Si hubiese podido tener grabadores digitales en los ochenta, Adolfo Berro, un especialista en ventas de equipos de audio de alta gama, se hubiera hecho millonario. Y es que hace 30 años, nada de eso existía, y mientras lo mira, no puede evitar compararlo con lo que antaño se fabricaba. En esta nota, un análisis de las características del consumidor de equipos de audio durante las últimas tres décadas.

Equipos duraderos vs. productos express

“A finales de los 70 y 80, el cliente compraba equipos porque le gustaba la música y buscaba el mejor medio para reproducirla. Hoy, lo importante es tener algo para pertenecer a un grupo determinado”, cuenta Berro, quien está a cargo de Wullich Audio/Video en la ciudad de Buenos Aires. “En esa época, la gente pensaba que lo iba a utilizar durante veinte o treinta años”, agrega.

A diferencia de lo que ocurría en esos tiempos, hoy existe una especie de presión social que excluye al que no utiliza ciertas cosas y esto hace que muchos equipos se diseñen como si fuesen una computadora. Se compra, se usa y se tira cuando se pone viejo. Hoy, el fabricante estima que el producto estará en manos del usuario durante dos o tres años como máximo.

Siguiendo con este tema, el especialista asegura que tampoco queda mucha gente con ganas de escuchar música en serio. En relación con esto, señala, el audio de muy alta gama (Hi-End) sobrevive porque algunas empresas fabrican equipos para aquellas personas que todavía valoran ese tipo de cosas.

A pesar de todo, el problema es que el Hi-End requiere muchos materiales y las fábricas no pueden cambiar sus matrices todos los años. Esto hace que no puedan seguir el vertiginoso ritmo de la industria masiva y, por ese motivo, se cuida hasta el último detalle en materia de diseño estético y electrónico antes de lanzar un nuevo artículo al mercado. Esto hace que su valor sea muy elevado.

La economía no influye en las compras del audiófilo

Otro punto que llama la atención está dado por el tipo de cliente que adquiere productos de alta gama. A diferencia de lo que podría inferirse en un primer momento, no siempre es de alto poder adquisitivo. Algunos consumidores compran el equipo más sofisticado que pueda encontrar. Otros, por el contrario, pudiendo adquirir más caros, se conforman con marcas y modelos convencionales.

“Una de las más lindas salas de audio que he visto en mi vida, y de las mejores, era la casa de un señor de clase media que vivía en Villa Adelina. Tenía un equipo Macintosh espectacular que no condecía con su nivel económico pero ese era su hobby y se lucía de una manera increíble. Era su única dedicación más allá del trabajo”, cuenta Adolfo Berro. “Todo estaba hecho con mucho criterio, mucha madera, y el lugar era muy cálido”, recuerda.

En relación con la construcción de salas de escucha en Argentina, la idea comenzó a manifestarse a mediados de los noventa y fue consecuencia de una nueva relación entre los arquitectos y sus clientes. Con ella, empezaron a construirse espacios denominados Family Room, y más tarde, aparecieron las primeras salas para escuchar música. La diferencia con los setenta y ochenta es que, en esa época, no existía la cultura de demoler media casa y adaptarla a las necesidades de cada persona.

El equipo de música en la era del "turboconsumo"

Siguiendo con la evolución del consumidor y los modos de consumo, varios comerciantes señalan que hoy se vive la era del "turboconsumismo", que es una forma alocada de comprar cosas, sustentada en la merma de los precios de casi todos los aparatos electrónicos. En 1982, por ejemplo, una videograbadora VHS costaba en Argentina 2.500 dólares cuando el sueldo promedio era de 300 dólares. Algo similar ocurría con los equipos de audio.

Al respecto, Gustavo Minadeo, miembro del departamento de ventas de Hi-Track, asegura que, a finales de los setenta, los equipos de audio de alta fidelidad costaban lo mismo que una moto mediana y comprarlo implicaba elegir una de las dos cosas. Si bien el precio bajó, de acuerdo con su mirada, muchos productos actuales son una lata de conserva. Sin embargo, destacó el trabajo de marcas como Arcam, Cambridge Audio y Cary Audio design.

Otro de los componentes olvidados en los bafles de serie actuales, es el tweeter de cinta. Según Guillermo Acciarresi, a cargo de la casa Clase A (ex-Sagasta), ese componente dejó de estar en los comercios hace más de veinte años. Su cualidad era la excelente calidad de sonido pero cuando se quemaba había que tirarlo a la basura. Los mejores equipos que vendió, en materia de sintoamplificadores, pertenecieron a la serie SX de Pioneer, o bien, a la línea G de Sansui.

Últimas consideraciones

En relación con lo dicho, vale agregar que los tres comerciantes coincidieron al señalar que pocas personas saben lo que buscan. Para Berro, ese comportamiento puede interpretarse como una pulsión que obliga al consumidor a querer lo último en materia de sonido sin importar las diferencias ínfimas que haya entre un producto y otro.

Al día de hoy, la noticia es el retorno de la música funcional con las ventajas de la tecnología digital. La idea es que el usuario instale un home theater y escuche música desde cualquier parte de su casa al mismo tiempo que otras personas lo hacen con sus canciones preferidas en otras habitaciones. El sistema se conoce con el nombre de multi-room.