La Navidad es especialmente indicada para el recogimiento, los exámenes de conciencia, la valoración del otro, la unión familiar.

Las fiestas navideñas en el mundo actual

En los últimos tiempos pareciera ser que el consumo y el mercado le han dado otras direcciones, cambiando el sentido de lo que realmente se debe celebrar, indicando ¿qué se debe hacer?, comprar o ¿cómo pasar estas fiestas?, transformando de alguna forma una celebración religiosa en una pagana, en donde es el mercado quien sugiere las alternativas a seguir durante ese tiempo.

A su vez, la figura de Papá Noel, ha tomado tanta notoriedad que en cierta manera se encuentra por encima de lo que realmente se festeja, cuestión que desde algún lugar, marca la tendencia hacia la compra compulsiva de regalos para los niños.

Si bien mantener la fantasía de Papá Noel, posibilita en los niños esperanza, alegría y la posibilidad de creer en cuestiones mágicas, esta creencia debe ser acompañada por el diálogo acerca de la bondad y solidaridad que implica la navidad en sí.

Las fiestas navideñas anuncian fe y esperanza, tiempo en donde más que nunca debe apuntarse a revalorizar la vida y la reflexión a fin de pensarse en función del otro, para el otro y con el otro.

Fiestas para renovarse en la Fe

La Navidad implica renovación, renovación del alma, caminar conforme a los preceptos de Jesús, esto es amar y perdonar, reconciliarse con el prójimo.

Es en esta cuestión del perdón, es en donde el humano queda como entrampado, ya sea por orgullo o por cuestiones de poder, de una forma o de otra, el ser humano tiende a no perdonar, aunque desde la palabra lo haga, por lo que ejercitar el alma para poder perdonar y olvidar posibilitaría un crecimiento personal.

Un nuevo año y un nuevo comienzo

El comienzo de un nuevo año, implica realizar un balance de lo hecho y lo que queda por hacer, de los proyectos realizados y los que vendrán, pero fundamentalmente, ese cambio cobra una nueva dimensión cuando se lo relaciona con la conciencia, con la forma de obrar, con la posibilidad de proyectarse como ser de luz.

Dentro de las reflexiones, puede precisarse que en realidad la Navidad invita a la comunión con el otro, con los próximos, implicando de alguna forma propiciar un espacio de diálogo y escucha.

La idea de la familia reunida frente al árbol da cuenta de amor y comprensión por lo que sería favorable extender esos valores hacia el entorno, ampliando fronteras, tal como hizo Jesús, lejos de discriminar y sentenciar, él enseñó desde la palabra y sus hechos que se puede renunciar al egoísmo, instalar el amor, el perdón y la reconciliación.