Excluida de una sociedad científica y machista, la inteligencia femenina ha estado, en diferentes épocas, reñida con determinados cánones sociales, culturales y religiosos. Pero esto no ha impedido que los nombres de estas mujeres pasaran a la historia para, en el presente, poder rendirlas un homenaje.

Muchos personajes femeninos han dejado, a través de los tiempos, un rastro de investigación y grandes descubrimientos científicos. De muchas se desconoce su nombre y su vida. Mujeres que vivieron por y para la ciencia y que, en muchos casos, nunca pudieron ver su nombre al lado del documento que avalaba su gran hazaña.

Conocidas y desconocidas

Algunas tuvieron que firmar con nombres masculinos, como Sophie Germanine, que utilizó el seudónimo de Señor Le Blanc en varias de sus correspondencias con los científicos: Lagrange, quien posteriormente se convirtió en su mentor, y Carl Friedrich Gauss, que al enterarse de la verdadera identidad del Señor Le Blanc le remitió una agradecida carta de colega a colega.

Afortunadamente, también existieron grandes personajes masculinos dispuestos a defender y apoyar nuevos hallazgos independientemente de la condición sexual de quienes los descubrieran. A Sophie Germaine le debemos entre otras cosas importantes contribuciones a la teoría de números.

La Historia ha sido dura con las mujeres científicas, acusadas de herejes y brujas. De ejercer un oficio que, se suponía, no las correspondía por su condición femenina. Un caso conocido es el de Hipatia de Alejandría.

Hay varias teorías sobre su muerte pero de lo que no hay duda es de fue asesinada por cristianos temerosos de una brillante y erudita mente femenina. Una gran matemática, astrónoma y filósofa que ayudó a preservar textos anteriores a su época y a hacer más comprensibles para los estudiantes muchas de las materias que ella misma impartía.

Mujeres como Lise Meitner (Austria, 1878-1968), que descubrió junto a Otto Hahn la fisión del átomo y que fue excluida del premio Nobel por su origen judío. Aún hoy se desconoce si Hahn negó su participación para evitarla problemas o simplemente por no compartir tan preciado título.

También muchas de estas investigaciones, iniciadas por mujeres, han sido continuadas por hombres que finalmente fueron premiados por la labor de una mujer. Este es el caso de James Watson y Francis Crick que recibieron un Nobel, porque concluyeron sus investigaciones basándose en una imagen obtenida por difracción de rayos X que Rosalind Franklin (EEUU, 1920-1958) había descubierto.

A la sombra de un hombre

Mujeres de diferentes épocas supeditadas al nombre de su progenitor, como la madrileña De Fátima (España s. X-XI), que trabajó en el Califato de Córdoba junto a Maslama al-Mayriti, su padre, en investigaciones sobre calendarios, cálculos de las posiciones del Sol, la Luna, los planetas, tablas de senos y tangentes, astronomía y astrología.

Casos como el de Mileva Maric (Yugoslavia, 1875-1948), la primera mujer inscrita en matemáticas y licenciada en física en el Instituto Politécnico Federal de Zurich. Pero a Mileva Maric no se la conoce por sus logros personales sino por haber sido la primera mujer de Albert Einstein.

No sólo preparaban sus exámenes juntos y le ayudaba en matemáticas, que eran el punto débil del físico. También se ha demostrado que debatían sobre la teoría de la relatividad, de hecho él llega a referirse a ésta como “nuestra teoría”.

Como anécdota, una carta donde Einstein escribe a su mujer: “Estoy solo con todo el mundo, salvo contigo. Qué feliz soy por haberte encontrado a ti, a alguien igual a mí en todos los aspectos, tan fuerte y autónoma como yo”. Posteriormente la abandonó. Pero esa es otra historia.

Sabias y estudiosas féminas como Ada Lovelace, hija del poeta inglés Lord Byron, considerada la primera programadora de la historia. Cuyo programa de cálculo sirvió en 1979 al Departamento de Defensa de los Estados Unidos para crear un lenguaje de programación al que llamaron, en su honor, “lenguaje de programación Ada”.

Más grandes mujeres

  • Agnodice (ateniense, 300 A.C.), primera mujer ginecóloga.
  • Hildegarda de Bingen (alemana, 1098–1179), religiosa que desarrolló entre otras, obras sobre las propiedades curativas de plantas.
  • Sofía Kovalevski (rusa, 1850 – 1891), doctorada en matemáticas con "suma cum laude" vivió comprometida con la causa de la educación de las mujeres.
  • Paulina Luisi (uruguaya, 1865-1949), la primera mujer uruguaya que se doctoró en medicina. Ejerció de ginecóloga.
  • Filomena Francisco (filipina, 1886-1949), farmacéutica, investigadora en química y biología, fue la primera mujer graduada en la Facultad de Manila.
Quizá todas estas maravillosas mujeres, marcadas con inmensas dificultades para desarrollar su trabajo y capacidad intelectual, se conformaron con permanecer a la sombra de un ilustre marido, o un padre o un mentor. O escondidas bajo seudónimos o al fondo de un laboratorio, simplemente se conformaron con desarrollar una pasión sin dar importancia al mérito o la fama que las correspondía. Esto sin duda las hace aún más grandes.