
- Mariluna - Ana Tortosa
Desde el convencimiento de que la lectura es esencial para el desarrollo del niño, hay libros, cada vez más, que quieren mostrar la infancia en toda su crudeza, no mostrando solamente los aspectos ingenuos y positivos que rodean a los niños sino también esas partes oscuras que algunos se ven obligados a vivir y a presenciar como espectadores o incluso como protagonistas.
A veces tendemos a pensar que los niños sólo deben enfrentarse a páginas que les entretengan o que estén destinadas a enseñarles algo. Los objetivos del acto de leer van más allá del mero disfrute o el aprendizaje. Hay niños que buscan identificación; otros leen porque necesitan respuestas. Y algunos, incluso, disfrutan leyendo historias con las que aprenden porque se sienten parte del relato y así comienzan a responder a dudas que no se atreven a formular sobre el mundo que les rodea.
Unos libros muy especiales
Los protagonistas de algunas de estas historias no saben qué les pasa, pero quieren compartirlo; otros, conocen perfectamente su situación, pero no encuentran soluciones. Es el que lee el que tiene que hacer el proceso de interiorización e identificación. Es el lector quién a partir de las imágenes y los textos debe de entender el mensaje de una manera inequívoca.
A continuación se ofrece una selección de libros ilustrados en la que texto e imagen se conjugan para presentar historias sobre niños no muy normales en libros muy especiales.
Historias sobre discapacidades
Los Superhéroes, de Roberto Aliaga, parecen niños con poderes especiales que van a una escuela de héroes pero precisamente su fuerza reside en sus carencias, y es ahí donde la historia pasa del plano ficticio al realista. El tono humorístico que utiliza el autor para presentar las discapacidades de Susi, Johnny y Andrea, entre otros, le da un valor añadido a la historia.
En realidad, son niños “super”, son más que niños. Pero no hay sensiblerías ni concienciación ni moralejas en este cuento ilustrado. Al contrario: el autor tan solo explota la capacidad de imaginar lo que cada uno quiere ser, independientemente de lo que la vida haya querido que sea.
Eso es precisamente lo que le pasa al protagonista de El Cazo de Lorenzo, de Isabelle Carrier: que no entiende por qué no es un niño normal. Bueno, no, Lorenzo es un niño normal pero está enganchado a un cazo. Por eso no siempre puede jugar con los otros niños ni correr tan rápido como ellos… porque el cazo se le engancha. Y entonces se enfada y grita y pega. Pero el cazo sigue ahí. Para el pequeño lector, este libro habla de una situación absurda que condiciona al niño protagonista pero es capaz de superarla gracias a la ayuda de otros.
Para el lector adulto, ésta es una historia sobre la discapacidad contada en clave de humor. Sin que los dos hagan las mismas inferencias del texto, el resultado de la lectura es el mismo: conmueve.
Relatos ilustrados sobre el autismo
También conmueve la visión que Miguel Gallardo presenta de su hija en María y yo, la novela gráfica que le dedica. En ella, el autor nos explica cómo convive con el autismo a través de las sensaciones que le transmite María, presenta imágenes sencillas que reducen a viñetas el día a día de alguien al que le cuesta comunicarse, pero necesita hacerlo, como el resto. María es protagonista y a la vez hija, y el relato se construye sobre estos dos papeles con maestría. No en vano la obra ha sido trasladada a la gran pantalla y ha recibido una gran acogida por parte de la crítica.
Algo similar ocurre con Mariluna, de Ana Tortosa. Una niña de ojos grandes que lo observa todo como si quisiera extraerle la esencia, aunque luego sea incapaz de comunicarla. Ella mira siempre más allá, a un punto más lejano, quizás la luna, de la que recibe el nombre que tan bien la define. Mariluna no gasta palabras intentando expresar sus ideas, sus temores o sus sentimientos. Es su entorno el que debe de entenderla, de ver más allá de su silencio y profundizar en el interior de sus pupilas.
Algunas historias para entender el acoso escolar
El color es, precisamente, lo que diferencia al “esqueletito” protagonista de Croc-croc, de Stephane Levallois, y es esa diferencia la que finalmente le ayude a integrarse con el resto de compañeros de la escuela. El libro, de un original formato, provoca risas desternillantes entre sus lectores, que se deleitan con las ilustraciones repletas de personajes que van al colegio en coche fúnebre y llevan una mochila-ataúd, pero su trasfondo consigue conmover:
Diferente es también Juul, de Gregie de Maeyer, y en este caso su diferencia le hace sufrir la crueldad del resto. Una crueldad desmedida que sorprende al lector y le hace reaccionar, ¿existe un Juul? Si, claro que sí. Existen muchos protagonistas de carne y hueso que no pueden refugiarse en un relato de madera. Juul es un libro turbador pero hermoso a la vez; es triste y esperanzador, descarnado y tierno. Hay muchos adjetivos que pueden definirle, pero solo uno que no se puede olvidar: necesario.
En definitiva, libros sobre y para todos
Habrá muchos que piensen que la literatura, y fundamentalmente la literatura infantil, no debe ser juzgada por sus valores pedagógicos sino sólo por los estéticos, por el placer que despierta en el lector. Si bien es cierto, no hay que desmerecer el poder terapeútico de algunas obras del género, que no pretenden ofrecer normas de conducta: ni sensibilizar al pequeño lector sobre asuntos cruciales como el respeto de los otros y sus diferencias.
Su intención es no esconder la realidad, ofreciendo páginas que la muestran, a veces descarnada, a veces irónica, otras triste o melancólica, pero realidad al fin y al cabo. Gilbert Keith Chesterton, escritor británico de inicios del siglo XX conocido como "el príncipe de las paradojas", enunció las palabras que cierran este artículo: "la única educación eterna es esta: estar lo bastante seguro de una cosa para decírsela a un niño".
