Neorrealismo fue el término usado por una serie de intelectuales y escritores italianos durante los años 40 para definir una nueva literatura y cinematografía realistas, enfrentadas al realismo rosa y de ‘teléfonos blancos’ que presentaban las películas salidas de los estudios fascistas de Cinecittà.

Autores próximos al Partido Comunista Italiano, como Zavattini, Moravia o Pavese, preconizaron esta tendencia en tertulias y revistas de cine protegidas por la figura del hijo de Mussollini, un gran impulsor de cineclubes.

Al final de la II Guerra Mundial esta teoría será llevada adelante en el filme de Roberto Rossellini, Roma, ciudad abierta. Su realismo social de base cristiana será continuado por este autor en obras como Paisà, Alemania, año cero y Strómboli, y por otros realizadores como De Sica y Visconti.

Este cine se caracterizó por el uso de actores no profesionales, uso de documentales en el montaje, denuncia de la situación socioeconómica del país tras la II Guerra Mundial, personajes anónimos y de gran complejidad psicológica, uso de tiempos muertos y bajos costes de producción.

Evolución

Este modo de hacer cine supuso una revolución, ya que apostaba por un cambio sustancial en la factura fílmica y en sus bases teóricas; gracias a su bajo costo, facilitaba la creación en un país sumido en la ruina. Esto llevó a utilizar el modelo neorrealista en diversos países, donde sus intelectuales intentaban crear una cinematografía que respondiera a las necesidades concretas de su realidad y no a las de los circuitos comerciales establecidos.

El Neorrealismo como tal duró hasta 1953, cuando Italia empezó a sentir los efectos de la recuperación económica. Sin embargo, su fuerza fue tan grande que sentaría las bases para sucesivas generaciones de cineastas con estilos muy personales, pero con el denominador común de este modo de entender la realidad (Fellini, Antonioni, Pasollini, los hermanos Taviani...) y películas comerciales que imitaban este estilo a raíz de su éxito.

Centro Experimental de Cinematografía.

Césare Zavattini fue el teorizador más importante del Neorrealismo; fundó el Centro Experimental de Cinematografía para formar a realizadores y guionistas en este estilo. Jóvenes de todo el mundo vinieron a esta ‘academia neorrealista’, y así formó parte del bagaje de todas las nuevas cinematografías que irían surgiendo a lo largo de los años 60.

Este centro ha sido uno de los viveros más importantes de cineastas y críticos de cine a nivel mundial, influyendo de una u otra forma en autores tan dispares, como Martin Scorsese, Tomás Gutiérrez Alea, Carlos Saura, Carlos Colón, Akira Kurosawa, Françoise Truffaut, etc...