Llegó con el año nuevo. De un día para otro ya no podían fumar un cigarrillo tras el café en el bar de siempre. Tampoco en la puerta del colegio, mientras hacían tiempo para recoger a los niños. Ni siquiera en los bancos del parque, ahí donde están las papeleras y ceniceros de hierro, ni en las cafeterías de forma de kiosco que están justo a la salida, donde ya no hay árboles ni niños.

La nueva Ley Antitabaco se presenta como necesaria para proteger la salud de los que eligieron no fumar o simplemente no pueden elegir, pero, según la opinión mayoritaria de los fumadores, obvia la libertad de los que decidieron hacerlo.

Las protestas de los hosteleros que prevén un impacto económico de hasta el 20%, no ha conseguido aún excepciones para ningún lugar susceptible de prohibición.

Los lugares prohibidos para fumar en España

No se puede fumar en locales públicos, en centros o establecimientos sanitarios y sus alrededores (estén o no al aire libre). Ni en colegios, universidades y parques de recreo infantil. Tampoco en las estaciones de tren, autobús o avión, ni en los puertos. Está prohibido en bares, restaurantes, hoteles, salas de teatro, cines y demás recintos de uso público.

Los fumadores se quejan de desinformación, de haber recibido sólo prohibiciones, de no tener un lugar acondicionado para poder fumar. Les parece indignante que precisamente el Gobierno que les prohíbe fumar sea quien les vende el tabaco y que se instalen máquinas expendedoras donde no se les permite encender el cigarrillo.

Creen necesario que se considere seriamente al tabaquismo como una enfermedad ya que siete de cada diez fumadores querría dejar de serlo, según recoge la web comodejardefumar.org y consideran imprescindible que se cree un programa médico subvencionado para ayudar al que se decide a dejarlo.

Las denuncias ciudadanas

Aunque la ministra Pajín quite importancia al asunto en el Senado y minimice el número de denuncias en proporción al número de bares de España, éstas han proliferado por el incumplimiento de la Ley. En muchos casos por desconocimiento y en otros por rebeldía, el fumador se expone a multas que oscilan entre los 30 y los 600 euros, si decide encender un cigarrillo en lugar prohibido.

En general, existe una predisposición al respeto por el no fumador, en especial por los menores que son considerados los grandes perjudicados pasivos, pero hasta que se acoplen los intereses entre beneficiados y perjudicados, es de esperar aún algún que otro conflicto.