
- Tren de la Paz africano - NAWOU
Los episodios protagonizados por estas mujeres son poco conocidos y probablemente nunca figurarán en los libros de historia, ni siquiera el gigante de la búsqueda de información de la era digital ofrece importantes resultados. Tal vez por eso mismo, estas iniciativas lejanas en el tiempo y el espacio, pero cercanas en la forma y los objetivos, ilustran cómo la toma de conciencia y la búsqueda de la paz por parte de las mujeres tiene lugar muchas veces ante la total ignorancia de la comunidad internacional.
Primer tren de mujeres
En el verano de 1993, y en pleno conflicto armado entre Georgia y Abjasia, una conocida dramaturga georgiana, Keti Dolidze, tuvo la idea de fletar un tren de mujeres, ataviadas con el tradicional pañuelo blanco sobre sus cabezas, y poner rumbo a Sujumi, capital de Abjasia, con la no poco ambiciosa intención de parar los combates. Lo llamó el Tren de la Paz (Peace Train) y su tripulación incluía a las integrantes del White Scarf Movement, una organización creada por la propia Dolidze con el fin de resucitar una antigua creencia muy extendida en la región. Según la tradición, el honor obliga a los hombres a abandonar el enfrentamiento si una mujer se interpone y se quita el pañuelo blanco tirándolo al suelo ante ellos.
“Atravesaremos Mingrelia sólo con amor”, decía Keti Dolidze, quien pretendía subir al tren a unas 60.000 mujeres. A pesar de que no hay unanimidad en torno al número final de mujeres que se sumaron a la aventura, lo cierto es que miles de personas despidieron el tren desde la estación de Tibilisi aquel verano de 1993. En él viajaban mujeres de diverso origen étnico, georgianas, mingrelianas, rusas, ucranianas, armenias, judías, kurdas o abjasas; de distintas edades y clase social; muchas de ellas animadas por la idea de saber algo de los suyos.
Paradas y secuestro momentáneo
“Nunca en mi vida había experimentado tal sentimiento de unidad”, afirmó entonces la actriz georgiana Guranda Gabunia, una de las organizadoras. En las paradas les entregaban dinero, comida, joyas o cartas, y más mujeres se unían al tren, pero el propio curso de los acontecimientos desvirtuó el destino del viaje. Los enfrentamientos en Abjasia se reanudaron de manera virulenta y Sujumi sufrió un duro bombardeo. Las pasajeras encontraron la ciudad de Ochamchira envuelta en llamas, mientras los tanques y la artillería militar seguían avanzando. El Tren de la Paz fue secuestrado durante 14 horas por los zviadistas. “Les dijimos que no éramos políticas, que simplemente éramos mujeres y que no suponíamos ninguna amenaza”, recuerda Gabunia. Finalmente, consiguieron regresar a Tbilisi.
La experiencia africana
Nueve años después, en agosto de 2002, otro Tren de la Paz emprendería viaje. En este caso atravesaría ocho países africanos, desde Kampala hasta Johanesburgo, con motivo de la Cumbre Mundial de Desarrollo Sostenible. Según las organizadoras, el Tren de la Paz pretendía llevar un mensaje a los líderes africanos, señores de la guerra, ejércitos, guerrillas y traficantes de armas: “Las mujeres de África queremos la paz y la estabilidad para nuestros hijos y las futuras generaciones”.
El tren salió de Kampala el 15 de agosto. En sus vagones viajaban tres mujeres de cada uno de los 53 países africanos: una representante del mundo rural, una representante de ONG y una representante de las jóvenes; además de equipo médico, periodistas, y personal de seguridad. Durante diez días atravesarían ocho países (Uganda, Kenia, Tanzania, Malawi, Zambia, Mozambique, Zimbabue, Botsuana y Sudáfrica), trasladando la Antorcha de la Paz y realizando paradas en distintas ciudades, donde celebraban ceremonias conmemorativas y se hablaba de paz, desarrollo sostenible, erradicación de la pobreza, desmilitarización o VIH/SIDA.
Una de las grandes lecciones del Tren, según la Asociación Nacional de Organizaciones de Mujeres de Uganda (NAWOU), fue la toma de conciencia del papel de las mujeres como constructoras de paz: “Como mujeres hemos decidido que necesitamos la paz antes del desarrollo, porque si tenemos un mundo en paz, entonces, el desarrollo terminará por llegar”, afirmaba Sadre Twinomugisha, de NAWOU.
