Las mujeres pasan por diferentes roles a lo largo de su vida, hay quién opta por vivir plenamente la de profesionista o la de ser madre, algunas conjuntan las dos, mientras otras jamás encuentran su lugar. Cada etapa es importante y marca a la mujer con experiencias únicas, la que se escoja vivir, hay que hacerlo por convicción, para así crecer como ser humano sin perder la esencia femenina.

Poseedoras de coraje, lealtad y valentía, una inmensa capacidad de dar afecto, una gran resistencia, ternura y delicadeza. Con esas cualidades matizan todo lo que hacen, ubicándolas en un nivel muy diferente al de los hombres.

La belleza de ser mujer a veces se ve menguada, ante el dominio de un padre o esposo que creen poder hacer de ella lo que deseen. Y es que el papel de la mujer ha estado durante muchos años bajo tutela masculina.

Los cambios se dan

Gracias a una sociedad cambiante, el papel femenino ha tomado tintes participativos hasta llegar al día de compartir oportunidades con los varones.

Algunas mujeres toman esa oportunidad y se labran un futuro propio, se vuelven profesionistas y se dan cuenta que es agradable esa libertad. Es aquí cuando tratan de decidir entre la vida de familia y la profesional.

El instinto materno

El que una mujer responda a la necesidad de tener un hijo, es más bien la respuesta a la presión social, familiar y cultural. Por años se ha relacionado a la maternidad con la feminidad, y en pleno siglo XXI, hay países que basan el valor de una mujer en su capacidad reproductora.

El entrenar a la mujer para ser madre se hace de manera disfrazada y comienza desde la infancia, ya que cuando se es pequeña, a la niña se le dan muñecas (para que juegue a ser madre) y vasijas de juguete (para que practique a ser ama de casa).

Los juguetes para niña responden a la formación cultural que se tiene, pero las cosas tienden a cambiar, los grandes emporios jugueteros siguen haciendo muñecas, pero parte de ellas las ofertan como mujeres profesionistas, esto en respuesta al cambio cultural que se viene dando.

De mujer a madre

Hay varias maneras para convertirse en madre, la más común es contraer matrimonio, contar con la ayuda del cónyuge y tras un momento de comunión carnal y espiritual, quedar embarazada para luego recibir al nuevo integrante de la familia.

Para las mujeres a las que la naturaleza les niega la oportunidad de tener un hijo propio, existe la posibilidad de adoptar, personas en esta situación tienen tanto o más mérito que las madres biológicas.

Hay chicas que incursionan en prácticas sexuales resultando embarazadas, entonces su vida cambia de curso; terminan casadas a fuerza, dando el niño en adopción, cargando con un aborto, y las más valientes se deciden por el papel de madres solteras o madres universitarias.

De mujer a profesionista

Cada vez más crece el número de mujeres que tienen la oportunidad de estudiar una carrera, invierten tanto tiempo y esfuerzo, que al empezar a trabajar, difícilmente lo quieren dejar. Algunas veces continúan trabajando después de casadas, ya sea por necesidad económica, o porque tienen tiempo libre.

Al desear tener hijos, muchas de ellas dejan el trabajo, pero a veces el puesto de madre no las llena y regresan al mundo laboral. Para otras la familia es primero y se sienten realizadas así.

En cualquier caso se deben tomar en cuenta los propios deseos, vivir la elección, sea trabajo o familia. Si se opta por tener hijos, disfrutarlos, los niños crecen pronto y se dará la oportunidad de regresar al mundo laboral, pudiendo conjuntar ambos mundos si se desea.

Si se opta por una vida de trabajo, que sea por convicción, no huyendo de malos recuerdos, ni por tener una mala imagen de lo que es el matrimonio.

Ante todo se deben satisfacer las propias necesidades, llegar a sentirse una mujer realizada en lo que se haga y disfrutar el momento. Al hacer esto se mejorará el entorno, pues estará lleno de la calidez femenina.

El estar en una situación forzada, puede cambiar el carácter y alterar la personalidad haciendo de esa persona, otra muy distinta y de pocas cualidades. En estos casos hay que buscar un cambio que haga la situación más llevadera y dejar que las cosas se acomoden solas.

Cualquier etapa enriquece y da lugar a crecer como seres humanos y poder proseguir con la vida. El sentirse plena con lo que se haga, se reflejará y dará pie a que otros busquen la realización propia.