En este mundo dominado por la sociedad capitalista, vivimos sumergidos en la vorágine del consumismo, que premia materialmente pero demanda tiempo y esfuerzo, ocupando nuestras vidas en ganar dinero. El problema de la crisis económica, que a tantos deja sin trabajo a diario, agrava la situación anímica y consumista de muchas personas y cambia las prioridades

¿Se es menos importante, integrado en la sociedad o actual, por vivir con menos necesidades materiales?. La respuesta “políticamente correcta” sería no, pero, sinceramente, la adicción al mundo del consumo está tan extendida y es tan apremiante que se pierden de vista las prioridades realmente humanas, ante ella.

Las necesidades humanas

Desde que nacemos tenemos necesidades básicas que demandamos del exterior. Según la “pirámide de Maslow”, las cinco principales estarían repartidas así:

  • Necesidades fisiológicas: serían las más primarias para la supervivencia como individuos, compartidas también por el resto de seres vivos. La alimentación y el alivio de la sed, la higiene y la salud física, el descanso, la satisfacción sexual, entre otras.
  • Necesidad de seguridad: cubiertas las anteriores, el sujeto precisa sentirse seguro y estable, para afianzar su personalidad. Son necesidades de cara a prevenir, a sentirse protegido personal y socialmente.
  • Necesidad de amor y pertenencia: apuntan más hacia la propia autorrealización y la autoestima por medio del afecto y la aceptación, dada y recibida de los demás.
  • Necesidad de estima: al igual que las anteriores, son básicas para formar una personalidad estable y segura de sí misma. Se trata de sentirse valorado, respetado y potenciar así la propia visión sobre nuestro físico, capacitación y adaptación social.
  • Necesidad de autorrealización: difícil de conseguir plenamente, esta necesidad se basa en la posibilidad de demostrar las auténticas vocaciones, capacitaciones y creatividad individuales y sentir que son útiles y acogidas, además de que sirven al desarrollo personal.
Solo en esas cinco necesidades puede verse que la prioridad humana pasa por cubrir dos áreas indispensables que van de la simple e imprescindible supervivencia física a la motivación para el crecimiento personal.

La sociedad de consumo y el individuo

A mediados del siglo XX empezó a desarrollarse lo que ahora conocemos como “sociedad de consumo en masa”. Se trataba de vender a toda costa la gran cantidad de productos que la automatización y las nuevas tecnologías permitían fabricar. Lo que parecía solo una labor de marketing, se convirtió en un fenómeno social. El consumidor medio no solo busca comprar mucho, sino lo más novedoso de cada producto, supeditando la calidad a la estética o las funciones que le ofrezca dicha mercancía. La “calidad de vida” llega a cuantificarse, a nivel popular, por la cantidad de objetos de moda que se posean.

Pero ya hemos visto que ninguna de esas cosas son la prioridad humana originaria. El individuo, enfrentado a una sociedad que le demanda lucir más, consumir más y demostrar su poder adquisitivo, se olvida de sus propias necesidades como tal y pasa a ser un comprador más, basando su éxito personal en su compulsión por la obtención de objetos novedosos que exhibir como señal de mayor triunfo .

A tal punto, la mayoría considera un acto de amor o afecto el regalar o recibir presentes materiales de última generación o de marcas relevantes.

Cambiando esquemas

Las crisis económicas, dentro de su negatividad, contienen una señal de alerta y una oportunidad para darnos cuenta de que existe otra forma de vivir, incluso más plena, gratificante y natural, que el delirante acaparar de productos.

En los comienzos de este nuevo siglo, las personas empiezan a darse cuenta del abandono que han hecho de su espiritualidad- al margen de religiones o creencias más o menos místicas- y del abusivo culto al cuerpo. La salud, tanto física como mental o espiritual, no precisa de un excesivo capital, sino de un equilibrio y de cierta imaginación y positivismo.

Un gimnasio puede ser sustituido por una carrera al aire libre, un paseo en bicicleta o un partido de cualquier deporte de grupo con los amigos o compañeros. Un armario repleto de ropa o zapatos de famosos diseñadores demuestra pronto su escasa efectividad ante la satisfacción íntima personal. Leer un libro o compartir un juego de mesa pueden satisfacer tanto o más que horas en un centro de ocio. Y casi todos acabamos prefiriendo un pequeño poema, manualidad o detalle personalizado como regalo de los que nos aman.

Adentrarse en el espíritu humano, aprender a vivir los pequeños momentos gozosos de cada día, satisfacer los sueños positivos, las ambiciones creativas y las metas incumplidas, puede unirnos más y hacernos llevar una vida más feliz y completa.