México es un país de tópicos de temporada. Temas de discusión que nos duran entre seis meses y un año. En el tiempo que estos están en boga olvidamos un poco los temas de siempre, los malos salarios de siempre, el mal gobierno de siempre, la impunidad de siempre. Si imagináramos un mundo de novela policiaca, donde todo sucede por alguna conspiración del gobierno, y donde las cosas y los sistemas no se crean solos de la nada por una serie de coincidencias, sino que son creados con un propósito definido, podríamos llegar a pensar que existe una razón que explica estas conductas sociales repetidas, pero ese es otro asunto y esta no es una novela policiaca.

El tema de este año es la homosexualidad, en general y dividida en especies. Hoy le daremos algunas vueltas, sin más pretensiones que la filosofía en sí, al matrimonio entre parejas homosexuales.

Nomenclatura correcta y la sexualidad como esencia del matrimonio

El primer problema está en el titulo “matrimonio entre parejas homosexuales”. El problema es que el título es correcto, gramatical y jurídicamente. Por alguna razón, la cual probablemente se funda en la ignorancia, la palabra homosexual ha tomado el valor de un insulto. Además de existir el magnífico listado de palabras peyorativas que todos conocemos, sucede que la palabra correcta ahora también ofende. Los comunicadores tienen miedo a decir “parejas homosexuales”, y prefieren, el más evasivo y cómodo nombre de “parejas del mismo sexo”.

El matrimonio conlleva una connotación sexual por antonomasia, la definición de matrimonio según el código civil de Puebla indica que los propósitos del matrimonio son, en primer lugar, perpetuar la especie, y, en segundo, ayudarse en la lucha por la existencia. Claro que esta definición también indica que el matrimonio será monógamo y heterosexual, pero este es el punto lo trataremos más adelante. Los cónyuges no solo deben ser dos personas, sino que deben de tener como propósito la reproducción, ya que esta es la forma de perpetuar la especie, y la forma tradicional de reproducirse es totalmente sexual, así dos personas del mismo sexo que contraigan matrimonio, aun con la natural imposibilidad de reproducirse entre ellos, deberán ser homosexuales.

Esta inclusión de la sexualidad es razonable, ya que como base de la familia los cónyuges deben compartir un vínculo más fuerte que el de la simple amistad o necesidad, y sería ridículo intentar incluir valores como el amor, ya tenemos suficiente con la siempre incomprendida palabra “justicia”.

Marco legal, concepto y posibilidades de reforma

El siguiente es el concepto que la ley nos da de matrimonio:

"El matrimonio es un contrato civil, por el cual un sólo hombre y una sola mujer, se unen en sociedad para perpetuar la especie y ayudarse en la lucha por la existencia."

(Artículo 294, código civil del estado de Puebla)

Las legislaciones deben crearse en respuesta a problemas y/o fenómenos sociales, y no a la inversa. La vida en pareja entre homosexuales no solo es una realidad, sino que es una realidad muy vieja, es por esto que el tema está en discusión. El problema que se presenta, además de la lucha por la dignidad de ser considerados iguales, es la falta de reconocimiento de ciertos derechos, indispensables en la vida familiar, que son propios del matrimonio. Los más importantes son la seguridad social y los derechos sucesorios (traspaso de bienes al cónyuge sobreviviente en caso de la muerte de uno de ellos).

Hay dos posibles acciones a tomar para resolver esta controversia, la primera es la de reformar el código civil, un simple ajuste gramatical sería más que necesario, Así de la definición "El matrimonio es un contrato civil, por el cual un sólo hombre y una sola mujer, se unen en sociedad para perpetuar la especie y ayudarse en la lucha por la existencia.", se cambiaría a "El matrimonio es un contrato civil, por el cual dos personas, se unen en sociedad con la posibilidad de perpetuar la especie y ayudarse en la lucha por la existencia."; la segunda es crear, o aplicar, un contrato distinto para las parejas homosexuales, el contrato de convivencia en este caso.

Los legisladores se han rehusado a cambiar alguno de los elementos esenciales del contrato; y las parejas homosexuales no aceptan la inclusión de un contrato nuevo aplicable solo a ellos.

Hay argumentos contrarios, ambos con cierta razón, sobre las dos posibilidades.

Al cambiar alguno de los elementos del matrimonio, se cambiaría por completo el concepto, por lo tanto ya no podría llamarse matrimonio como tal; además que al darle el título de matrimonio a una pareja homosexual automáticamente debes darle la capacidad de la adopción, ya que es uno de los derechos de un matrimonio, y esto es algo de lo que no se discute a profundidad aún.

Las parejas homosexuales no aceptan el contrato único para ellos, por la sencilla razón de que es solo para “ellos”, se sienten alienados por una ley especial y desconfían, con justa razón, de la igualdad que pueda haber con ellos. Suelen citar a la constitución diciendo que la ley no permite leyes especiales.

Como heterosexual, soltero, que no ejerce como legislador se pueden ver las dos posturas un tanto radicales a su manera, y no es que estén mal, simplemente que al estar fuera del círculo afectado se entiende de distinta forma, pues mi vista es más superficial.

Por el lado de los legisladores, pareciera retrógrada la idea de no querer cambiar el concepto de matrimonio dentro de una sociedad en cambio. Uno de los problemas que enfrentamos como país es que las instituciones no evolucionan al paso que lo hace la sociedad, están rezagadas a un costumbrismo anticuado e ineficaz. Pero tienen razón al no querer aceptar un tema como la adopción de niños por parejas homosexuales sin tratarlo con la profundidad que se merece.

Por el lado de las parejas homosexuales, es comprensible que no quieran ser tratados diferentes, que pueden sentirse ofendidos por una ley que les parece despectiva o desigual, pero algo es cierto, una pareja homosexual no es igual a una pareja heterosexual. Y no es que unos sean mejores que otros, pero es claro que existe una diferencia. Otra verdad es la realidad de que existen leyes especiales en México. Ciertos delitos penales funcionan de forma distinta en base al género de los involucrados; también se hace diferencia por la edad, el ejemplo directo es la necesidad de haber cumplido dieciocho años para votar, o las facilidades que se les concedes a los adultos mayores. Todo esto, y más, existen por el hecho de que, aunque suene incomodo, no todos somos iguales.

Estado actual, avances y deficiencias

Hoy por hoy ya se dio un paso hacia adelante que conducirá a próximas reformas sobre los códigos civiles y familiares. La suprema corte de la justicia ha declarado la posibilidad de contraer matrimonio sin importar el género ni la preferencia sexual. Un paso realmente escueto en resultados, pero que trae consigo bastante optimismo y posibilidades. Es algo más representativo que real, pues sin importar lo que la suprema corte diga no se han reformado los códigos federales, estatales, ni los reglamentos que abordan la materia, y sin esto, los cónyuges homosexuales se toparán con muros burocráticos casi impenetrables.

Un par de meses atrás se presentaron los primeros problemas, las instituciones de seguridad social no hacen extensiva la prestación entre parejas homosexuales. Su decisión no lleva la intención de discriminar, sino la de seguir las reglas. Según el principio de legalidad, las autoridades solo pueden hacer aquello que se les faculta, por lo tanto si su reglamento interno aún no se reforma, deben apegarse a él, ya que dentro de sus facultades no está la de reformar o reinterpretar las reglas.

La suprema corte está evitando, o retardando, las declaraciones sobre la adopción por parte de parejas homosexuales. Se cree que de tomar el tema no tendrán más opción que aceptarlas. Al ser ellos quienes les dieron el sí a estos matrimonios, negar la adopción no solo sería una contradicción, sino que sería discriminación.

Naturaleza humana, a favor o en contra de los matrimonios homosexuales

Ahora, regresando al título, es pertinente darle un espacio propio a uno de los argumentos principales en contra. Nos alejamos del terreno legal para entrar al de la costumbre, la moral (o doble moral) y los principios.

El ser homosexual no es natural, nuestros cuerpos no están hechos para funcionar de esta forma”. Este comentario suele ser el estandarte de aquellos que no aceptan el matrimonio homosexual. Fácilmente se darán cuenta de la pretensión de mezclar biología y religión, un terreno bastante delicado. Lo religioso reside en “están hechos”, pues presume que fuimos creados más que desarrollados, y lo biológico puesto que enfatiza las funciones corporales.

Sucede que hay dos posibilidades contrastantes con los humanos. O nada de lo que hacemos es natural, o todo lo es. Ser homosexual no es natural, pero tampoco lo es el matrimonio, la monogamia, los divorcios, el televisor, la masturbación, los presidentes, la religión, la moda, las revistas de moda, las escuelas, los hospitales, las prisiones, este artículo… O, la otra posibilidad, lo más natural del hombre reside en una de sus prerrogativas esenciales, la constante evolución. De esta forma, todo lo que hacemos es natural, siendo esto una causa de nuestra natural evolución. Nuestra adaptación desarrollada y nuestra creciente capacidad mental traen como consecuencia natural, además de lo antes mencionado, los matrimonios entre parejas homosexuales.

Es tarea nuestra darle la bienvenida al cambio, pues esto es lo único natural que siempre tendremos.