¿Con quién cenar en Navidad? La pregunta parece no ofrecer muchas posibilidades de respuesta puesto que se trata de una celebración tradicionalmente familiar. Entonces, todo el mundo acepta que la Navidad se festeja con la familia. Sí, con la familia, pero ¿de quién?

Aunque el problema de la pareja de optar por una familia u otra se presenta en muchas ocasiones desde el noviazgo o antes de que comience a vivir bajo el mismo techo, de alguna manera se puede sortear el asunto, quizá yendo primero a la casa de la familia que acostumbra cenar más temprano, que por lo general es más aburrida y dejando para la segunda parte de la celebración a la que prolonga la fiesta hasta bien entrado el siguiente día.

Negociar en pareja

Durante los primeros años en común la negociación también puede darse en el sentido de festejar la Navidad en la casa de uno y asistir a la fiesta de Año Nuevo en la del otro, alternando los festejos cada año.

No obstante, esto no siempre es bien recibido por los padres, tíos, abuelos, primos y demás miembros de familias numerosas, nucleares y muy tradicionales, en donde, además, existe la posibilidad de que todos se la pasen muy bien menos los integrantes de la pareja en donde uno tuvo que ceder.

Los chantajes de la abuela

No falta el chantaje de la abuela, quien pregona desde septiembre que su mayor deseo es pasar la que podría ser su última Navidad rodeada de todos los hijos, nietos, sobrinos nietos y demás familiares.

Quizá el primer año que la abuela, en su carácter de matriarca, recurre a esa estrategia le funcione, pero al paso de los años, en los que afortunadamente la abuela ha mostrado una salud de hierro, los integrantes de la pareja y los nietos adolescentes, a quienes ya no les hace ilusión cargar a los peregrinos, cantar la letanía y pedir posada antes de romper la piñata o encender luces de bengala traten de independizarse y festejar de otra forma, sin embargo, ahí entra al quite algún otro miembro de la familia, que pasa por un mal momento y sería una pena negarle el pequeño gusto de ver a todos los familiares reunidos.

Cuando afloran viejos resentimientos

Cuando las parejas ya tienen algún tiempo viviendo juntos, tienen hijos y se supone que ya deberían tener resuelto el conflicto, es muy común que afloren añejos resentimientos que se remontan al noviazgo.

Que si uno de los dos llegaba a la casa de la suegra y se comportaba como invitado a la cena y esperaba que los demás le sirvieran en lugar de ayudar, como todos los miembros de la familia, a cocinar, poner la mesa, servir los tragos, ir a comprar el pan o algo que se olvidó para la ensalada o simplemente acomedirse a lavar los trastos para que a los de casa no les quede tan sucia la casa, con lo que la celebración se convertía en una verdadera carga y todos señalaban abiertamente o con la mirada a quien no se comportaba según las expectativas.

Lo más saludable sería aclarar cualquier situación que moleste y evitar los reproches a largo plazo, que se dan en forma de terribles discusiones históricas e histéricas.

Tiempo de festejar y disfrutar

Los niños son los más ilusionados por la Navidad, de manera que no es justo ensombrecer las fiestas por la discusión en torno a en qué casa se celebrará.

Para nadie es ajeno el estrés que se enfrenta en estos días debido a los múltiples problemas económicos, laborales, de seguridad y aun políticos que amenazan o afectan el bienestar familiar. Si existen diferencias insalvables con las familias paternas de uno u otro lo mejor sería no involucrar a los niños y quizá sea tiempo de iniciar una nueva tradición en la que se festeje la Navidad como a los miembros de la familia más les guste, en un ambiente cordial, respetuoso y festivo.

Espíritu de la Navidad

Involucrar a los niños en la decoración de todos los espacios, en la compra y preparación de los alimentos y en la planeación del festejo, incluyendo los aspectos religiosos, pues no hay que olvidar que en esta fiesta debe prevalecer el espíritu de la Navidad, es decir, de paz, armonía y hermandad.

No se trata de esperar únicamente regalos materiales, comer rico, beber en exceso y divertirse al margen de la idea que dio origen a la Navidad, para eso están otras fechas.