El salón de la fama del béisbol profesional de México es un recinto que resguarda los objetos representativos de sus figuras tal como si se tratara de ofrendas dedicadas a los seres queridos que han fallecido.

Ya es noviembre, pero es un magnifico día soleado que invita a presenciar la entronización los recientes miembros. Las semillas vuelan alrededor de la vieja fábrica de cerveza que alberga al museo. Las enredaderas invaden la construcción como un abrigo verdoso que contrasta con el fuerte color del ladrillo.

Se respira quietud y felicidad en el jardín de la cervecería. Se escuchan los graznidos de los loros cabeza amarilla que ahí habitan, en sustitución a aquellos pavos reales que otrora majestuosamente se paseaban entre los visitantes.

Inmortales

Justo a la entrada del museo irrumpe el sonido de la chicharra que anuncia la salida de los trabajadores de las tres de la tarde. Frente al salón, seis esculturas esperan al visitante. Sus placas señalan que se trata de los jugadores nacionales y extranjeros más destacados; ellos son Roberto Ávila, Fernando Valenzuela, Héctor Espino, Babe Ruth. Cy Young y Ty Cobb.

A la derecha justo antes de las puertas de cristal, se halla una pequeña escultura que representa un guerrero prehispánico de la cultura de occidente que sostiene un garrote a la usanza y posición de un bateador moderno. De hecho hay especialistas que aseguran que se trataba de un jugador de pelota, en un deporte similar al base ball.

En la recepción se aprecian una serie de fotos de figuras según sus posiciones en el diamante, por ejemplo de catchers aparece Rodolfo Rudy Sandoval, Francisco Paquín Estrada y Miguel Pilo Gaspar; mientras que en primera bases destacan Ángel Castro, Ronnie Camacho y Héctor Espino.

Entronización

Hay igualmente fotos memorables de varias décadas, comenzando por los setentas cuando fue inaugurado el Salón de la Fama con una flama que encendió un jovencito jugador de la liga pequeña de aquel entonces.

El salón contiene una muestra permanente de objetos de valor de los deportistas del base ball en México; pero además incluye un espacio de muestras temporales. Esta vez ahí se celebra la entronización, es decir la inclusión en el Salón de la Fama de cuatro figuras: ellos son Mercedes Esquer, Teodoro Higuera, Jimmie Collins y Arturo León Lerma.

Se exhiben por primera vez en este sitio prendas y trofeos de los nuevos miembros. El León Lerma aparece en una serie de fotos a edad avanzada señalando el recinto histórico de los naranjeros de Hermosillo. Abajo se distinguen el uniforme en naranja y blanco del equipo de Navojoa y una chamarra que porta la leyenda “Dr. Arturo León”, demás de una gran “H” en negro y naranja.

Reconocimientos preciosos

Jimmie Collins aportó sus reconocimientos tales como una placa del círculo de cronistas de béisbol A.C., un reconocimiento de los bravos de Atlanta como el más valioso jugador y otro cuadro por ser parte del “equipo todos estrellas” que recibió en la serie del Caribe celebrada en 1984. Además incluye un bate y un trofeo de vidrio que obtuvo por ser campeón bateador en 1979 dentro de la Liga Mexicana del Pacifico.

La aportación de Teodoro Higuera es un magnifico retrato a grafito, una pelota firmada con el número 49, una gorra azul de Milwaukee, un guante firmado con su apellido, una medias azules y el uniforme de los Brewes.

Los objetos preciados de Mercedes Esquer constan del uniforme de los sultanes de Monterrey con tipografía roja, gorra roja de los mayos de Navojoa, spikes blancos muy desgastados por su uso, guante caqui con firma y bandera mexicana, camisola de Yucatán en gris verdaceo y verde y otra de Navojoa en amarillo medio con rojo.

Cada una de las fotos de cuerpo entero se acompaña de su biografía y de un bate negro que conmemora el evento y rinde tributo a los nuevos miembros del 2011.

Nicho de los consagrados

Por otra parte se destaca en medio del saloncito la pieza del mes. Este mes le tocó el turno a la camisola de Derek Bryant quien ganó dos títulos como mánager de los naranjeros de Hermosillo de 1994 a 1995 y de 2000 a 2001. La camisola es negra con letras cursivas naranjas. Se aprecia en ella unas leyendas que dicen "serie del Caribe 1995" y "bicampeones".

En otra sección un cartel indica el proceso de selección para ser incluido en el nicho de los consagrados. Se trata de un salón que contiene los relieves de la imagen cada una de las personalidades acompañadas de una reseña biográfica inscrita en una placa de metal amarilla que destaca sus logros en el ambiente del deporte.

Este salón impone respeto tal como si fuera la cripta de un panteón de hombres ilustres. Los requisitos son sobresalir como jugadores, mánagers, umpires, directivos y cronistas de béisbol; por lo menos diez temporadas en la liga mexicana de verano o del Pacifico; 15 temporadas en ambos circuitos y cinco años de retirado o haber fallecido.

Son 187 los consagrados. 156 mexicanos, 16 cubanos, 14 norteamericanos y un puertorriqueño. 129 jugadores, 22 directivos, 19 cronistas, 10 umpires y 7 mánagers. 52 lanzadores, 27 jardineros, 13 terceras bases, 10 segundas bases, 9 paradores en corto, 9 receptores y 8 primeras bases.

Al salir, como siempre, la remembranza de las hazañas deportivas de los consagrados del deporte del diamante y los batazos, invita a disfrutar un tarro de cerveza que como cortesía se brinda en el jardín del Salón de la Fama del béisbol mexicano.