibliotecnia y Bibliofilia

Durante el siglo XIX también se volvió necesaria la distinción entre la Bibliología y la Bibliografía, ciencia afín a esta última, la cual tiene como objetivo el estudio general del libro en sus aspectos tanto histórico como técnico, brindando conocimientos referidos a la historia del libro y su evolución, así como a la estructura y constitución del libro moderno.

Por otra parte, la Bibliografía se distingue también de otras ciencias afines como la Biblioteconomía, la Bibliotecnia y la Bibliofilia. Simón Díaz las considera como antiguos dominios que ya no le pertenecen, encontrándose bien diferenciadas, siendo disciplinas independientes y colindantes.

La Biblioteconomía consiste en un conjunto de conocimientos, tanto teóricos como técnicos, referidos a la organización y a la administración de una biblioteca, tales como los sistemas de clasificación, las técnicas de catalogación, entre otros aspectos. La Bibliografía necesita de la Biblioteconomía, ya que el trabajo bibliográfico no sería posible sin conocimientos concretos sobre los establecimientos frecuentados en lo que respecta a su historia, fondos y organización.

La Bibliotecnia, por su parte, es la ciencia relativa a la materialidad del libro, es decir, a su fabricación o elaboración. De acuerdo con un criterio más estético, se remite al arte del libro. En su relación con la Bibliografía provee a ésta de conocimientos generales en torno al proceso de edición de un libro, lo cual resulta de utilidad para la formación y la actividad de los bibliógrafos.

Por último, la Bibliofilia se centra en el amor a los libros en tanto objetos de colección, ya sea por su valor histórico o estético, y en particular por aquellos raros y únicos. En cierto momento las figuras del bibliófilo y del bibliógrafo no se hallaban bien diferenciadas; no es ese el caso en la actualidad, lo que no quita que el bibliógrafo deba ser sensible ante las características materiales de la obra con la que trabaja.

Concepto de Bibliografía según las teorías tradicional y anglosajona

En lo que respecta al ámbito académico, distintas escuelas han optado por connotaciones del concepto de Bibliografía que difieren entre sí.

La teoría tradicional o Escuela de Europa Continental considera a la Bibliografía como ciencia de los repertorios, la cual se ocupa de recopilar, describir y ordenar los escritos. Entre los teóricos destacados dentro de esta corriente se encuentran: el alemán Georg Schneider, la francesa Louise Nöelle Malclès , el italiano Attilio Mauro Caproni, y los españoles Simón Díaz, Agustín Millares Carlo y Justo García Morales.

La teoría anglosajona o Escuela Anglosajona entiende a la Bibliografía como la ciencia del libro, considerando aspectos históricos, descriptivos, analíticos, críticos y catalográficos de cada obra, y dejando a la Biblioteconomía el tratamiento técnico o clasificación. El teórico más destacado adhiriendo a esta perspectiva ha sido Theodore Besterman.

Hacia una definición actual de la Bibliografía

La mayor parte de los autores europeo-continentales aceptan la definición de Bibliografía provista por Malclès, quien considera que esta “ocupa un sector de la Bibliología o ciencia del libro y se propone buscar, identificar, descubrir y clasificar los documentos impresos, con el fin de constituir unos repertorios apropiados para facilitar el trabajo intelectual”.

Sin embargo, Carrizo Sainero plantea que esta definición debe ampliarse, entendiéndola como una parte de la ciencia de la información, dados los avances que han tenido lugar en el marco de la Sociedad de la Información. Por lo tanto, a la doble actividad de compilación y utilización de los repertorios será necesario añadir el depósito de datos, como es el caso de las bases de datos leídas por medio de un ordenador.

Así, Malclès limita a la Bibliografía al ámbito de los documentos impresos, lo cual resulta restrictivo en la actualidad. La definición del término debe avanzar hacia la inclusión de todo tipo de documentos, más allá de su soporte o de la forma en que sean accedidos.