Italiano de nacimiento, durante cerca de sesenta años vivió en la corte española al servicio de Felipe IV y Carlos II. Padecía enanismo por una alteración de la hipófisis, posiblemente el síndrome de Laron, pero ninguna discapacidad aparente y toda su vida mantuvo unos rasgos tan delicados que parecía un niño.

Nicolasito Pertusato en la Corte de Felipe IV

Nació alrededor de 1640 en la ciudad de Alessandria de la Palla en el seno de una familia noble del Ducado de Milán.

Tenemos constancia documental de su presencia en la Corte en el año 1650, unos meses después de su llegada al puerto alicantino de Denia, junto al séquito de la segunda esposa de Felipe IV, Mariana de Austria, quien posiblemente le añadió a su servicio cuando permaneció varios días en la ciudad natal de Pertusato durante su viaje desde Viena para contraer matrimonio con el rey español.

En el archivo del Palacio Real de Madrid aparece como Nicolás de Portosato. Según los estudios del historiador José Moreno Villa, un error de los escribas de la Corte lo cambió por Pertusato, nombre de un cabo situado al sur de la isla de Córcega. Fue durante años conocido como Nicolasito por su apariencia infantil y su vitalidad. Tenía derecho a “una ración diaria” y a “una libra de nieve cada día de verano”, producto imprescindible para mantener fríos los alimentos y el agua en los soleados veranos de Madrid (J.R. Searle, “Las Meninas y la paradoja de la representación política”, 1980).

Pertusato en Las Meninas

Aparece en primer término en el ángulo derecho del cuadro, dando una patada al perro que plácidamente se encuentra tumbado en el suelo. Su figura es la única que denota movimiento, no mirando directamente al espectador, sino concentrado en su misma acción que para algunos persigue animar al mastín a levantarse y para otros, por el contrario, lo incita a mantenerse quieto, posando su pie sobre él, momento impreciso que capta el pintor con gran maestría.

Sobre la zona posterior de su cabeza y sus largos cabellos incide uno de los focos de luz del cuadro, lo que deja su rostro en sombra. Velázquez dejó los rasgos de su cara un poco desdibujados y los estudios radiológicos realizados durante su restauración, demuestran en sus piernas los arrepentimientos del artista a la hora de dibujarlas.

El cuadro ha sido fechado alrededor de 1656, por lo que Pertusato tendría unos quince o dieciséis años cuando posó para el pintor sevillano. Curiosamente en la descripción de “Las Meninas” del Inventario del Real Alcázar de Madrid realizada diez años después no se le cita, siendo incluido en el grupo de los criados más tarde, ya en el reinado de Carlos II, cuando vuelve a reseñarse la citada obra.

“Las Meninas” es una de las pinturas más estudiadas de la Historia y son muchas y variadas las interpretaciones que se han hecho de ella. Algunos investigadores han resaltado su carga simbólica otorgando a cada uno de sus personajes un significado oculto que va desde su identificación con formaciones celestes, hasta su analogía con distintas alegorías. Según estos últimos, la figura de Nicolasito Pertusato representaría el Mal, por el color rojo de sus ropajes y su actitud de molestar al perro, emblema artístico de la Fidelidad.

Pero con independencia de estas apreciaciones, algunas realizadas sin ningún fundamento, todos los estudiosos están de acuerdo en afirmar la valentía de Velázquez al pintar una figura en una actitud tan doméstica y poco cortesana, que algunos consideran casi indecorosa, pero que otorga a toda la obra una espontaneidad inusual en los cuadros de familia oficiales.

De Nicolasito a Don Nicolás

A pesar de su baja talla, Pertusato nunca estuvo integrado en el grupo de los “bufones de Corte”, sino en el de los criados, escalón protocolario que le permitía ciertos privilegios sobre aquellos.

La reina siempre le consideró un criado fiel y, ya viuda tras la muerte de Felipe IV y como regente de su hijo Carlos II, consolidó la posición de Nicolasito nombrándole “ayuda de cámara” en 1675, con la intención de asegurarle una buena posición económica en la corte del futuro rey, tal y como opina Paloma Sánchez Portillo (“En torno a Las Meninas. Algunas notas sobre Nicolás Pertusato”, 2002).

Agradecimiento a su lealtad fue lo que proclamó la reina cuando, a su regreso a la Corte de Madrid tras su exilio en Toledo a causa de las intrigas de don Juan José de Austria, le otorgó nuevos privilegios que le hicieron ganarse el título de “don” en los círculos cortesanos. Nicolasito se había convertido en don Nicolás, tal y como registran los anales de Palacio.

Mariana de Austria admiraba también sus supuestas dotes para adivinar el futuro, siguiendo con ello la antigua creencia en que aquellas personas con alguna disfunción física, como era el caso de Pertusato, poseían poderes proféticos, cualidad que también se atribuía a Mari Bárbola, que aparece en el cuadro junto a Nicolasito y que padecía hidrocefalia.

La reina fue generosa con él en su testamento, lo cual le ayudó a situarse en la corte de Carlos II. Tras la muerte del rey y el ascenso al trono Felipe V, con el consiguiente cambio de dinastía en la monarquía española, su posición siguió siendo estable por deseo del nuevo soberano.

Por todo ello, don Nicolás Pertusato gozó de un tranquilo retiro que le permitió vivir dignamente hasta cerca de los 70 años, una edad muy avanzada para su época. Falleció en 1710, sin hijos a los que legar los frutos del trabajo en la corte de toda una vida, por lo que nombró heredera a Paula de Esquivias, quien le había atendido en sus últimos años.

La vitalidad que desprende su figura en el famoso cuadro de Velázquez no ha disminuido en los más de 300 años que han pasado desde su realización, siendo aún hoy objeto de investigaciones y protagonista de una entrañable novela de Eliacer Cansino destinada a los jóvenes lectores.