Brasil ostenta una sombría situación de desapariciones de niños y adolescentes. Esa realidad, que viene presentándose hace décadas, comienza con la fuga de jóvenes de sus hogares, motivada por violencia familiar, como castigo físico y abusos sexuales, según los especialistas. A partir de allí muchos pasan a ser habitantes de las calles y las consecuencias pueden ser diversas. Lo cierto es que millares se prostituyen, ingresan al mundo de las drogas o caen en las manos de los grupos de exterminio y son asesinados.

Guarismos minimizados

En los últimos nueve años, al menos 1.257 muchachos desaparecieron en el territorio brasileño, según la Secretaría Especial de Derechos Humanos, órgano dependiente de la Presidencia de la Nación. Conforme con las estadísticas disponibles en el sitio de Internet de La Red Nacional de niños y adolescentes desaparecidos (ReDESAP), poco más de la mitad pueden ser encontrados.

Los estados con mayores registros de desapariciones son: el Distrito Federal con 297, Río de Janeiro 144, São Paulo y Sergipe con 126, Goiás 94 y Minas Gerais 72. El panorama se agrava en las regiones metropolitanas de las megalópolis.

Falta de medios

A pesar de todo lo explicado, "los números reales podrían ser superiores", según afirma el antropólogo Benedito Rodrigues dos Santos, funcionario del área de protección a la adolescencia (CONANDA). Según él, la información es recabada por teléfono, aún no existe un banco de datos para asentar en tiempo real los casos registrados en el servicio “SOS Criança” y en las delegaciones de protección a los jóvenes.

Santos dice que la mayoría de los casos de desaparición comienza con la huida de casa, motivada generalmente en conflictos familiares como violencia física y hasta sexual. “La fuga es una señal de salubridad para escapar de la violencia. El problema es que entre huir de casa y el lugar donde el niño o adolescente va a estar pueden pasar varias cosas y los desaparecidos quedan vulnerables a los grupos de captadores para la explotación sexual y laboral y el trafico de personas y estupefacientes”.

Cambios para afrontar nuevas situaciones

Para el antropólogo, es preciso cambiar la cultura del castigo físico, la educación tiene que fundametarse en el diálogo aparte de que los poderes públicos deben acercarse a los muchachos. “La educación de los chavales dentro de casa quedó reservada al mundo privado de las familias y nosotros estamos percibiendo que ellas tienen muchas dificultades en eso”, afirmó dos Santos, al analizar las nuevas formas familiares (divorcios, nuevos casamiento o familias monoparentales).

Situación favorable para el crimen

Los niños pobres son más vulnerables socialmente y sufren más. “La clase media aún tiene alguna inmunidad“. Los muchachos pobres que huyen de sus familias, terminan encontrando “formas de supervivencia en los grupos delictivos dedicados al tráfico de drogas y la explotación sexual”, expresó el funcionario de CONANDA.

Santos remarca los casos de “desaparición enigmática” de criaturas en la calle o que son secuestradas de dentro de sus casas. Se estima que esos asuntos, que casi nunca suelen ser resueltos, representan de 10% a 15% del total. “Ese es el tipo más dramático porque se hallan muy pocas niños. Es elevado el numero de niños que se encuentran muertos, con señales de violencia, malos tratos y crueldad”, alerta.

Turismo sexual

En un trabajo periodístico realizado por SIC Portugal, en mayo de 2008, se revelaba la cruda realidad del turismo sexual en Brasil. Muchos portugueses, españoles e italianos buscan y pagan por sexo con niñas de 12 a 16 años, chicas que venden sus “servicios” en las calles de Salvador, Porto Seguro, Fortaleza, y otros sitios, por 3 ó 6 dólares estadounidenses con “servicio completo”.

Grupos de exterminio

Umberto Guaspari Sudbrack, profesor del Curso de Especialización en Ciencias Criminales de la UFRGS e integrante del Grupo de Investigación sobre Violencia Ciudadana (Río Grande do Sul), efectuó un análisis interdisciplinario sobre el exterminio de niños en las calles de Brasil (1985 a 1995). Según el docente, el fenómeno se da en las grandes urbes como Río de Janeiro, São Paulo, Salvador y Recife, entre otras.

Dijo Sudbrack que, criaturas provenientes generalmente de barrios pobres, de las zonas periféricas, aquellos que viven el las calles, son asesinados por grupos dedicados al “exterminio de niños” y no como consecuencia directa de violencia familiar. El fenómeno de la aniquilación de chicos de la calle, es el resultado de una articulación entre los llamados “grupos de exterminio”, la omisión y la ausencia de defensa a los niños por parte del Estado, así también como la indiferencia de la sociedad.