La realidad del maltrato de género nos habla de cifras estremecedoras: a 145 millones de mujeres se les ha practicado la ablación del clítoris; 5 mujeres son quemadas vivas al día; 1 de cada 5 mujeres en USA han sido violadas (esto es, una cada 6 minutos); en España, en 2004, fueron asesinadas 97 mujeres a manos de sus parejas. Los datos hablan por sí solos.

Conocer el contexto que rodea a esta problemática es vital para poder entender la dinámica que estos procesos de maltrato, para realizar una correcta valoración y, más importante aún, una adecuada evaluación.

Contextualización de la violencia de género

Hay una serie de pilares y mitos que "explican" la agresión, sobre las que se basan consciente e inconscientemente tanto maltratadores como víctimas:

  • Culto a la masculinidad: en la sociedad actual se sigue alabando la hombría, la masculinidad. Se vende, socialmente, que un hombre de verdad nunca debe llorar. Este prototipo a seguir por muchos hombres es, también, una característica que las propias mujeres alaban en el género masculino.
  • Glorificación de la competitividad: vivimos en una sociedad altamente competitiva (mejor puesto de trabajo, mejor coche, mayor estatus social…). El de al lado es un rival. El que más tiene, más vale. En este contexto de competición, las mujeres sufrimos una desventaja innata, ya que se nos sigue considerando, muchas veces, el "sexo débil". Por tanto, estamos en inferioridad y en desigualdad para "competir".
  • Principio diferenciador de los otros: este principio se basa en la idea de que nosotros somos el poder, marcamos las pautas del comportamiento. Los que no están ahí son inferiores y podemos hacer con ellos lo que queramos sin sentirnos culpables. En esto se apoyan la mayoría de las agresiones, por lo que muchos agresores consideran que lo que han hecho es normal y debe ser aceptado.

Aparición y curso del desarrollo de la violencia

Lo más triste - y peligroso- del maltrato es que las mujeres, en su mayoría, no son totalmente conscientes de la violencia. Pueden notar pequeños detalles durante el noviazgo, pero no les dan importancia. Muchas mujeres empiezan a ser maltratadas ya desde la noche de bodas o cuando se quedan embarazadas. La violencia, una vez establecida, tiende a repetirse, y como sucede en la violencia de género, a agravarse. Estas son las fases que sigue:

Acumulación de tensión – Explosión o agresión – Luna de miel

  • Acumulación de tensión: cambios repentinos de humor, incidentes "menores" (golpe suave), agresión psicológica. La mujer se comporta de manera sumisa, hace como que no ve nada para no empeorarlo. Sin embargo, la reacción es justamente la contraria: el agresor, con esta actitud pasiva por parte de la víctima, en lugar de controlarse va a más.
  • Explosión o agresión: descarga de la tensión acumulada a través del maltrato físico, sexual o psicológico. El agresor reconoce que ha liberado la tensión. Considera que la mujer "ha aprendido la lección". Esta fase puede durar de 5 a 60 minutos. Después de esta fase hay un estado de choque por parte de la víctima.
  • Luna de miel: el maltratador se arrepiente, dice que no volverá a hacerlo, piensa que no volverá a pasar y, a la vez, cree que ella ha aprendido la lección y ella cree que ese es el momento bueno, él es de esa manera, cuando la pide perdón y no cuando la pega. En este momento él se muestra encantador, la regala cosas, la invita a cenar, la da más libertad. No obstante, esta fase es más corta que la primera y, con los años, acaba desapareciendo y siendo más graves los episodios de maltrato.
No todas las fases se van a dar siempre, la violencia no es siempre cíclica ni regular. Las características del maltrato suelen producir indefensión en la mujer, y esto refuerza el maltrato.

Sintomatología y consecuencias del matrato

Es importante conocer las reacciones de la víctima ante estas agresiones, para saber identificar este problema y poder ayudar a la persona en cuestión. Estos síntomas se resumen en tres:

  • Ansiedad extrema: la persona vive en un nivel constante de estrés, debido a la amenaza a la seguridad personal y a la propia vida que suponen estas agresiones. Además, el carácter repetitivo e intermitente de la violencia genera mayor miedo y ansiedad, ante el peligro real (cuando ocurren) y potencial (saber que pueden ocurrir en cualquier momento).
  • Aislamiento social y dependencia emocional del hombre: el maltratador amenaza a la víctima para que no cuente nada, en forma de chantaje o, incluso, con un nuevo maltrato, esta vez psicológico. El resultado es que la persona siente vergüenza social y se mantiene en silencio.
  • Depresión, pérdida de autoestima y sentimiento de culpabilidad: las mujeres sufren 2 veces más depresión que el hombre, no tanto por la biología sino por la violencia de género. La depresión, entre otras muchas degradaciones en la vida de la víctima, está la de dificultar la búsqueda de ayuda. Además, el constante sentimiento de inferioridad que el maltratador le transmite hacen que la autoestima en las víctimas sea minada. Incluso, la persona se puede llegar a sentir culpable de estas situaciones de violencia, ya que "es tonta" o "algo ha hecho para merecerlo" (Etxeberría).
Hablar aquí de las innumerables consecuencias a todos los niveles (físico, psicológico, social y familiar) del maltrato de género podría rellenar otros tantos artículos como este, debido a las repercusiones tan grandes que genera una situación de maltrato. No obstante, conocer los síntomas que padecen estas personas es vital para ser capaces de ofrecer ayuda a quien la está pidiendo a gritos, pero mudos.