En 1867 los indios chamulas se levantaron contra sus amos, los blancos o ladinos, propietarios de la tierra y del poder. Rosario Castellanos en el momento de escribir esta novela investigó sobre este hecho; pero como llegó a reconocer en una entrevista a Emmanuel Carballo, "Diecinueve protagonistas de la literatura mexicana del siglo XX" (1965): "Acerca de esta sublevación no existen documentos. Los testimonios que pude recoger se resienten, como es lógico, de partidismo más o menos ingenuo... Por más que quise, no pude ser fiel a la Historia... Lo trasladé de tiempo, a un tiempo que conocía mejor, la época de Cárdenas, momento en el que, según todas las apariencias, va a efectuarse la reforma agraria en Chiapas".

Personajes de "Oficio de tinieblas"

Leyendo la novela se distinguen dos grupos bien definidos:

Los blancos o ladinos, encarnados en dos antagonistas. Leonardo Cifuentes, de personalidad similar al personaje creado por Carlos Fuentes en la novela "La muerte de Artemio Cruz" (idénticos en sus ansias de poder y en su ausencia de escrúpulos morales) es descrito por Rosario Castellanos sin piedad ya que "...cada vez que sus deseos entraban en conflicto con la normas que la sociedad proclama como intangibles Leonardo pasaba por encima de ellas dando preferencia y satisfacción a sus deseos... Porque la maña me da lo que suerte me niega... Y Cifuentes aún era capaz de suponer en la vasta ingenuidad de su egoísmo, que aquellos a los que pasaba atropellando no iban a volver en contra suya su rencor sino su gratitud". El otro tan diferente es Fernando Ulloa, un humanista, "...un burócrata de naturaleza venal, puesto que la burocracia es el último refugio de la indigencia. Tal certidumbre resultaba alentadora en el caso de Ulloa, porque su misión de hacer vigentes las nuevas disposiciones agrarias, de dotar de tierras a las comunidades indígenas y rectificar los límites de las haciendas causaría trastornos cuya gravedad nadie podía prever".

Pedro González Winiktón y Catalina Díaz Puiljá representan los indígenas, también con dos personalidades distintas. Aunque sean matrimonio, él aprende español, cree las palabras de Fernando Ulloa sobre la justicia y la viabilidad de la reforma agraria. Ella, por contra, mujer estéril, poseedora de la magia de los brujos provocará con el acto final de la crucifixión de su hijastro, Domingo, el inicio de la violencia y su autodestrucción.

Dentro de los dos grupos anteriores hay personajes secundarios que ayudan a reflejar el carácter contradictorio, mezquino, bondadoso que ayuda a que la historia parezca real. Así estaría la esposa de Cifuentes, consumida por el desamor, la humillación y las infidelidades de su esposo; la hija de esta, Idolina, muchacha quejica y carente de vida; la amante de Cifuentes, esposa de Fernando Ulloa, Julia Acevedo "La Alazana" ,que representa la vida y el empuje; Mercedes Solorzano, alcahueta, celestina de Cifuentes que le proporciona jóvenes indígenas a las que violar.

La Iglesia y el poder

Los personajes anteriores se complementan con el papel de la Iglesia en el conflicto que es claramente ausente de la realidad del pobre indio. Dos nombres aparecen en la novela: el padre Mandujano y el obispo Alfonso Cañaveral. El primero, ambicioso, colérico tiene un final trágico; el segundo más sumiso a las "corrupciones" de la vida, terminará sus días postrado en la cama lleno de remordimientos y dolor. Rosario Castellanos lo retrata con estas palabras: "Los años habían destruido su creencia en el carácter sagrado de la vida... Sufrimiento y culpa, meditaba don Alfonso, son las dos orillas de la desgracia".

La crucifixión en "Oficio de tinieblas"

Hacia el final de la novela se produce el momento más cruento, por su irracionalidad, de la historia. La crucifixión del niño Domingo que, a modo de un Cristo indígena, pretende extender la liturgia católica al mundo ancestral de sus antepasados. El que "nació cuando el eclipse", señal inexcusable para Catalina de que es el "elegido".

"Derramarán la sangre de un inocente y los que la beban han de levantarse llenos de ímpetu... Ahora nosotros también tenemos un Cristo. No ha nacido en vano ni ha agonizado ni ha muerto en vano. Su nacimiento, su agonía y su muerte sirven para nivelar al tzotzil, al chamula, al indio, con el ladino. Por eso, si el ladino nos amenaza tenemos que hacerle frente y no huir... ¿Qué podemos temer? Sobre nuestras cabezas ha caído la sangre del bautismo. Y los que son bautizados con sangre , y no con agua, está dicho que no morirán... Salgamos, pues, al encuentro del ladino. Desafiémoslte y vamos a ver cómo huye y se esconde. Pero si se resiste nos trabaremos en la lucha. Somos iguales ahora que nuestro Cristo hace contrapeso a su Cristo".

Rosario Castellanos, la visión de una niña

La escritora desde su niñez observó las injusticias que su familia de terratenientes daba a los indios en las antiguas tierras de los mayas. Su empatía hacia el mundo indígena en cierta manera se relaciona con su imagen como mujer en un mundo hostil dominado por hombres. Rosario Castellanos, una de las primeras feministas de México, se percató de que indígenas y mujeres eran los elementos débiles de una vida dura, trágica que necesita la violencia física (en el caso de los indígenas) en "Oficio de tinieblas" o escrita (en el caso de Castellanos) para exorcizar demonios.