El orgasmo o descarga físico-emocional de la tensión sexual ha sido definido de diversas maneras durante la historia de la humanidad, y aún ahora se siguen sumando definiciones. Esto se debe, quizás, a que toda emoción compleja - y vaya si un orgasmo abarca complejidad- es particular para cada ser que la experimenta e inútil sería tratar de encerrar su significado en una definición universal.

La sexualidad femenina, en particular, es considerada por investigadores como Morley JE y Kaiser FE de la Universidad de St. Louis, Estados Unidos, como un "proceso extraordinariamente complejo".

Sin embargo, científicamente, se ha podido comprobar que más allá de la subjetividad de la experiencia orgásmica, el cerebro responde activando las mismas regiones en todas las personas, si bien el cerebro femenino reacciona de manera particular debido a sus patrones hormonales diferenciales.

La energía que fluye durante el momento del clímax poseería la capacidad de ejercer un feedback o retroalimentación positiva sobre los centros del placer y las hormonas relacionadas, razón por la cual si en vez de ser descargada compulsivamente como meta de la interacción sexual, se lograra su recirculación a través del organismo de manera cíclica, ofrecería una dimensión mayor y más integral de aquello que el placer significa y genera en el cerebro humano.

¿De qué hablamos anatómicamente cuando hablamos del orgasmo femenino?

Parafraseando al científico Meston CM y a su equipo de colaboradores del Departamento de Psicología de la Universidad de Austin, Texas, Estados Unidos, el orgasmo en las mujeres podría definirse -de ser esto posible- como una reacción variable y transitoria semejante a un pico de intenso placer que crearía un estado de consciencia alterado. Se acompaña comúnmente, agrega Meston, de movimientos involuntarios o contracciones rítmicas de la pelvis y de la musculatura estriada cincunvaginal, sumándose en algunas mujeres incluso, contracciones uterinas y anales concomitantes a miotonías de los miembros inferiores (temblores, debilidad muscular) debida a la variación en el flujo sanguíneo local de los mismos.

Según los resultados de las investigaciones llevadas a cabo por este grupo de científicos, si bien el orgasmo femenino puede ser inducido por una variedad amplia de estímulos, aún no está claro el estímulo o momento por excelencia que los dispara.

Cabe aclarar que esta definición es puramente física, dejando afuera todo el contenido emocional-espiritual que en muchos casos define al orgasmo más que sus elementos fisiológicos y anatómicos.

La concepción holística del orgasmo cerebral femenino

El orgasmo comienza en el cerebro. Se percibe en el cuerpo pero es en el cerebro y en la energía que fluye a través del ser humano como energía vital o pulsión de vida en su máxima potencia que el orgasmo se sostiene e intensifica.

Según Diana Richardson, discípula del maestro espiritual hindú Osho, el cuerpo y la mente no debieran disociarse durante el acto sexual y la energía que se genera durante el placer de ser amado y amar idealmente debieran fluir sin descargarse compulsivamente en un orgasmo físico a modo de alivio corporal.

Richardson sostiene que la energía que se genera en el clímax sexual, si recirculara por el organismo durante sucesivos ciclos en el transcurso de un mismo acto sexual, poseería funciones sanadoras, las cuales podrían ser utilizadas por el cerebro para estabilizar y reforzar circuitos neuronales relacionados con las emociones positivas o asociadas al estado de "bienestar o felicidad".

Ese tipo de orgasmo integral se diferencia marcadamente de la descarga compulsiva que ordinariamente se busca como meta en una relación amorosa, y es considerado innato e involuntario en el caso de algunas mujeres mientras que no lo es en otras, si bien se sabe que con entrenamiento puede lograrse mantener la alineación cuerpo (cerebro) -mente-espíritu en ese estado de placer supremo sin la necesidad autoimpuesta de generar una descarga primordialmente anatómica, la cual llegará por sí misma de todos modos.

Conclusión

El orgasmo femenino tanto desde el punto de vista científico como espiritual se relaciona íntimamente con la energía sexual procesada a nivel cerebral, y desde allí, provoca la serie de manifestaciones físicas musculares características, que aún siendo subjetivas, poseen una marcada tendencia a expresarse de manera compulsiva e involuntaria.

La mujer, algunas veces de manera innata o natural, otras a través de un entrenamiento, puede hacerse dueña de la intensidad, profundidad y duración de sus orgasmos por medio de la recirculación de la energía sexual en su punto máximo sin que esta se transforme en una tensión insoportable a ser descargada físicamente.