En hechos confusos, al parecer por sobrepasarse con una joven de 16 años de edad, muere en un vagón del Metro de Medellín el ciudadano Libardo de Jesús Vargas, quien contaba con 36 años de edad. Más allá del hecho trágico y de lo grotesco del asunto, el presente informe lo que busca es ahondar en torno al porqué de la reacción violenta por parte de los usuarios de este medio de transporte público, que se ha caracterizado por ser ejemplo de control y buen comportamiento social.

La crisis social rebasa la justicia

La muerte de Libardo de Jesús Vargas se suma a otros hechos de ajusticiamiento, donde no hay testigos, donde los implicados no dan la cara y donde la justicia y los ciudadanos se ven sorprendidos por la compleja realidad que se manifiesta.

El siguiente es el recuento de otros hechos: por ejemplo en Bogotá, ciudad capital, días atrás, cuando muere un joven grafitero de 16 años; un policía le disparó por la espalda, por una supuesta participación del menor en el atraco de un bus de trasporte público.

En una comunidad rural del centro del país, un ciudadano ecuatoriano fue asesinado por una turba que reaccionó violentamente, quemando la casa del extranjero que muere asfixiado. La turba fue liderada por un tío de la niña que supuestamente fue abusada por el ciudadano ecuatoriano.

La sociedad civil colombiana está constantemente acorralada por los actores del conflicto armado y la delincuencia que crece a la sombra del abuso de poder: la inseguridad, la impunidad, y la desigualdad, son factores que alimentan este tipo de comportamientos que son explicados por el teórico de la sociología Durkheim como desviaciones de la legalidad en estrecho contacto con la criminalidad.

Lastimosamente varios países latinoamericanos afrontan este tipo de reacciones sociales. Ante la falta de gobernabilidad, la justicia es tomada por grupos de individuos que asumen los papeles de jueces y verdugos.

Antecedentes de Libardo de Jesús Vargas

Este hombre de 36 años de edad, obrero, casado, sin antecedentes criminales, oriundo del municipio de Betulia, un pueblo del suroeste de Antioquia y que vivía desde el año 2008 en la ciudad de Medellín, en el barrio Manrique. Trabajaba en una fábrica de alimentos de la ciudad.

Por un incidente con una joven de 16 años, que no se ha esclarecido, pues en el vagón del Metro no tenían personal para la vigilancia o cámaras de vídeo, lo único que queda claro es que fue atacado brutalmente a golpes por otros pasajeros.

El médico Guillermo León López, quien atendió al paciente informó que la muerte se debió a un trauma craneoencefálico del cual no pudo recuperarse.

La responsabilidad social en este hecho trágico

La responsabilidad de los hechos por parte de este grupo de ciudadanos que se tomaron la justicia por su cuenta, se ha desviado al hecho particular de que haya ocurrido el ajusticiamiento en el Metro de la ciudad, más allá de la responsabilidad social, el foco moral lo está asumiendo la entidad pública.

La causa de esto se debe a que la familia del ajusticiado se ha concentrado más en culpar al Metro para obtener una reparación económica, que exigir el esclarecimiento y señalamiento de los responsables directos de la agresión.

Al parecer, el hecho de que Libardo de Jesús Vargas aparezca en esta historia como un abusador sexual importa poco a sus allegados, por lo tanto, esclarecer los hechos y determinar la causa verdadera de quién realmente agredió a quién ha pasado a un segundo plano. Mientras tanto, los responsables de la muerte de Libardo de Jesús Vargas andan libres y sin preocupaciones de ninguna índole moral o legal.