En el "Arte de la Guerra ", Sun Tzu, desde su lejano siglo V a.C., habla de la importancia del engaño y la ocultación para conseguir la victoria. Éste es el territorio del ninja.

Los ninjas eran expertos en espionaje y sabotaje, capaces de desvanecerse entre una nube de humo tras llevar a cabo un asesinato. Estos guerreros de las sombras son una perfecta referencia para las oscuras actividades de los modernos servicios secretos.

La evolución del ninja debe leerse en relación a la del samurai. Frente al estricto código del "Bushido", el ninja seguía el "Ninjutsu", el arte del "sigilo", un cuerpo de enseñanzas prácticas y métodos más flexibles, donde el fin justifica siempre los medios usados. Al ninja, que también era conocido como "shinobi", se le temía pero no se le respetaba, porque se les consideraba capaces de cualquier cosa.

Origen campesino de los ninja

La teoría más aceptada habla de que las enseñanzas ninjas fueron introducidas en Japón hacia el siglo V d.C. por un grupo de místicos chinos que plantaron la semilla del "ninjutsu" como una enseñanza no violenta basada en el autocontrol.

La pista desaparece hasta 200 años más tarde, cuando surgen las primeros testimonios de ataques de ninja. Las agrestes y aisladas comunidades campesinas adaptaron las enseñanzas del "ninjutsu" para defenderse en un entorno hostil, en el que eran constantemente atacados por los señores de la guerra. El nunchaku, por ejemplo, les servía como arma tanto como instrumento agrícola con el que trillaban el grano.

El ninja llegaba allí donde el samurái no

En el Japón medieval soplaban vientos de guerra. Entre el año 700 y el año 1200 florecieron por todo el país familias privilegiadas aspirantes al poder. En un mundo en el que todos luchaban contra todos, empezó a crecer la necesidad de espías y asesinos profesionales. Comenzó así la época dorada de los clanes ninja, que eran contratados por el mejor postor para el trabajo sucio que el samurai no podía hacer.

Un samurai combatía de frente, tras gritar el nombre de su clan. El ninja, sin embargo, acechaba mortalmente en silencio, desde la oscuridad. Su durísimo adiestramiento los convirtió en los espías y asesinos perfectos del Japón feudal. El período de mayor esplendor ninja coincidió con la interminable guerra civil japonesa del período Sen Goku, entre el siglo XV y el XVII.

Expertos en sabotaje y guerra psicológica

La sociedad ninja se movía en el secreto. En los cuentos de la época se les identifica con seres demoníacos, capaces de volar y de usar la magia. Los ninjas alimentaron estas supersticiones sobre ellos, ya que favorecían sus propósitos.

Los ninjas sabían como jugar con la mente del adversario. Ademas de usar venenos y pociones alucinógenas, tenían sentido escénico. Se colocaban una máscara y lanzaban fuego a través de un tubo por la boca o simulaban desaparecer tras tirar al suelo una bomba de humo casera. Cuando un ninja se escapaba caminando sobre las aguas, lo que los desorbitados ojos de los perseguidores no veían eran las planchas de madera bajo sus pies.

Las acciones de sabotaje y actos terroristas fueron su especialidad. Su papel era clave en los asedios a los castillos. Con su agilidad, y unos buenos clavos en las botas llamados ashikos, escalaban cualquier cosa por muy vertical y lisa que fuese. Moviéndose en las sombras, entraban en la fortaleza enemiga y sembraban la confusión con explosiones o pequeños incendios que minaban la moral de los guarecidos.

Entrenamiento del ninja

La niñez del ninja era un eterno ejercicio de entrenamiento en busca de la perfección física y psíquica. Su día a día consistía en carreras de fondo, entrenamiento de saltos, trepar por las superficies más difíciles o aguantar lo máximo posible bajo el agua. Si eran perseguidos, podían pasar incontables horas sumergidos en el agua respirando a través de una caña de bambú.

En el arte del escapismo alcanzaban cotas dignas de Houdini. Aprendían a dislocarse las articulaciones para librarse del abrazo mortal de una cuerda o escurrirse entre los barrotes de una celda. El aprendizaje de las técnicas de supervivencia en las más duras condiciones los convertía en seres casi inmunes a la fatiga, capaces de ocultarse ante las mismas narices del enemigo.

Maestros del disfraz

Su habilidad en la ocultación incluía el uso de disfraces y la suplantación de identidad. El desprevenido objetivo del ataque nunca imaginaba que el ataque llegaría de quien parecía un pobre mendigo, un inofensivo campesino o un solemne sacerdote.

Su capacidad de camuflaje con el entorno era camaleónica. Se cubrían completamente de negro por la noche o de blanco cuando nevaba. En un paisaje montañoso, cualquier roca podía ser en realidad un ninja, inmóvil y doblado sobre sí mismo bajo una capa gris.

Hubo también mujeres ninja, llamadas "kunoichi". Su profunda maestría en el arte de la seducción las convierte en las antecesoras de Mata Hari.

Infinitos recursos

Su colección de armas y artilugios hubiera hecho palidecer de envidia al mismísimo James Bond.

El ninja-to, su sable, no sólo les servía para matar. Más pequeño y manejable que la katana samurai, lo usaban para excavar un agujero en el suelo o como depósito de venenos y documentos.

El shuriken, o estrella ninja, era usado como arma de distracción, a veces untada en veneno. Dominaban dos técnicas muy efectivas de lanzamiento. Desde una posición inmóvil acertaban su objetivo en una décima de segundo sin que nadie se percatase. Si huían eran capaces de lanzarlos en plena carrera con igual efectividad. También solían tirar bolsas de pequeños clavos con los que retrasaban a sus perseguidores.

Instrumentos para trepar, cerbatanas, bombas de magnesio, cuchillos de todos los tamaños, etc., los ninja estudiaban la naturaleza y usaban en su provecho todo lo que su entorno les ofrecía. En sus manos, un vulgar trozo de madera podía convertirse en un arma mortal.

Estos guerreros siguen alimentado la imaginación contemporánea, ya sea bajo forma humana o quelónida, Nunca hubo fortaleza ni enemigo capaz de derrotar a un ninja.