Los verbos oír y escuchar hacen referencia al mismo sentido de los cinco que usamos a diario, pero significan cosas diferentes. En los últimos años se ha notado un aumento del uso incorrecto del verbo escuchar, muy especialmente en la televisión, medio de comunicación por excelencia.

Algo parecido ocurre con los verbos ver y mirar. Utilizar uno en lugar del otro puede suponer estar diciendo cosas diferentes, aunque en este caso el error no se produce de manera tan extendida como en el de oír y escuchar.

Diferencias entre oír y escuchar

La primera definición de oír (entre otras) que da la Real Academia de la Lengua es “percibir con el oído los sonidos”. Por su parte, escuchar consiste en “prestar atención a lo que se oye”. Por tanto, oír supone recibir sonidos, tanto si nos interesan como si no. Escuchar implica la acción de oír pero exige un extra de actitud: hay que prestar atención, procesar la información que llega.

Últimamente, es habitual oír en televisión preguntar a un oyente que llama por teléfono: “¿Me escuchas?”, quizá en un afán por resultar más culto, cuando en realidad se están confundiendo significados. Es evidente que la pregunta hace referencia a si el espectador recibe correctamente el sonido, pero lo que realmente se le está preguntando es si permanece atento a lo que se le está diciendo.

Si el espectador no responde, con toda seguridad el problema no reside en su actitud (el espectador sí escucha), sino en algún fallo técnico que le impide oír lo que está esperando; el espectador no oye a pesar de estar escuchando.

Diferencias entre ver y mirar

Igual ocurre con los verbos ver y mirar, aunque no es habitual la confusión en este caso. Mientras que mirar consiste en “dirigir la vista a un objeto” (RAE), ver es la acción de “percibir por los ojos los objetos mediante la acción de la luz” (RAE). En este caso la actitud vuelve a ser el matiz que hace que, siendo algo parecido, ver y mirar sean cosas distintas.

Una actitud abstraída puede provocar estar mirando sin ver. Para mirar es necesario que se produzcan las condiciones físicas necesarias; para ver, además, debe haber interés para procesar la imagen que se observa, percibirla. El ejemplo donde se ve más claramente es en la expresión “ver la televisión”. Cuando hay algo interesante en televisión, la vemos, prestando atención a la información emitida, en lugar de únicamente mirarla.

Un alumno distraído o somnoliento puede estar mirando la pizarra sin ver lo que pone lo mismo que puede estar oyendo sin escuchar lo que le dicen. Simplemente su cuerpo permanece en la postura correcta pero su cabeza se encuentra en otros asuntos.