En la película Tratamiento de shock, 1973, Annie Girardot recibe las olas de una playa completamente desnuda con un cuerpo espléndido acorde con el de su personaje, una burguesa que se instala en una clínica para rejuvenecer en manos de un médico de notable atractivo, Alain Delon. La bella señora vive intensamente un romance en plena exaltación de sus rejuvenecidas hormonas... hasta que se da cuenta de que detrás de tan espectaculares logros se desarrollan unas terroríficas técnicas. Una historia y un desnudo que fueron censurados en muchos países. Nadie se había atrevido a tanto, y menos aún una actriz ya consagrada.

Glorioso comienzo

Su debut en un papel importante fue en Rocco y sus hermanos, de Luchino Visconti, 1960, última obra maestra del neorrealismo italiano en la que Girardot interpreta a una prostituta sensible y atormentada en un drama coral de gran carga social y sentimental. A su lado, Alain Delon, Claudia Cardinale y Renato Salvatori, con quien tiene un tórrido romance en la ficción y en la vida real, padre de su única hija, Giulia Salvatori, autora del libro La memoria de mi madre.

Rocco... es una lírica, apasionada y trágica aventura cinematográfica de casi tres horas de duración donde Nadia, la prostituta, es el personaje con mayor desarrollo por la variedad de registros que posee. Una cantidad de emociones y apariencias que le permitieron demostrar un talento versátil nada corriente que marcaría de modo admirable su carrera. Aquí es irresistible con sólo exhibir sus piernas y sus hombros desnudos, su sonrisa; con muy poco da la dimensión carnal de una mujer que despierta tremendas pasiones, pero también logra una impresionante tensión dramática bajo la lluvia, en el barro, en la coquetería y en la desesperación más absoluta. Altiva o derrotada, siempre conforma un personaje de arrebatadora personalidad.

Actitud positiva

La gran actriz acaba de morir tras larga enfermedad. Padeció Alzheimer que combatió con gran disciplina y fuerza de voluntad, trabajando hasta el último momento. Su última interpretación importante fue en La pianista, Haneke, 2001, en el papel de madre impedida y posesiva de una profesora de piano y concertista (Isabelle Huppert) que tiene un potencial sexual masoquista no resuelto que la transforma en un ser de gran crueldad. Girardot realiza un trabajo memorable basado en la neurótica relación con su hija.

Trabajó sin cesar en cine y teatro. Otras películas memorables fueron Los camaradas (I Compagni), 1963; Las brujas, 1967; Vivir para vivir, 1967; Testigo de excepción, 1995; Y tan amigos, 2005; Caché (Escondido), 2005.

Dejó de trabajar cuando la enfermedad ya no le permitió dar un paso más, ni memorizar nada. Mantuvo siempre un gran sentido del humor, una actitud muy positiva ante las cosas de la vida enfrentándose abiertamente a las dificultades sentimentales y económicas por las que tuvo que pasar. Para la gente del espectáculo fue una compañera de gran talento, carente de arrogancia, siempre dispuesta a aprender y a colaborar.

Fuerte personalidad

Tras una larga y fructífera carrera, su 75 cumpleaños lo pasó en Moscú. Dispuesta a participar de una celebración en su honor, salió del coche con un abrigo de piel abierto, segura de seducir al mal tiempo: "Acabo de volver de Riazán donde estoy trabajando en la película para TV, Vorotili (Hombres de negocios), y ya estoy acostumbrada a la temporada impredecible de Rusia. No se me puede asustar con nieve o lluvia. Juego el papel de una periodista encadenada a una silla de ruedas que entrevista a un preso". Esos días de rodaje fueron los últimos de su trayectoria profesional. Sus esfuerzos fueron notables, pero la enfermedad no le permitió volver al trabajo.

Siempre leal a su capacidad de entrega y al coraje de vivir, en 2008 aportó su testimonio para un documental sobre el Alzheimer, Annie Girardot, Ainsi va la vie.