
- Navidad - Suat Eman
Tal y como explican F. Alonso Romero y M. Cornide Castro Piñeiro en un extenso y bien documentado artículo, el conocimiento del calendario, además de ser uno de los logros más relevantes del neolítico, tuvo, para los agricultores de nuestra prehistoria, una finalidad práctica: el ritmo solar marcaba el de sus vidas. Los agricultores dependían del ciclo anual de la naturaleza para sobrevivir, y el uso del calendario les ayudó a programar las fechas de siembra y recolección, "y a conocer de antemano la época en la que los campos iban a dar sus frutos".
El ciclo del sol y la Navidad
Gracias a las construcciones megalíticas esparcidas a todo lo largo de la costa atlántica europea, y su orientación hacia el Este, sabemos que estos pueblos debieron darse cuenta tras mucha observación de los fenómenos astrales de que al cabo de un tiempo el sol volvía a salir del mismo lugar del que ya había salido, y que coincidía "con el punto extremo de su aparición cíclica sobre el horizonte, lo cual debió servirles para señalar, desde su lugar de observación, ese punto sobre el que habían visto salir el sol en los días más largos y cálidos". Descubrirían así el solsticio ("sol detenido") de verano, y el ocaso del sol el día de su desplazamiento más largo a lo largo del cielo, y lo mismo para fijar la salida y la puesta del sol el día más corto del año: el solsticio de invierno.
La Navidad y el solsticio de invierno
Todo esto daría lugar a una serie de creencias y tradiciones para explicar el misterio del ciclo anual de la naturaleza y que constituían, además, motivo para conmemorar esas fechas y propiciar así a las deidades. Las celebraciones del calendario agrícola se centraban principalmente en las fechas equinocciales y solsticiales: la Pascua se celebra aún en la primera luna llena tras el equinoccio de primavera, y la Navidad coincide prácticamente con el solsticio de invierno.
Los antiguos dioses paganos y la Navidad
De esto se desprende que de muchas costumbres y fiestas populares podamos hallar restos fósiles de antiguos rituales paganos. La mayoría de los dioses antiguos (Horus, Mitra, Dionisio, Adonis, Tamuz, Durnuzi), renacían hacia el fin de diciembre. "La creencia más generalizada era que, al ser la noche del 24 al 25 de diciembre la más larga, y a partir de allí, los periodos diurnos más extensos, se favorecía el crecimiento de la vegetación."
Cristo y el sol
En la antigua Roma, el culto a Mitra ofrecía puntos en común con el cristianismo, no solo por su sentido moral y por la observancia de un día semanal de descanso, sino también por sus creencias escatológicas. Ya hacia el siglo IV, Constantino y su madre adoraban al sol invencible, culto que no abandonarían ni aun después de haber abrazado el cristianismo.
Resurrección y Navidad
Pero la religión solar fue fácilmente convertida en el nuevo monoteísmo (lo que a su vez nos retrotrae al culto al disco solar instituido en el antiguo Egipto por Akenatón). El sol ocupaba un lugar análogo para la religión judía, puesto que la luz era un atributo de Yahvé, mientras que la iglesia cristiana llamaba a Cristo "luz del mundo". Por otra parte, tanto Cristo como el sol, triunfan sobre la muerte a través de la resurrección.
Saturno y la Navidad
También se cree que en los orígenes de la Navidad puede estar el Saturnal romano que se celebraba del 17 al 23 de diciembre en honor a Saturno, "dios de la agricultura, y que se celebraba durante siete días de diversiones y banquetes". Pero el día del 24 al 25, una vez introducido en Roma el culto mitraico de la mano de muchas costumbres semíticas entremezcladas y otras del Asia Menor, se dedicaba a Mitra.
Mitra y la Navidad
El 24 de diciembre moría Mitra y comenzaba al atardecer su "tránsito inferior del sol". Luego, el 25, el sol renacía victorioso como el sol invencible, NATALIS SOLIS INVICTI. El toro y su sacrificio, propios de esta tradición, tenían un vínculo simbólico con la muerte y la resurrección, y con el crecimiento de las cosechas. Es posible que esta asociación influyera en la fusión con el culto a Saturno.
La Navidad, el pesebre y los villancicos
En cualquier caso, el día de Navidad solo fue oficialmente reconocido en 345. Los primitivos cristianos no celebraban los natalicios sino la muerte de personas importantes. Recién en la Edad Media, la Iglesia añadió el pesebre, originario de Tierra Santa, y los villancicos, a sus costumbres navideñas. Pero la Navidad, tal y como la conocemos, tras muchos avatares, no llegó hasta el siglo XIX.
El árbol y la Navidad: los pueblos nórdicos
En el norte de Europa se celebraba una fiesta de invierno, el Yule, coincidiendo con las Saturnalias romanas.
Los antiguos indoeuropeos observaban que hacia la mitad del invierno "el sol quedaba inmóvil cerca del oriente meridional y luego se elevaba paulatinamente. Temiendo que la oscuridad de diciembre venciera al sol y lo ocultase, decoraban las casas con acebo, hierba, muérdago y laurel", hojas perennes, símbolo de inmortalidad. También se hacían grandes fogatas nocturnas con leños y se encendían velas, rito mágico imitativo por el que se intentaba revivir al sol. Los árboles iluminados no eran solo símbolo de fertilidad sino también de renacimiento solar.
