Un reencuentro feliz del gran director con La Abadía. Y se produce en misma sala San Juan de la Cruz donde años atrás Eduardo Vasco trajo un inolvidable Hamlet, en versión también de su habitual colaboradora la autora teatral Yolanda Pallín. En aquella oscuridad se debatía el príncipe entre su joven vida truncada por la muerte de su padre y el espíritu de este que clama venganza.

De la tragedia a la comedia musical

Han pasado 7 años: un número cabalístico. De aquella obra maestra que se basaba en la primera traducción de la obra de 1800, Yolanda Pallín realizó una versión respetuosa. Ahora, en esta Noche de Reyes —cuya traducción no se menciona en el programa de mano— sin Noche ni Reyes (porque el propio Shakespeare inventó una comedia de enredos para los monarcas de su época: un encargo para Noche de Reyes, la Epifanía que nada pinta en la comedia), el director y su dramaturga se confabulan para festejar la mayor luz posible en diversos dramas que pasan fugazmente, como una copa al final de la noche, cuando todos nos sentimos reyes en el amor y los placeres de su conquista.

Como cierre de remembranza, añado que de aquel Hamlet con excelente elenco, hay algunos actores que han dejado con holgura los trágicos compases (entonces sólo acompañaba la viola de gamba de Alba Fresno) de entonces para pasarse a la comedia desenfrenada, al sainete y el music-hall, que de todo esto hay en la función: Arturo Querejeta, Daniel Albaladejo, José Ramón Iglesias y Fernando Sendino, todos ellos junto a nuevos rostros y cuerpos lanzados al complejo y delicioso vértigo del amor y sus angustias en pos de sus máximos placeres. Y eso sí, con una clara decisión de jugar al "dímelo cantando", ya que "si no puedes pagar, te debes despedir; esta vida es solo una cruel proposición".

La música como alimento del amor

Eduardo Vasco, hombre de teatro con estudios académicos muy completos, es también un músico enamorado de la fusión de estilos en las artes escénicas. Casi siempre sus muchas puestas en escena en la Compañía Nacional de Teatro Clásico iban acompañadas de músicos en escena, y este Ángel Galán que en Noche de Reyes toca el piano e interpreta breves papeles, es cada vez más actor, a la par que músico-teatrero.

El contexto, el texto y el subtexto. No se sabe bien dónde acaba Shakespeare y empiezan los Vasco-Pallín, y no hace falta saber más, ni indagar en diversas traducciones, esta aventura de la jovencita Viola que se viste de su hermano, a quien cree desaparecido, para entrar al servicio de un duque ciegamente enamorado de una dama que le desprecia... encuentra en esta versión unas dos horas de fantástica sucesión de cuadros amorosos, musicales, cómicos y tragicómicos con un reparto sin duda óptimo.

Si todos funcionan de maravillas en el estricto rigor de este singular musical, destacan algunos intérpretes por la riqueza de sus personajes: el trío cómico con aire de Hermanos Marx, realmente divertidísimo, integrado por José Ramón Iglesias, Fernando Sendino y Arturo Querejeta, quien además tiene tres intervenciones espléndidas como cantante; Héctor Carballo como Malviolo, el criado con ínfulas ladino, malsano, divertido y finalmente caído en desgracia: un hallazgo su número musical con toda la compañía coreándole.

Y una gran sorpresa para este cronista: Beatriz Argüello, la chica que hace de chico y en cualquiera de sus sexos seduce, enamora y finalmente conquista a quien quiere. La ambigüedad sexual es en su andrógino cuerpo una obra de arte con matices deliciosos y segura fascinación.

Párrafo aparte para el vestuario de Lorenzo Caprile: los locos años 20 y libertades notables en un contexto de bellísima armonía para crear entre todos una Noche de Reyes sin noche ni reyes, pero con mucha alegría de vivir, aunque la vida resulta demasiado a menudo "una cruel proposición".

He aquí un avance muy bien realizado del espectáculo; desde luego invita a correr a reservar entradas.

Noche de reyes, William Shakespeare-Yolanda Pallín. Dirección: Eduardo Vasco. Música de Ángel Galán/Eduardo Vasco. Una producción de Noviembre Compañía de Teatro y Teatro Calderón de Valladolid. Teatro de la Abadía, hasta el 4 de noviembre: "Si la música es alimento del amor, tocad, tocad hasta que me sacie". (El duque Orsino, primer acto).