Nilo Maria Fabra (Blanes, Gerona, 1843 - Madrid, 1903) es uno de esos olvidados de nuestro XIX literario, tapado por los primeros espadas del noventayochismo. Periodista y escritor, padre del poeta (igualmente olvidado) Nilo Fabra, fue una figura pública un poco al estilo de HG Wells o CP Snow, en la España de la Restauración.

Precursor de la CF en España

Devoto de la Ciencia y la Tecnología y cantor del “progreso técnico”, regeneracionista, muy atento a todo aquello que según él podría mejorar el país, Nilo Maria Fabra fue ante todo periodista y corresponsal. Pero entre sus escritos periodísticos y literarios destacan unos relatos de “ciencia-ficción” que lo convierten en un precursor de ese género en castellano, o incluso en el “padre” de la ciencia ficción española, como se ha dicho. Aunque Fabra no fue el único que cultivó en España en el final del XIX la “SF primitiva”, o previa a Hugo Gernsback y su etiquetaje del género en 1926.

Creó el antecedente de la agencia EFE

Con quince años, en 1858, ya publicaba artículos en diarios barceloneses. En 1860 se marcha a Madrid. Fue corresponsal en la guerra de 1866 entre Austria y Prusia, y en la franco-prusiana de 1870, lo que aleja a Fabra de aquellos noventayochistas que solo se atrevían con los trenes de cercanías en torno a Madrid. Fue una figura cosmopolita y bien informada, que recuerda a aquel Josep Pla viajero y periodista anterior a 1940, cronista minucioso de asuntos europeos.

En la historia del periodismo en España, Nilo Maria Fabra destaca además por haber sido el creador del embrión de la futura agencia EFE. La agencia de noticias, que se llamaría agencia Fabra a partir de 1919, daría lugar junto con otras dos, a la EFE en el año 1939.

Padre de la ucronía española

Podemos considerar a Nilo Maria Fabra también el precursor de la ucronía (historia alternativa) en lengua española. Uno de sus relatos fue el titulado Cuatrocientos años de buen gobierno (Cuentos ilustrados, Barcelona, 1895). Ahí, el "patriota" Fabra recrea una España en la que el infante Don Miguel, nieto de los Reyes Católicos e hijo del rey de Portugal, no muere en 1500 en la tempranísima infancia, sino que llega a rey y se hace con los imperios de España y Portugal mucho antes de Felipe II en 1580.

Este Don Miguel cubre la primera mitad del XVI de modo parecido al Carlos V de nuestra versión temporal, pero construye un Estado de mucho mayor éxito político, social y económico, origen de la modernidad, en detrimento de Francia e Inglaterra. Ah, y en esta ucronía fabriana, el ferrocarril se inventa en el siglo XVII español y no en el XIX inglés. En el 1890 de Fabra, las Américas son también independientes pero forman con la metrópoli una especie de Commonwealth hispánica, de hegemonía mundial.

Obviamente, Fabra utiliza sus visiones ucrónicas para volcar en ellas sus modelos teóricos de regeneración y buen gobierno y eliminar todo aquello que no le gusta del país real.

Resto de su obra / Libros de relatos

Entre 1885 y 1897, Fabra publica tres libros de relatos que podemos considerar de “ciencia ficción” y ucronía política. El primero de ellos, Por los espacios imaginarios, con escalas en la Tierra (Madrid, 1885), además del comentado Cuatro siglos de buen gobierno, encontramos otros títulos como el futurista El desastre de Inglaterra de 1910 (simpáticamente anglófobo, en el cuento se vaticina un colapso del imperio británico), Diálogos en el espacio, El hombre único o Del cielo a España.

La segunda colección, Cuentos ilustrados se publica en Barcelona en el año 1895. Incluye entre otros los relatos Lo presente juzgado por lo porvenir, El planeta Marte, Un Viaje a la República Argentina en el año 2003, La locura del anarquismo, o El fin de Barcelona.

La tercera colección Presente y futuro: nuevos cuentos (Barcelona, 1897) incluye los relatos La guerra de España contra los Estados Unidos (un año antes del enfrentamiento real, pero aquí gana una España “heroica”), Páginas de la historia de lo porvenir, Recuerdos de otra vida, o El futuro ayuntamiento de Madrid.

Alta Velocidad

Para Nilo Maria Fabra la electricidad es la clave del progreso técnico. Como para muchos intelectuales del final del XIX, el futuro es una insistente extrapolación eléctrica. En su cuento Un viaje a la República Argentina en 2003, puedes ir en ferrocarril entre España y el cono sur de las Américas, moviéndose los trenes a lo largo de una especie de gigantescos submarinos que te ponen en Buenos Aires en un periquete. Fabra anticipa el tren de Alta Velocidad.

“Pequeño Julio Verne” o “HG Wells de provincias” son algunos de los apelativos dedicados a Fabra desde esa mezcla de arrogancia y autodesprecio que nos gastamos los habitantes de esta península extraña. Pero sus visiones y sueños regenerativos dan como mínimo lugar a una obra agradable y decorosa en una España, la de hoy, que mucho nos tememos, toca volver a regenerar.