La onomástica italiana, al igual que la de otras lenguas, se ha formado a lo largo de siglos, alimentándose de lenguas diversas: en primer término, el latín, pero también de poblaciones prelatinas; de las invasiones árabes y germanas; el griego y el hebreo como base de la tradición cristiana; el francés, el español y otras lenguas de pueblos que han estado en contacto con el italiano.

Los nombres de persona en italiano

Este es el sector del léxico más expuesto a influencias externas, entre las cuales, las convicciones religiosas, los fenómenos culturales y sociales (literatura, arte, política), la moda. La elección del nombre de un hijo puede ser motivada por la tradición de mantener un nombre familiar (particularmente el de la abuela o el abuelo), por la devoción de un santo, por la admiración de un personaje famoso. En los últimos años, los estudiosos han hablado de una “revolución onomástica”, atribuida a los medios de comunicación, que han llevado a abandonar muchos nombres tradicionales a favor de nombres exóticos.

Distinción de los géneros masculino y femenino

Del mismo modo en que se forman el masculino y femenino de los sustantivos comunes en italiano, se forman los géneros de los nombres propios. Los nombres masculinos terminan, generalmente, en -o (Giorgio, Marco, Roberto, Stefano), si bien no faltan los nombres terminados en -a (Andrea, Luca, Nicola), en -e (Giuseppe, Gabriele), y en -i (Giovanni, Luigi). Los nombres femeninos terminan generalmente en -a (Anna, Chiara, Sara), la terminación en -e es minoritaria (Adele, Matilde), mientras son casi ausentes los terminados en -i y en -o (Noemi, Consuelo y pocos más).

El pasaje de nombre de un género a otro es casi siempre posible y más frecuente del masculino al femenino (Francesco, Francesca). En cambio, es muy raro el pasaje del masculino al femenino, por ejemplo Mario, impuesto por considerarse el masculino de María, que en realidad tiene otro origen, romano y no hebreo, como se demuestra con la diversa posición del acento.

Nombres propios italianos de origen latino, germánico, francés, español e inglés

Los nombres de tradición latina entraron en la lengua italiana según las mismas reglas fonomorfológicas de los nombres comunes (Giulio/-a, Paolo/-a); los nombres grecos, históricos o mitológicos como Diana, Alessandro, Filippo; nombres hebreos ingresados con el cristianismo (Giacomo o Jacopo); nombres que ingresaron con los invasores germánicos: Enrico, Federico, Alberto; nombres franceses, españoles e ingleses como por ejemplo, Luisa, Diego, Álvaro y Pamela.

Origen de los apellidos italianos

Los apellidos italianos, nacidos en momentos diversos según las áreas geográficas, descienden del apelativo de un padre de familia, indicado con el nombre de bautismo; o con un hipocorístico (forma diminutiva, abreviada o infantil); o con un sobrenombre, dado comúnmente por alguna característica física; o por la profesión ejercida; o por la localidad de proveniencia.

Las principales derivaciones de los apellidos

Una característica típica de la lengua italiana es la de alterar nombres mediante sufijos: -ello/-a, -ino/-a, -etto/-a, -uccio/-a, los cuales son frecuentes en los apellidos de Italia (Martinelli, Giannini, Jacobuccio).

Algunos apellidos derivan de una característica física, como el color del cabello: Rossi (rojos), Bianchi (blancos), Bruni (marrones); o representados solo por un nombre: Testa (cabeza), Capello (cabello), Gamba (pierna).

Desde un punto de vista lingüístico, hay apellidos originados por mecanismos de formación de palabras, como por ejemplo la composición: adjetivo + nombre = Bellomo (hombre bello); nombre + adjetivo = Barbarossa (barba roja); verbo + nombre = Bevilacqua (bebe agua, sobrenombre dado a un abstemio).

Los apellidos derivados de topónimos, generalmente llevan la proposición di o de: Di Napoli, D’Ancona; o corresponden a la etnia: Griego, Romano, Lombardi, Napolitano.

Muchos apellidos italianos se pueden explicar en relación al léxico dialectal; el origen regional de algunos apellidos es revelado por la fonética, por la posición del acento o por la grafía.