La película convulsionó a una sociedad que, tras mayo del 68, no captó la profundidad de su temática que iba más allá de las simples escenas de sexo de dos amantes que nada saben uno del otro, pero que entablan una relación tan descarnada que los llevará a una muerte vital y espiritual. Bertolucci en 1972 dio la mejor expresión a la carnalidad más sincera del sexo y de la soledad en esta película.

El triángulo del sexo: Bertolucci, Brando, Schneider

El director italiano (si se quiere conocer el cine italiano es interesante ver el blog cartelera italiana.blogspot.com) dirigió esta película en un París de tonalidades grises con la impecable fotografía de Storaro, unos planos fijos que recordaban a Bergman, una interpretación magistral de Brando y que, en conjunto, daba un aura de desolación a lo que allí se narraba.

Bertolucci con "El último tango en París" transgredió lo tradicional, los convencionalismos y el mundo de lo políticamente correcto; a esto se añade que él no pudo llevar a cabo su idea inicial, que no era otra que la de llevar al cine la relación de dos hombres. Al final optó, tras poner impedimentos la productora, por narrar la relación de un hombre y una mujer. De la película dijo: "...me di cuenta de que estaba realizando una película sobre la soledad, es decir, lo contrario de lo que pretendía en un principio. Es el único film de todos cuantos he dirigido que tanto el guión, la improvisación de Brando y el resultado final, pudieron sobrepasar los límites de mi imaginación. Sin duda es mi mejor aportación al cine".

Brando, más allá del cine

Si en esta declaración Bertolucci habla de Marlon Brando sobre la creatividad que tenía a la hora de interpretar, habitual en él, justo es hacer mención a su figura más allá del chismorreo vulgar.

Considerado como uno de los grandes actores del cine empezó su andadura en las tablas de Broadway con apenas veinte años dando vida a Kowalski en la obra teatral de Tenesse Williams "Un tranvía llamado deseo". De ahí a interpretar papeles reconocidos mundialmente fue un paso sencillo para la genialidad de un Brando que destacaba tanto por su talento interpretativo como por su carácter difícil y complejo.

En "El último tango en París", Brando prefería la idea inicial de la relación entre dos hombres y, tras conocer a su compañera de reparto, tampoco hizo comentarios loables hacia Schneider a la que consideraba vacía y superficial en la vida real. Aparte de su error o no en esta valoración de la actriz, lo cierto es que en esta película nos da una de sus mejores interpretaciones.

De su papel en esta película dijo: "Jamás volveré a filmar una película parecida a ésta... Sufrí mucho rodándola, porque por primera vez en mi vida sentí como violaban lo más profundo de mi ser". Y fue más allá con aquella sinceridad que Brando poseía sin ambages: "El último tango en París es un film auténtico, vivo, solo hay en él dos o tres escenas difíciles. Lo escabroso lo dejo para aquellos que no entienden mucho... En el contexto de la vida cotidiana casi todo es triste, escabroso, odioso... pero cierto. Lo que ocurre es que las cosas más auténticas producen incomodidad. Siempre es difícil crear una obra de arte y pretender que todos la entiendan".

Schneider: la sumisión al sexo

La tercera integrante de este triángulo del sexo fue Schneider que el tres de febrero del 2011 moría víctima de un cáncer. En 1972 era una joven actriz de diecinueve años que intentó estar a la altura del personaje y de Brando sin que pudiera salir ilesa, ya que el personaje era demasiado brutal para su juventud. Este papel la encasilló de tal forma que ya nunca más se quiso desnudar en pantalla y anuló en cierta manera su carrera posterior.

En la película su sumisión inicial al carácter destructor de Brando, que llega a sodomizarla con mantequilla, da paso a un rechazo frontal a la situación tomando la actitud más irracional que ella considera necesaria: matar a su amante - verdugo.

Películas para ver un buen cine

El tiempo es sin lugar a dudas el mejor juez para dictar la sentencia de lo inmortal. Y esta película tiene la gran habilidad de conjugar lo más hiriente del ser humano con lo más poético. Mezclar la belleza con la muerte que es como decir sentir la vida sin anestesia y temor. Bertolucci, Brando, Schneider han dado al cine una de sus mejores películas para ver, sentir y reflexionar.