Tras la mala experiencia de las Guerras Mundiales, en el año 1945 se creó la Organización de las Naciones Unidas (ONU) con el objetivo de asegurar la paz mundial, así como la defensa de los derechos humanos.

La ONU fue inaugurada con 51 países firmantes, pero a día de hoy está representada por la totalidad de países del globo. Durante su creación se tuvo muy en cuenta la mala experiencia de la Sociedad de Naciones, organismo creado tras la primera gran guerra, que no hizo sino alimentar a países como Italia, Japón o Alemania para una futura contienda: La Segunda Guerra Mundial.

Financiación de las Naciones Unidas

La ONU, así como sus agencias especializadas, se nutre de las contribuciones obligatorias de sus Estados miembros, aunque a esto hay que añadir las donaciones privadas. Para este año se fijó un presupuesto que roza la no desechable cifra de 5.000 millones de dólares americanos.

La organización mundial determina las aportaciones de cada país según el ingreso nacional por habitante fijando un nivel máximo del 22% y un mínimo del 0,01% del total. España en estos momentos aporta poco más del 2,5% lo que supondría cerca de 90 millones de euros.

Voz y voto, el derecho de veto en la ONU

Pero este embrión de Estado mundial que presume de salvador del planeta mantiene unas raíces bien lejos de lo que se denomina democracia. A pesar de estar representada por la mayoría de Estados del planeta, a día de hoy, cinco países (Francia, Estados Unidos, Rusia, China y Gran Bretaña) mantienen su derecho a veto a las resoluciones, lo que les permite anular cualquier decisión acordada por el resto de Estados miembros.

Y, desgraciadamente, ésta no es la única seña dictatorial del organismo, pues todavía existe un gran número de países representados con derecho a voz y voto que son todavía dictaduras siguiendo alguna de ellas sin respetar aquellos derechos humanos básicos de los que se vanagloria tanto dicho organismo de defender.

Degradación del organismo salvador

Pero ese embrión de Estado Mundial que debería encargarse de proteger a los ciudadanos de guerras y ataques contra sus derechos ha acabado convirtiéndose en un nido de degradación en una de las burocracias más corruptas.

La muerte de una joven de 20 años tras ser violada, golpeada y estrangulada en una delegación de un país árabe por parte de delegados de la ONU fue la punta del iceberg de una serie de escándalos sexuales que señalaban a funcionarios del organismo: la red de prostitución que se tejía en el segundo piso del edificio de las Naciones Unidas en Nueva York, el derecho a prostíbulo incluido en las grandes conferencias o el caso llevado a los tribunales de Catherine Claxton, acosada en su propia oficina por un superior. Una de cada cuatro trabajadoras de la ONU dijo haber sido acosada sexualmente para realizar favores a cambio de promociones.

Otros escándalos en Naciones Unidas

Más adelante salieron a la luz las violaciones y casos de pederastia de funcionarios de la ONU tanto en África como en los Balcanes, durante los conflictos armados en dichos territorios. Actos que, lejos de haber sido investigados, han tratado de ser ocultados a la opinión pública.

O la primera conferencia en Durban que iba a ser la primera Conferencia Mundial Contra el Racismo y acabó por convertirse en una conferencia antisemita proliferando todo tipo de ataques contra Occidente. Las delegaciones de Israel, Estados Unidos y Canadá acabaron abandonando tan horripilante conferencia.

O el conflicto sin fin, que dura ya más de tres décadas, del Sáhara Occidental, donde una población sigue en el exilio con la pasividad de una organización que se supone está creada para dar salida a este tipo de problemas.

O bien conocido es el genocidio ruandés. Por mucho que se avisó de que los hutus disponían de grandes depósitos de armas, no se hizo nada porque no se quería favorecer a ningún bando, acarreando la muerte de casi un millón de tutsis.

O los escándalos en el tema del calentamiento global, tratando de manipular gráficas para defender una teoría convertida ya en dogma dentro de la opinión pública.

Y todo esto sin entrar en los casos de espionaje masivo, los pelotazos inmobiliarios o en los casos de corrupción con todo tipo de ayuda humanitaria.

¿Es necesaria una organización como la ONU?

¿Conviene dotar de tan grandes poderes a seres humanos malos y corruptibles? Tras seis décadas ha quedado más que evidente que este organismo internacional necesita un cambio estructural, pues la acumulación de poder solo lleva a la corrupción. No se necesita un Estado mundial para que se expolie a los ciudadanos mientras se siguen violando los derechos humanos.

Pues existe un instinto natural del ser humano a delinquir, por ello se creó a papá Estado. El problema es que el Estado no deja de estar formado por hombres y por tanto seres malos y corruptibles.