Siempre es grato ver cómo una lengua une y enriquece a la cultura de la que es vehículo de comunicación. El pasado mes de diciembre, en acto solemne, los príncipes de Asturias presentaban la nueva ortografía de la lengua española, en la Real Academia de la Lengua; nombre de institución que mantiene las mayúsculas, por lo que se ve, la RAE.

Es una obra panhispánica, de más de 700 páginas, que la editorial que tiene la exclusiva de su edición ha puesto a la venta en España con un precio referencia de 39,90 euros. En estos días está llegando a los países iberoamericanos, teniendo un precio estimado según la moneda de cada estado. Ese aparente “ladrillo” editorial es el resultado del concienzudo trabajo de casi una década de las veintidós Academias de la Lengua Española.

La ortografía es una chica “ye-yé”

Siempre que cambian las normativas ortográficas los académicos dicen que se “piensa en el pueblo”. Y lo más llamativo para todos nosotros, sobre todo para las generaciones educadas desde mediados del siglo pasado, era que desapareciese la denominación i griega. A partir de ahora, tan helénica miembro de nuestra lengua, debía llamarse con el nombre pop de “ye”. Inmediatamente pensamos (los españoles) en la actriz Concha Velasco y sus compañeras musicales, “las chicas Ye-Yé”.

Pero esa tendencia musical pop-kitsch de los años 60 no era quién había motivado el cambio de nombre. En principio, por lo que se sabe, era una norma antigua, aprobada ya en 1869 en la undécima edición del Diccionario, y que venía a decir que se podía denominar tanto como "i griega", como con el nombre más empleado en América, "ye"

Esa era la intención: aunar y contentar a los hispanohablantes del otro lado del Atlántico, que son mayoría. Sin embargo, ese detalle, más léxico o gráfico que ortográfico sirvió de mecha a un encendido debate en España, donde por causas de tradición centenaria y de romanticismo no se quiso abandonar el uso de tan “aristocrático” nombre.

Finalmente, la Real Academia ha escuchado esas voces críticas al cambio, que han ido desde los parroquianos de barra de bar a los mejores especialistas y miembros de la Academia. Se ha optado por permitir el uso del término "i griega", pero recomendando la denominación "ye".

Tendencia al consenso y a la recomendación

Esa parece la fórmula empleada por la Real Academia de la Lengua, recomendar unos usos como los más adecuados, no haciendo a los tradicionales erróneos. Según palabras del académico Gregorio Salvador, las academias americanas están muy interesadas en fomentar la unidad de la lengua y esa “uniformidad” o máxima unidad vale más que el nombre de una letra. Además, remarca, la Real Academia no impone nada, se trata de recomendaciones, pensando en las nuevas generaciones.

En el caso del uso de las mayúsculas de relevancia, que así se llama al uso de letra inicial mayúscula en títulos como los de rey o real academia, parece que ni la misma Academia está haciendo mucho caso a la nueva norma que dice debe emplearse la minúscula al ser nombres comunes. Es decir, que desde el punto de vista lingüístico ninguna de las mayúsculas de relevancia está justificada. Sin embargo, en las mismas invitaciones de la Academia al acto oficial y en los discursos de los académicos, siguieron apareciendo las mayúsculas cuando se hacía referencia a los reyes o a los príncipes, así como a las mismas instituciones académicas.

Sus majestades los reyes y su santidad, el papa

Resulta extraño leerlo así, sin mayúsculas ¿verdad? Se trataba de poner en relevancia, en prestigio, al personaje o persona a la que se mencionaba. Su uso en títulos y cargos parecía estar claro y consensuado, pero el problema venía de la extremada subjetividad de su uso, muchas veces la persona o institución a privilegiar no tenía todo el consenso para obtener el don de la mayúscula.

Por ese motivo tan subjetivo en la elección de su uso se hace muy complicada su regulación, por lo que la Academia insta a que no se siga empleando o que se haga en contadas excepciones, y nunca como norma.