La historia de la humanidad cuenta con unos tantos miles de años en los que el hombre ha erigido dispares ramas del saber con los que no sólo indagó caviló y diseñó modos de hacer más útil y fácil la vida ante sus ojos, sino también reflejado acontecimientos y sensaciones varias.

Ello, entre otras cosas, ha permitido que hoy se sepa que aquel devenir ha entrañado a su vez auges o apogeos, depresiones y catástrofes; y aunque resulte ejemplo de las segundas los hoy debatidos estragos ambientales, siempre han sido incuestionables las predominantes desigualdades entre los hombres.

La reacción humana

Ante lo cual la humanidad ha ido reaccionando tanto teórica como pragmáticamente, de la mano de su reconocida y creciente capacidad de asociar ideas y pensar en las consecuencias de sus actos.

Lo que no obstante le ha deparado encontrarse ante dilemas como de más economía o más ecología, más depredación o más cooperación, más concentración o mayor distribución de riqueza, una democracia real o una de conveniencia, pensar más a nivel local o nacional que regional e internacional, entre otros.

La Noosfera desde Vernadsky a Teilhard de Chardin

La Noosfera, una teoría elaborada por Vladimir Ivanovich Vernadsky como contribución esencial al cosmismo ruso, es precisamente consecuencia de ese trajinar mental que, materializado de algún modo, puede encontrar mejores modos de convivencia terrenal.

Emerge en el punto en donde el género humano, mediante la maestría en los procesos nucleares, empieza a crear recursos mediante la transmutación de elementos. Más tarde es adoptada por el teólogo cristiano Pierre Teilhard de Chardin, que la explica como un espacio virtual en el que se da el nacimiento de la psíquis o noogénesis; un lugar donde ocurren todos los fenómenos (patológicos y normales) del pensamiento y la inteligencia.

Está considerada como la tercera de una sucesión de fases del desarrollo de la Tierra, después de la geosfera (materia inanimada) o evolución geológica, y la biosfera (vida biológica) o evolución biológica. Y la Real Academia Española la define actualmente como el “conjunto de los seres inteligentes con el medio en que viven”.

Para el filósofo y teólogo brasileño Leonardo Boff, puede serse protagonista de un nuevo salto evolutivo y pensar, desde el lado de la Noosfera, en una “convergencia de mentes y corazones, originando una unidad más alta y más compleja”. Una mente donde Tierra y humanidad estén formando una única entidad global, cada vez más en sinapsis y llenos de un sentimiento de pertenencia y de responsabilidad colectiva; y buscando “centros multidimensionales de observación, de análisis, de pensamiento y de gobierno”.

Ernst Haeckel y el surgimiento de la ecología

El biólogo alemán Ernst Haeckel es quien acuña el término Ecología en 1869, remitiéndose al origen griego del término Ökologie (oikos: casa, vivienda, hogar; logos: ciencia, estudio, tratado) en su trabajo “Morfología General del Organismo”. Entendiéndola en un principio como centrada en las relaciones de los seres vivos con su ambiente; pero luego la amplía al estudio de las características del medio, que también incluye el transporte de materia y energía y su transformación por las comunidades biológicas.

Posteriormente, otros científicos se ocupan del medio en que vive cada especie y de sus relaciones simbióticas y antagónicas con otras. August Thienemann, Charles Elton y otros, impulsan la ecología de las comunidades hacia 1925; trabajando con conceptos como el de cadena alimentaría o el de pirámide de especies, en la que el número de individuos disminuye progresivamente desde la base hasta la cúspide, desde las plantas hasta los animales herbívoros y los carnívoros.

Pero es la toma de consciencia más explícita sobre los problemas ambientales de la década del sesenta del pasado siglo XX, lo que dan una significación renovada a la ciencia ecológica; sosteniéndose que sólo a la luz de sus descubrimientos podrá determinarse cuáles son nuestros intereses a corto y a largo plazo, nuestras obligaciones morales personales y sociales, y las responsabilidades del Estado y demás organizaciones respecto al uso que el hombre debe dar a la Tierra y sus componentes.

Surgiendo por ende toda una serie de acuerdos, leyes y reglamentos nacionales, regionales y mundiales, dirigidos a respaldar y configurar la situación creada; al tiempo que se incrementa el flujo de recursos destinados a abordar los asuntos ambientales en todo el mundo.

Geoingeniería

Por tratarse de un concepto o rama del saber relativamente nuevo, el concepto de Geoingeniería no está todavía muy claro; no siendo por tanto universalmente aceptado.

Se le asocia, empero, con la manipulación deliberada del clima de la Tierra para contraatacar los efectos del calentamiento global, de las emisiones de gases de efecto invernadero ante los previsibles e inminentes efectos que producirían y, ante lo caro y dificultoso que resultaría pasar de una economía basada en el petróleo, a una sustentada en energía renovable.

Todo ello a través de la reducción de los gases de efecto invernadero directamente en la atmósfera mediante árboles plásticos falsos, o indirectamente fertilizando los océanos con hierro; así como también mejorando la reflectividad de las nubes, o produciendo aerosoles de sulfuro estratosféricos.

Aunque está en los últimos años adquiriendo cierto aire de respetabilidad, dado el empeño de un grupo de entusiastas que está logrando que instituciones científicas como la Sociedad Real del Reino Unido legitime algunos de sus proyectos, aún es prematuro evaluar cabalmente su eficacia y, por tanto, los reales efectos de la aplicación de los proyectos que promueve.

Se llega hasta sostener que “es un camino equivocado e invertir en ella más voluntad política y recursos será un despilfarro, que además implica grandes riesgos para todos. […] la ilusión de un ‘remedio tecnológico’ sirve como una excusa muy conveniente para que los poderosos le sigan dando largas al problema y sigan evitando hacer los cambios urgentes que se necesitan para revertir la trayectoria climática.”