
- Noches Blancas - Teatro Chéjov
En esta adaptación teatral, tan sólo dos actores, con una sencilla escenografía, pueden trasportar al espectador a la Rusia zarista del siglo XIX, en la que Dostoievski explora la psicología humana como si realmente se tratara de la sociedad de hoy.
Nietzsche afirmó: “Dostoievski, es el único psicólogo, por cierto, del cual se puede aprender algo. Es uno de los accidentes más felices de mi vida, más incluso que el descubrimiento de Stendhal, escritor también del siglo XIX”.
Denuncia la incomunicación en la sociedad
Dostoievski denuncia en su obra Noches blancas la incomunicación con la que sus protagonistas viven en San Petersburgo. Los personajes de la novela han vivido aislados por diferentes motivos a lo largo de su vida y durante cuatro noches interaccionan en un determinado lugar del muelle, al que cada uno de los dos acude también por razones diferentes.
El soñador, como se denomina al protagonista masculino en la novela original, es un ser que se declara solitario; jamás habla con nadie y es tímido, con lo cual tampoco se acerca a las mujeres. A pesar de sus 26 años, vive recluido en su casa el mayor tiempo posible y se considera sin historia, porque ha vivido siempre con él mismo, completamente solo.
Descubre un realismo psicológico sorprendente
La novela Noches blancas fue escrita en 1848, época que Dostoievski refleja magníficamente en su obra. Actualmente, también en nuestra sociedad existen muchas personas que viven sin apenas comunicarse con los demás en una sociedad que tiende al individualismo, donde los vecinos de las urbanizaciones apenas se saludan, porque sólo se conocen de vista, donde, por lo general, cada uno va a lo suyo sin preocuparse por las personas de su alrededor.
Dostoievski, desde esta obra, invita a reflexionar al espectador sobre la vida limitada de muchas personas por falta de interacción con los demás. A esta forma de vida le faltan referencias, sensaciones y alegrías, que se pierden por mantenerse soñando en una pertinaz soledad, sin vivir la realidad con los otros. Es una vida pobre, limitada e infeliz, que tiende al desequilibrio emocional.
Critica la falta de habilidades sociales
Durante el siglo XIX, se observa que no existe la cultura del desarrollo de las habilidades sociales, tan importantes para una vida feliz. La sociedad de aquella época tenía otro tipo de prioridades y los padres desconocían la importancia que tiene enseñar a los hijos a fomentar las relaciones sociales para lograr la satisfacción en la vida en todos los niveles.
La carencia de dichas habilidades se manifiesta perfectamente en el comportamiento de los protagonistas de Noches Blancas, dos seres infelices que buscan cómo salir de dicha infelicidad.
La soledad se rompe durante cuatro noches
Los dos actores de Noches blancas, Nastenka, una chiquilla de 17 años, y el soñador, de 26, se conocen durante una noche en el muelle, cuando un hombre intenta abusar de Nastenka, momento en el que el soñador decide abandonar su soledad para ayudar a la chica. A partir de entonces dialogan contándose sus respectivas vidas durante cuatro noches blancas.
A Nastenka, que había estado 2 años encerrada en casa, retenida por su abuela, le extrañaba que el soñador también se encerrara en casa, aunque nadie le obligara a ello. “Usted es su propio enemigo”, le decía Nastenka.
Las personas que se limitan a ellas mismas, que se encierran sin motivos, son sus propios enemigos, porque el aislamiento no es saludable y como no hace falta estar enfermo para mejorar, siempre se pueden modificar los comportamientos para enriquecer la vida.
Afronta el amor desde dos perspectivas diferentes
Nastenka acude al muelle en busca de un caballero que le prometió que se casaría con ella dentro de un año. Durante cuatro noches lo espera, junto al soñador, en el muelle. El amor que sentía lo había alimentado fervientemente y, ahora, había llegado el momento del rencuentro.
El soñador, por su parte, no tenía, ni había tenido nunca, la sensación de amar a alguien real, aunque decía experimentarlo en sueños. El simple hecho de hablar con Nastenka durante las cuatro noches blancas, para él era todo un acontecimiento, se sentía enormemente feliz. No podía creer que estuviera hablando con una mujer y, al mismo tiempo, se sintiera tan feliz. Se sentía incapaz de dormir por la noche pensando en el encuentro del día siguiente.
El desenlace de Noches Blancas
Dostoievski, aquí también, juega con la diferencia de sentimientos de ambos protagonistas. Por un lado, Nastenka, al comprobar que su amor no aparece, y sintiéndose amada por el soñador, está dispuesta a aceptar a este último, a sabiendas de no estar enamorada de él. Sencillamente, no quiere volver a la temida soledad, aunque sea en compañía de su abuela.
El soñador, por su parte, había despertado del letargo de su soledad en esas cuatro noches, al haberle abierto Nastenka un mundo de sensaciones que jamás hubiera imaginado. Se sentía flotar y, a pesar de sus diferencias intelectuales, estaba dispuesto a pasar el resto de su vida junto a la joven de 17 años, porque por fin había conocido a alguien con quien poder hablar, a quien poder comunicar sus sentimientos y sus sensaciones.
Angel Gutiérrez consigue que los actores se metan perfectamente en la piel de los personajes, consiguiendo que los espectadores disfruten durante hora y media con sus venturas y desventuras, mientras observan una parte del alma atormentada de Dostoievski.
Hay que destacar que el propio autor se denominaba a sí mismo, de joven, soñador, y que, aunque ya no está físicamente en este mundo, afortunadamente, sigue entre nosotros a través de sus maravillosas obras.
