Que en 1851, -como se ha visto en el artículo anterior- cuando la Liga de los Comunistas no tenía más de 4 años de existencia y el Manifiesto Comunista no más de 3 años de editado, es decir en una fecha en que tanto una como otro eran desconocidos en el Río de la Plata; Alejandro Magariños Cervantes, en Montevideo, atacara a los ''caudillos'' partidarios de la abolición de la esclavitud como ''modernos Atilas'' que promueven ''la libertad de los esclavos, la igualdad de derechos y el comunismo en acción'', lo que según el autor tiene como finalidad ''el despojo y exterminio de la clase ilustrada y opulenta por la ignorante y miserable'', requiere una explicación.

Otro caso de ''palabra-ruido''

De ''comunismo'' dicho en el contexto de 1850, se puede pensar lo mismo que de ''populismo'' dicho en el contexto actual. Guy Hermet, en Populismo, democracia y buena gobernanza (2008), dice, como ya señalamos en otro artículo, que se trata de una ''palabra-ruido'', es decir, de comprensión intuitiva y ambigua, cuyo uso en un determinado contexto tiene por única finalidad estigmatizar a un adversario; generar un determinado impacto psicológico en el curso de un debate ideológico en el cual se usa como un arma (verbal) arrojadiza.

El hecho de que Alejandro Magariños Cervantes y otros representantes del pensamiento oligárquico americano del siglo XIX, tanto de Suramérica como de Norteamérica, construyeran un campo semántico donde ''comunismo'' es lo mismo que abolicionismo o igualitarismo; en definitiva, lo mismo que democracia, refuerza esta idea.

Se trataría entonces de una construcción paralela pero independiente del marxismo; incluso, sin conocimiento de este, como ocurrió con la idea de ''lucha de clases'' -que se empleaba en el análisis histórico en el área grecolatina por lo menos desde los tiempos de Apiano Alejandrino en el siglo II d. C. como una modalidad de ''luchas civiles'' (luchas por los derechos civiles, por el acceso a la ciudadanía plena)-; y cuyo sentido original la misma oligarquía invirtió, cuando tradujo, ya en el siglo XVI, como ''guerras civiles''.

Uso, construcción, inversión significativa y resignificación de vocabulario político

El propio Carlos Marx nos da una pista muy importante sobre esto cuando dice, en el mismo Manifiesto Comunista (1848):

''¿Qué partidario de oposición no ha sido motejado de comunista por sus adversarios en el Poder? ¿Qué partido de oposición a su vez, no ha lanzado, tanto a los representantes más avanzados de la oposición, como ha sus enemigos más reaccionarios, el epíteto zahiriente de 'comunismo'?''

Es decir que se trata de una palabra que ni Marx ni la Liga de los Comunistas inventaron, una ''palabra-ruido'' anterior a ellos, cuya única función era atacar a un adversario (Marx la llama ''fantasma''); y de la cual él y la Liga se apropian con la finalidad de resignificarla. Marx aspiraba mediante este procedimiento a convertir a su propia corriente de pensamiento en una antítesis ideológica auténtica, aunque el procedimiento no dejaba de ser peligroso, porque exponía al grupo como futuro blanco de ataques.

Pero esta resignificación, o no interesaba a las oligarquías americanas, o no la conocían. Los expertos en el tema señalan que antes de 1914 el impacto del Manifiesto Comunista fue débil fuera de la Europa atlántica e incluso dentro de la Europa atlántica recién empezó a sentirse hacia 1870-1880. Y durante la oleada de 1848 en la misma Europa pasó casi inadvertido.

Génesis y genealogía de una ''palabra-ruido''

Con todo, Marx también da a entender, en el mismo Manifiesto Comunista, que ''comunismo'' en su época es un mote que se aplica más a unos que a otros. A estos blancos preferidos de los ataques de las aristocracias europeas, los considera sus precursores. Federido Engels, en el prólogo a la edición en lengua alemana del Manifiesto publicado en Londres, en 1890, nos dice a quiénes concretamente, antes de 1850, se atacaba de forma más frecuente: a Étienne Cabet (1788-1856) y a Wilhelm Weitling (1808-1871).

Pero los partidarios de Cabet no se llamaban a sí mismos ''comunistas'' sino ''icarianos''; y los partidarios de Weitling se veían a sí mismos como demócratas igualitarios y cristianos auténticos. Weitling, fue uno de los fundadores de la Liga de los Justos, que se formó en 1836 y en 1847 pasó a llamarse Liga de los Comunistas, dándole a la palabra el sentido que ya se ha explicado.

El proyecto de Cabet no se llamaba ''comunismo'' sino ''Icaria''. Era una sociedad ideal que describió por primera vez en un libro donde narra un viaje imaginario: ''Viaje a Icaria''. Cabet se dedicaba a comprar tierras y fundar colonias en Norteamérica, como hacía mucha gente en la época, de la misma manera que habían hecho los puritanos ingleses y holandeses en el siglo XVII. Una de ellas está representada en el grabado que ilustra este artículo: la colonia de Nauvoo, en Illinois. Algunas de ellas funcionaron mejor que otras y todavía existen. Estaban organizadas de acuerdo con lo que en la época se creía que era lo ideal en materia de organización social.

En cuanto a Weitling, autor de un ''Evangelio de los pobres pecadores'', se apoyaba en François-Noël Babeuf, cuyo ideal era la Reforma de los Gracos en la Antigua Roma y había fundado la ''Sociedad de los Iguales''; en el teólogo Felicité de Lamennais, que escribió ''El Libro del Pueblo'' y fundó un tipo de catolicismo popular; en los anabaptistas de Münster, de 1534, entre los que Jan Matthys había predicado el regreso al cristianismo primitivo. Todo esto era ''comunismo'' en tiempos de Marx.

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