
- Mujer con su hijo en la Casamance - Sara López
Al sur de Senegal, el río Casamance divide en dos la región que le da nombre a lo largo de sus 300 kilómetros de recorrido. En su desembocadura forma un delta repleto de laberínticas rías que discurren sinuosas entre manglares. Navegando en cayuco por sus aguas se descubren lugares de gran valor ecológico y paisajes de tranquila belleza.
Algunas webs como Ismalar o Ecoviajeros ofrecen rutas por esta región, que limita al sur con Guinea Bissau. La forma más rápida de llegar es coger un vuelo a Banjul, capital de Gambia, y de allí pasar a Senegal en transporte público. Otra opción es volar hasta Dakar y coger el ‘Sitoe Diatta’, un barco que navega frente a las costas de Senegal y Gambia hasta llegar a Ziguinchor, capital de la Casamance.
Oussouye, la etnia Diola y la religión animista en Senegal
La ruta a seguir puede variar según gustos y preferencias, pero hay varios pueblos que es recomendable visitar. En la parte sur del río, la Baja Casamance, destaca Oussouye, cuna de la etnia Diola, predominante en la región. Desde su casa inmersa en el bosque sagrado reina el rey de Oussouye, cuyo reinado se extiende a otros 16 pueblos de la Baja Casamance. Ataviado con su túnica y su gorro rojos recibe a los visitantes previa cita y responde a todas sus preguntas acerca del pueblo y su funcionamiento. ¿Cuántas veces se tiene la oportunidad de asistir a una audiencia real? Sin duda es un personaje curioso que merece la pena conocer.
El rey no solo es un mediador social que se encarga de resolver los conflictos entre pueblos y particulares, sino que también es jefe de la religión animista, que se practica de forma mayoritaria en la región. Los animistas creen en los fetiches, los espíritus que son intermediarios entre el hombre y Dios. Durante las ceremonias de petición realizan sacrificios de vacas, pollos o cabras y nunca falta el vino de palma.
Karabane, Cap Skiring y Diembereng en la Baja Casamance
A unos 10 kilómetros en toca-toca (transporte público) se encuentra Mlomp, donde puede visitarse el museo de la etnia Diola, cuyas tradiciones ancestrales persisten a pesar del transcurso de los años. Desde el puerto pesquero de Elinkine se accede en cayuco a Karabane, de exuberante vegetación. Esta isla tiene también un gran valor histórico porque fue la primera colonia francesa en la Casamance, una especie de Goreé del sur. Los restos de la ciudad de la época de la esclavitud conviven con los campos de arroz, principal fuente de subsistencia Karabane.
Un lugar más turístico es Cap Skiring. Sus playas son para algunos las mejores de Senegal, pero los hoteles de varios pisos al estilo occidental le restan encanto. A 10 kilómetros al norte se encuentra Diembereng, que conserva el sabor tradicional y posee playas igual de impresionantes .
Alta Casamance: Kafountine y Abené
En la Alta Casamance se encuentra Kafountine, pueblo de pescadores. Por las noches el sonido del djembé y el reggae lo inundan todo y el ambiente es insuperable. A 7 kilómetros por carretera y 4 por la playa está Abené, famoso por su festival de música y danza en enero. Allí se levanta majestuosa una ceiba gigante, un árbol sagrado de inmensas raíces que las señoras del pueblo custodian con gran celo y solo te permiten contemplar tranquilamente si les das una “ofrenda” (té, velas…).
Desde Kafountine puede cogerse una piragua pública que pasa por varios pueblos. Las aguas del Atlántico y del río Casamance se mezclan creando espectaculares paisajes de bolongs (meandros) que discurren entre las islas. Perderse por estos laberintos acuáticos es una experiencia de lo más relajante. En los bosques salpicados de baobabs, ceibas y palmeras viven aves de muy distintas especies.
Las islas del río Casamance al sur de Senegal
Escondidos entre manglares se encuentran rincones preciosos como Kouba o Kaïlo. En estas islas del río Casamance vive un número muy reducido de gente y se disfruta de una tranquilidad total porque apenas hay turismo. En el caso de Kaïlo son pocos los blancos que la han pisado, por eso los niños más pequeños lloran asustados cuando algún visitante pasa por la aldea y los de más edad se sientan a observarte como si fueras una película y se ríen.
Tanto en Kouba como en Kaïlo el cultivo de la marihuana es el principal medio de subsistencia. Mujeres de todas las edades se dedican a cuidar las plantas desde la siembra hasta el secado. Los militares no la requisan por la difícil accesibilidad de la isla y por supuestos conjuros y maldiciones que los mantienen alejados. No hay que olvidar que en Senegal, y muy particularmente la etnia Diola, creen en los espíritus.
