El pensamiento feminista de los años setenta del siglo XX puso de manifiesto el olvido de las contribuciones de las mujeres a la historia de la humanidad, cuestionando la rigurosidad de los planteamientos científicos que habían obviado a la mujer hasta ese momento (incluso como objeto de estudio) y los presupuestos teóricos de corte androcentrista ( el varón como centro y medida de todas las cosas).

Así, este movimiento social y político, pero también teórico y filosófico, trae consigo aportaciones que revolucionan y transforman a las disciplinas asociadas a las ciencias sociales humanas y en las que paulatinamente surgirán los estudios de género.

Estos abren distintas temáticas de investigación como la diversidad cultural en la construcción sociocultural de la feminidad/ masculinidad, la pluralidad de identidades sexuales, o la desigualdad por razones ligadas al sexo-género en las culturas del presente y a lo largo de la historia.

El enfoque de género

Esta nueva perspectiva incluye el concepto de género, una categoría analítica que va a permitir deslindar las consideraciones culturales de las biológicas (sexo), atribuidas a hombres y mujeres.

“Las diferencias de sexo son biológicas, pero el género abarca todos los rasgos que una cultural atribuye e inculca a hombres y mujeres. En otras palabras el se refiere a la construcción cultural de las características masculinas y femeninas” (1999: “Género” en Kottak, C.P. Antropología. Una exploración de la diversidad humana con temas de la cultura hispana. Mc GrawHill. Madrid).

Dentro de la categoría género se incluirán los diferentes roles establecidos para cada sexo en una sociedad y/o las expectativas creadas acerca de su comportamiento, así como las creencias e imágenes estereotipadas asignadas para cada cual, entre otros contenidos.

“Si el sexo es el aspecto natural o biológico de las diferencias entre hombres y mujeres, es decir, lo que es más o menos invariable entre las culturas, el género es todo lo demás: todas las ideas acerca de los dos sexos (que no siempre son dos), y toda la organización social que parte de esas ideas; los criterios para la categorización, las representaciones, la división del trabajo, el reparto de responsabilidades…”(Thurén, Britt-Marie, 1992:”Del sexo al género. Un desarrollo teórico 1970-1990", en Rev. Sociología del Trabajo, nueva época, Nº 25, otoño 1995, pp.55- 70).

Los estudios sobre las mujeres

La revisión del discurso histórico conocido desde el enfoque de género, ha permitido sacar a la luz las distintas y variadas aportaciones de las mujeres a la historia de la humanidad, así como redefinir qué es un hecho histórico.

Fruto de ello han proliferado los estudios e investigaciones que tratan de rescatar desde todos los ámbitos el papel invisible de la mujer en este proceso; aproximaciones teóricas y metodologías al caso ante nuevas fuentes que requieren de diferentes procesos de análisis: géneros epistolares, autobiografías, memorias, etc; documentos que hablan en primera persona de la realidad femenina de la época, de su quehacer cotidiano y de sus logros.

Pero hablar de enfoque de género puede implicar algunas premisas adicionales que conllevan ciertas controversias de difícil conclusión. ¿Qué supone la convergencia de dos miradas en la narración histórica? ¿Existe un juego de matices en el acercamiento al conocimiento determinada por la diferencia de género?

Mujeres celebres en la historia de la humanidad

La investigación histórica y antropológica ha permitido rescatar la vida y la obra de muchas mujeres que fueron eclipsadas por la supremacía social y cultural otorgada varón en la intelectualidad y en el mundo de las artes.

Christine de Pisan (1364-1430), es uno de esos notables ejemplos. No en vano, la poetisa francesa ha sido reconocida como la primera escritora profesional de la historia de Occidente (Chadwick, 1999: Mujer, arte y sociedad, Barcelona, Destino).

Otro es el caso de Marietta Robusti, (1518-1594), hija del pintor renacentista Tintoretto, con el que trabajó en los talleres artesanales de la época. Hasta el siglo XX no se reconoció la autoría de alguna de sus obras, atribuida tradicionalmente a su progenitor (Duque, M.I, 2009:"Aportes creativos femeninos en la pintura y la ilustración", en Alarife: Revista de arquitectura).

El talento de Nannerl Mozart (1751-1829), también es muestra de aptitudes y capacidades arrinconadas. Maria Anna Mozart fue educada en los mismos términos que su hermano Amadeus, pero le cedió el protagonismo musical por disposición de su padre. De igual modo, el genio escultórico de la francesa Camile Claudel (1864-1943) no pudo alcanzar el esplendor merecido, pues aprendiz y amante de Auguste Rodin, sucumbió a la frustración de hallarse siempre a su sombra.