Una mujer a cargo de labores políticas era poco común hasta hace unas décadas. El que alguna pretendiera aspirar a un alto cargo en el gobierno pasaba a ser casi una utopía. Sin embargo, estos últimos años han visto el advenimiento de mujeres en importantes cargos.

Ángela Merkel, canciller de Alemania, Michel Bachelet, ex presidenta de Chile y actual directora de la ONU Mujeres y Cristina Fernández, hace poco reelecta como presidenta de Argentina, son un ejemplo de la llegada de mujeres a altos puestos políticos.

La inclusión de mujeres en política es un factor fundamental que todo sistema democrático, imperante en la mayor parte de occidente, debe considerar. Para que la lucha contra la inequidad -abismal entre hombres y mujeres- sea óptima se debe sumar a las mujeres a cargos de liderazgo brindándoles la oportunidad de mostrar sus aptitudes al igual como lo han hecho los hombres.

La doctora Clara Fassier en su estudio "Desarrollo y participación política de las mujeres" explica: “Las mujeres constituyen el 70% de los 1.300 millones de pobres en el mundo; dos terceras partes de los 876 millones de analfabetos del mundo son mujeres; tan sólo un 54% de las mujeres en edad de trabajar lo hace; y de los 41.845 parlamentarios que hay en el mundo tan sólo el 14,6% son mujeres”.

La participación femenina en política es muy baja y según Fassier se debe a que las tareas políticas se consideran para hombres.

Bajo este contexto la arremetida exitosa de mujeres como Merkel, Bachelet y Fernández se explicaría -en parte- por la crisis política, económica y social que se vive en gran parte del mundo, donde los ciudadanos buscan una salida a sus problemas tendiendo a entregar su voto a nuevas opciones: “Habitualmente la participación femenina es una práctica social silenciosa que tiene un escaso reconocimiento. Muy ocasionalmente y, en general, con relación a momentos de crisis su presencia cobra visibilidad”, explica Fassier.

Problemas de la mujer que trabaja en política

Las mujeres que se atreven a laborar en política deben constantemente estar probando por qué están ahí más que en el caso de los hombres. Además, como toda mujer trabajadora, deben cumplir también con la crianza de los hijos, si los hay.

La investigadora Drude Dalherup identificó una serie de dificultades a las que se exponen las mujeres que están en minoría dentro de una organización con mayoría masculina. Entre ellas destacan: una alta exposición a la crítica; ser consideradas un símbolo del sexo femenino, por lo que el hacerlo bien o mal pasa a ser una condición de género; exclusión en las negociaciones y acuerdos; baja escucha y escasa consideración a sus opiniones.

Sintetizando, “una mujer debe ser dos veces competente para ser aceptada, pero si es demasiado competente se vuelve una amenaza”, dice Dalherup.

Merkel, Bachelet y Fernández, ejemplos de liderazgo

Un escenario machista sumado a problemas de credibilidad política, desempleo y revueltas sociales dieron la bienvenida a Merkel, Bachelet y Fernández.

Ángela Merkel no sólo lleva las riendas de Alemania sino que también aparece dentro del grupo de los políticos más fuertes y entre los que han salido mejor parados frente a la recesión económica. Se la ha catalogado como “la salvadora del viejo continente” y parece que estas palabras no le quedan cortas:”Mi misión central es ayudar a Europa a salir de la crisis financiera con el mismo éxito con el que lo ha conseguido Alemania”, dijo a elmundo.es.

Michelle Bachelet marcó historia en Chile, pues no sólo fue la primera presidenta del país sino que también terminó su mandato con un 84% de aprobación ciudadana. Su estilo carismático fue su fuerte a la hora de ganarse el beneplácito del pueblo.

El buen trabajo de Bachelet hizo que la ONU la nombrara directora de su nuevo proyecto, ONU Mujeres, entidad que busca impulsar la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer.

Cristina Fernández fue reelegida como presidenta de Argentina con cerca del 55% de los votos convirtiéndose en la mandataria más votada de la historia de la democracia de esa nación desde 1973. La dupla que conformó con su fallecido esposo, Néstor Kirchner, le ayudó a conseguir la popularidad de la que hoy goza en conjunto con los avances en economía, generosos planes sociales y subsidios estatales.

Toda nación que se considere democrática debería considerar la equidad de género como un tema primordial. Sin embargo, en los países que se dicen con un sistema democrático la participación de las mujeres en el gobierno sigue siendo baja, por lo que es necesario tomar conciencia de este hecho y comenzar a velar por los intereses de igualdad desde el Estado.