Los juegos eróticos existen desde los primeros tiempos del hombre, lo único malo que hay en ellos es realizarlos con culpa y no dejarse llevar por sentimientos y sensaciones. El sexo es natural y necesario para una vida sana, y si hablamos de la pareja, pueden ser una buena herramienta para redescubrir el placer, desarrollar la imaginación y tratar, en la medida de los posible, de cumplir fantasías escondidas. El sexo en la pareja, bien utilizado, puede eliminar la rutina, ayudar a desarrollar la confianza y devolver la ilusión y la erótica del misterio después de años de relación.

Historia y orígenes del Kamasutra

El Kamasutra es un libro de origen hindú escrito por el religioso Vatsyayana Mallanaga a mediados del 320-540 d.C . Para una cultura como esta, en la que el sexo formaba parte de la vida y era visto con total naturalidad, se trataba de uno de los más antiguos tratados del amor y la sexualidad, un compendio de enseñanzas y tradiciones que en aquel tiempo eran transmitidos de forma oral, ya que no estaba al alcance de todos la habilidad de leer y escribir.

A lo largo de la historia, y sobre todo en Occidente, adquirió una mala reputación que terminó por obscurecer su valor como obra literaria, al ser interpretado como una lista de posiciones sexuales y usadas para vender mera pornografía. En 1883, la traducción del lingüista inglés Richard Burton fue enriquecida con descripciones más poéticas.

Posturas del Kamasutra

Son tantas, y algunas tan complicadas de realizar, que pueden dejar de ser un juego sexual para convertirse en un juego divertido que estimule la confianza y la complicidad, pero hay otras que son fácilmente realizables.

Postura del misionero

Es la posición la más conocida, el hombre se tumba entre las piernas de su pareja. Si se colocan cojines bajo las nalgas de la mujer, se permite una penetración más profunda cambiando el ángulo de inclinación de la vagina.

Postura de Andrómaca

El hombre se tumba boca arriba y su pareja se posiciona encima de él, en cuclillas o arrodillada de tal manera que controla perfectamente la profundidad y el ritmo de la penetración.

Postura de la cortesana

El hombre se arrodilla sobre el suelo y penetra a su pareja sentada sobre el borde de la cama o sobre una silla, o bien la mujer esta tumbada sobre una mesa o un escritorio, mientras el hombre la penetra de pie.

Postura de las cucharas

La mujer se tumba sobre el costado con las piernas plegadas en posición acurrucada. El hombre se coloca detrás y abraza el cuerpo de su pareja para penetrarla.

Postura de la balanza

El hombre está sentado sobre el borde de la cama o sobre una silla. La mujer le da la espalda y se sienta sobre sus muslos. Una vez el pene dentro de ella, puede agacharse hacia adelante para llegar a una posición de equilibrio y balancearse a lo largo del pene.

Postura de la estrella

La mujer tumbada sobre la espalda abre de forma amplia las piernas, el hombre coloca una pierna entre las de la mujer y la penetra de costado, tomando apoyo sobre su brazo opuesto. Puede aumentar la estimulación frotando su muslo contra el clítoris.

Postura del junco

A partir de una posición en la cual el hombre esta arrodillado, la mujer toma apoyo sobre su cabeza y sus piernas. Ella arquea la espalda y la cintura para posicionar la vagina en un ángulo permitiendo una penetración óptima. El hombre la sostiene por la cadera y puede entonces empezar una penetración vigorosa observando las reacciones de su pareja.

Postura del yunque

Tumbada sobre la espalda, la mujer coloca sus pies sobre los hombros de su pareja. Esta posición favorece una penetración muy profunda, por lo que se debe evitar practicarla justo después de los preliminares porque la vagina no habrá alcanzado su amplitud máxima y podría no estar suficientemente lubricada.

Postura de la sorpresa

Esta postura es ideal para los amantes del sexo más salvaje y primitivo. El hombre situado de pie toma a la mujer por detrás y la penetra agarrándola de la cintura.

Postura del perrito

Posición apasionada y salvaje en la que ambos se colocan a cuatro patas. Permite la posibilidad de la penetración anal o vaginal.