Desde la aparición del Cristianismo dentro del mundo judío y su lenta pero firme implantación en el Imperio Romano, la religión cristiana se convierte en la religión oficial y dominante en gran parte del mundo romano. Será el catolicismo quien gobierne los destinos religiosos sustituyendo a otros cultos y creencias.

El marco histórico. Resumen espacio-temporal

Declarada religión oficial del Imperio Romano, el Cristianismo se fue enraizando en las instituciones y en la sociedad. Con el desmoronamiento de ese imperio a causa de las invasiones bárbaras entre otras, nace el germen de los estados modernos en la Europa Occidental, y el Cristianismo se amolda al nuevo poder para dominar definitivamente el nuevo marco sociopolítico surgido.

La Edad Media supone el dominio del clero cristiano ayudado por los reyes y la nobleza feudal, que con donaciones y privilegios convierten a la Iglesia en un nuevo poder aristocrático y terrateniente. De estructuras claramente feudales, este poder dominará el ámbito religioso y social hasta el final de la Edad Media.

El clero secular que era el que estaba en contacto con el pueblo analfabeto y temeroso de Dios, vivía en la opulencia y la riqueza. Los votos de los clérigos de pobreza, castidad, y obediencia, eran olvidados rápidamente por la mayoría de ellos. La simonía, la lujuria, y la gula, eran actitudes propias de la vida clerical de la época.

Los primeros descontentos ante la situación, fueron cristianos que ajenos a ese dominio del clero secular como auténticos señores feudales, se retiraron de la vida social y se fueron a vivir de una forma eremítica semejante a la que se citaba en la Biblia.

En el Siglo X surge la primera gran orden monástica de la historia. El 11 de septiembre del 910 se crea la orden cluniacense en la abadía de Cluny. Se adopta la Regla de Benito de Nursia, por lo que también son llamados benedictinos. Otra orden importante es la del Císter, fundada en 1098 por Roberto de Molesmes y expandida por Bernardo de Claraval. Una orden destacada por su forma peculiar de espiritualidad y regida por la Regla de San Benito es la de los cartujos, fundada por San Bruno en 1084 y de vida totalmente contemplativa.

Descontento social ante una Iglesia rica y privilegiada

En la Baja Edad Media el clero secular dominaba la sociedad de forma alejada de las predicaciones de Jesucristo. La corrupción y las prácticas citadas llevaron a cristianos descontentos ante esta situación a plantearse nuevas formas de espiritualidad. Las órdenes regulares implantadas tampoco satisfacían sus anhelos, pues se alejaban del mundo como los benedictinos o se dedicaban al trabajo manual como los monjes blancos del Císter.

Es en esta época donde surgen movimientos paralelos y la mayoría declarados heréticos por la Iglesia. Valdenses, beguinas, y cátaros (albigenses) son algunos de ellos. La mayoría predicaban la pobreza y la vuelta al cristianismo original. Muchos provenían de la incipiente burguesía que había surgido con fuerza en plena Edad Media ya que disponía de riqueza material derivada de sus actividades como artesanos y comerciantes. Todas estas corrientes ponían en peligro la propia hegemonía de la Iglesia y fueron perseguidas desde el propio papado incluso con medios militares.

Surgimiento de las nuevas órdenes religiosas

En este clima tan revuelto en cuanto a la espiritualidad se refiere, empiezan a surgir las que con el tiempo se llamaran órdenes mendicantes. La predecesora por citarla de alguna manera, es la Orden Premonstratense, que en España se conocieron como mostenses, una orden regular de frailes que predicaban la pobreza voluntaria y la vuelta a las prácticas del cristianismo primitivo.

En la Italia del Siglo XIII, la potente burguesía surgida en las ciudades y con florecientes actividades económicas como por ejemplo el comercio; el lujo y la propia ubicación del Papado, hacían que la riqueza lo inundara todo; y como no podía ser de otra forma, salpicaba la vida religiosa de aquel entonces.

En este marco espacial, Francisco de Asís irrumpe en la Historia rebelándose contra esta situación, volviendo a la pobreza voluntaria y creando la Orden de Frailes Menores, más tarde Franciscanos en su honor. En 1223 el Papa Honorio III los legaliza como orden y se estructuran en tres ramas. La primera la de frailes, la segunda la de monjas o clarisas llamadas así por Santa Clara, y la tercera la de seglares o terciarios. Se regulan con la regla escrita por Francisco. Amante de los animales y de la pobreza material, fue canonizado en 1228 por Gregorio IX. Sus herederos se expandirán rápidamente por el mundo cristiano.

Cuando Domingo de Guzmán es enviado a predicar contra la herejía albigense se gesta la segunda orden mendicante. Dedicada a la predicación más que a la espiritualidad franciscana, se le conocerá en honor a su fundador como Orden de Predicadores o Dominicos. Fueron los monjes de la Inquisición desde que Honorio III aprobó la orden el 22 de diciembre de 1216. Como su predecesor Francisco fue canonizado por el Papa Gregorio IX en 1234.

De menos calado histórico pero no de menos importancia, surge en el Siglo XII la Orden de Nuestra Señora del Carmelo por la unión de los eremitas que allí moraban y que en 1209 se dotan de una regla. Destacados miembros de la orden y fundadores en 1562 de los Carmelitas Descalzos para frailes y para monjas son Santa Teresa de Jesús y San Juan de La Cruz.

La cuarta orden es la de los Agustinos, que nacen por la unión de núcleos de eremitas asentados en la región toscana. Se regulan por la Regla de San Agustín y fueron aprobados como orden en 1244 por el Papa Inocencio IV. De ella surgirá el fundador del protestantismo Lutero.

Existe una quinta orden pero de menor peso que las anteriores que es la de los Servitas, fundados en 1233, y reconocidos como mendicantes en 1424, que adoptaron la Regla de San Agustín.

Valoración de su nacimiento e implantación

Su legado vive hoy fuertemente enraizado en nuestra sociedad, por lo que su éxito es indiscutible independientemente de otras valoraciones.